 |
Dr.
Alonso Roy |
ALONSO
ROY
Por: Samuel Lewis Galindo, Empresario y Político
Conocí a Alonso Roy a finales de la década
de 1940. Fueron más de 50 años de una amistad
estrecha y fraternal que ambos valorizábamos mucho.
No recuerdo cómo se inició ella, pero sí
sé que tuve siempre a Alonso a mi lado. En las buenas
y en las malas fue leal, como pocos, a la hermandad que nos
unía.
Alonso, con un físico de apariencia frágil,
era dueño de una voluntad férrea y de una inteligencia
poco común. Sus éxitos, que tuvo muchos, se
los debió exclusivamente a su permanente deseo de superación.
Su espíritu ávido siempre por aprender lo acompañó
durante toda su existencia. Nunca dejó de estudiar.
Primero en la escuela de Medicina, luego en su especialización
como otorrinolaringólogo y, por último hasta
el día de su muerte, en la investigación de
la historia y de las raíces que constituyeron nuestra
nacionalidad. Enriqueció con sus trabajos de investigación
a periódicos y revistas. Los mismos constituyeron hoy
valiosos elementos de consulta para quienes se preocupan por
conocer nuestro pasado.
Alonso Roy tenía una personalidad muy particular.
Meticuloso, perseverante, pausado en el hablar, gesticulaba
muy poco y era lento en el caminar; pero tenía una
mirada fuerte, muy penetrante que lo decía todo. Era
el mirar de un hombre sincero que no podía ocultarse
con fingimientos. De sonrisa contagiosa denotaba lo que siempre
fue, un gran optimista.
Alonso Roy nunca se pudo aburrir. Siempre tenía algo
que hacer. Además de su profesión de médico
consagrado, que ejerció por muchos años, fue
un escritor de fina pluma, diplomático y hasta político
(miembro fundador del Partido Solidaridad), aunque siempre
pensé que esto, más que por vocación,
lo hacía por amistad conmigo.
El amigo fallecido era un polifacético; le gustaba
el poker, los bolos, las carreras de caballo y disfrutaba
mucho de las tertulias en las fiestas , así como de
la buena música y siempre decía que "él
era una gran segunda voz". Parecía que tenía
tiempo para todo. Era, para los que lo conocíamos bien,
simplemente un hombre completo. Nunca descuidó una
cosa por la otra y menos la dedicación total a su familia,
en especial a su esposa "Chima". A sus amigos, entre
los cuales tuve la dicha de contarme, nos dio siempre, sin
dobleces, cariño y lealtad. Alonso vivió intensamente
como pocos y no creo que se llevó al morir el pesar
de haber dejado de hacer algo. Cuando pensamos en tu ira nos
llega, como consuelo, el pensamiento que hace poco leí
de Henry Beecher: "Deberíamos vivir y trabajar
de tal modo que lo que recibimos como semilla podamos entregarlo
a la próxima generación como flor, y los que
nos llegó ya florecido, como fruto". Eso hiciste
tú, mi querido amigo, y ése es el legado que
de tu vida de constante lucha nos dejas de ejemplo y guía.
|