| EL PROBLEMA
DE LOS ASIATICOS EN 1913
Desde su aparición en la escena de la vida socioeconómica
panameña, las personas de origen asiático siempre
se han enfrentado a múltiples problemas en Panamá.
A pesar de tratarse de una colonia laboriosa, seria y siempre
cooperadora en los asuntos comunitarios, los ciudadanos chinos
han confrontado en nuestro medio situaciones difíciles
y de muy diferentes tipos.
Recordemos que para los anos de 1850 durante la construcción
del Ferrocarril de Panamá, se importo un grupo numeroso
de estas personas que trabajaron por un tiempo en esas labores,
para luego, tal vez debido a la melancolía y la nostalgia
llegaron a estados depresivos profundos que terminaron en
un suicidio colectivo en la población de Matachín,
uno de los muchos pueblos que surgieron a lo largo de la vía
férrea y que curiosamente tenia ese nombre con anterioridad
a los hechos y no como
Durante los años del Canal bajo la dependencia norteamericana
se contrató a otro grupo de asiáticos, que no
fueron muy exitosos en las labores muy arduas y extenuantes
de las excavaciones y que tuvo como consecuencia que muchos
de ellos regresaran a su tierra natal y los que permanecieron
en Panamá, muy pronto se ingeniaron para establecerse
como comerciantes pequeños en víveres y como
propietarios de lavanderías.
Hacia agosto de 1913, el problema de los asiáticos,
nuevamente tuvo una reagudización en este país.
La Asamblea Nacional había aprobado la Ley 50, por
medio de la cual los chinos tenían que ser censados
y pagar la suma de 500 dólares para continuar residiendo
en este país o de lo contrario enfrentarse a una deportación
inmediata.
Esta posibilidad sembró el pánico en los comerciantes
panameños quienes solicitaron una reunión de
alto nivel con el Presidente Porras y el Ministro de Relaciones
Exteriores don Ernesto Lefevre, donde presentaron dos memoriales
para exponer los efectos perjudiciales que tendría
la adopción de la medida mencionada y que representaría
pérdidas cercanas al millón de dólares,
originada por los grandes créditos que se les había
concedido y el otro documento suscrito por cerca de 50 propietarios
de inmuebles que veían con franco temor la desocupación
de muchos de sus locales, con la consiguiente baja en sus
ingresos.
Los señores Ramón Arias y Carlos Villalaz fueron
los principales expositores de estos memoriales. Por parte
del gobierno, los señores Lefevre, Arjona y Filos,
citaron los diferentes acápites legales que servían
como sustentación para la acción propuesta y
que tenia el respaldo del Presidente y su gabinete.
En principio se llego a un arreglo provisional, en el sentido
que los chinos podrían pagar la mitad de la suma mencionada
y firmar un pagaré con garantía de una persona
solvente, comprometiéndose a pagar la otra mitad después
del cierre de las sesiones legislativas en septiembre de ese
mismo año. El ejecutivo por su parte, se comprometía
a que la asamblea redujera la suma original a la mitad, lo
cual equivaldría a un verdadero pago de 250 únicamente.
Se nombró un comité formado por los señores
Ramón Arias, Daniel de Castro y Alberto Obarrio, para
que continuara con las negociaciones.
Una larga lista de los más distinguidos comerciantes
de la localidad entre los que se encontraban Joshua Maduro,
I.H.Maduro, Isaac Sasso, Canavaggio, de Lemos, Cameron de
la Compañía Swift, José Maduro agente
de Lindo Piza y Compañía, José M. Salgueiro,
el mayor Eastwach agente de la Panamá Banking Company
y John Forsyth, representando a la International Banking Corporation,
animaron a este reunión con sus diferentes explicaciones
y puntos de vista al respecto.
Se estimaba que para esos años había alrededor
de 6000 chinos en el país, sin embargo los resultados
del censo fueron muy diferentes, con resultados distribuidos
así:
Panamá : 1353
Colon : 400
Zona del Canal : 270
Bocas del Toro : 200
Interior: 207
De este total solamente un 3% tenían sus papeles en
orden y de esta manera, y dentro de una Ley No. 6 de 1904,
tenían el derecho de permanecer en Panamá siempre
y cuando cumplieran con todos los requisitos de dicha ley.
La situación se fue poniendo muy tensa, al punto que
el gobierno panameño le retiro el reconocimiento al
cónsul de China, Mr. King porque se le acusaba de retener
en su poder un gran número de las cédulas de
sus compatriotas y tratar de entorpecer las funciones de las
autoridades panameñas.
Para sobreponerse a este delicado aspecto que iba tomando
caracteres impredecibles, el gobierno de Pekín, designo
como su representante en Panamá a Mr. Wickers, quien
de inmediato se puso en movimiento para llegar a una solución.
Durante esos agitados días, llego al puerto de Balboa
el vapor Acapulco, donde viajaban trece asiáticos a
quienes no se dejó desembarcar, a menos que cumplieran
con el pago de los 500 dólares que se mencionaban en
la ley.
La labor de Mr. Wickers era la de reemplazar al antiguo cónsul
en todos los negocios que se refirieran a las leyes de inmigración
y a través de sus esfuerzos conciliatorios, se llego
a una suspensión temporal de todos los efectos de dichas
leyes.
Los esfuerzos de las autoridades de Panamá eran muy
plausibles y su deseo inmediato era el de poner orden en la
casa en lo referente a los descendientes asiáticos
y por el impuesto que debían pagar, cerciorarse de
una forma efectiva del número total de ellos en el
Istmo y del mismo modo limitar la futura afluencia de los
chinos a este país.
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