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DISCRIMINACIÓN DE LAS ENFERMERAS
NACIONALES: INTERVENCIÓN DE ACCIÓN COMUNAL
Los pasos iniciales de nuestra nación en el
campo de la docencia en la enfermería, se dieron en 1904 con la
creación de una Escuela Práctica de Parteras en el viejo Hospital
Santo Tomás.
La tendencia y voluntad hacia un cambio de imagen
dirigida a una mayor profesionalidad y que se alejara definitivamente de los
términos "práctica" y "parteras", un punto muy a favor de las
enfermeras en todas partes del mundo, se llegó a cristalizar en 1906,
con la creación de una Escuela de Obstetricia, bien planificada y regida
completamente dentro de los parámetros académicos.
Como las Hermanas de la Caridad de San Vicente de
Paúl habían asumido el cuidado de los pacientes en nuestro
hospitales desde los trabajos canaleros de la época francesa,
desarrollaron cierto celo contra las enfermeras profesionales que arribaron a
Panamá en 1904 con el grupo de médicos encabezados por
Gorgas.
Posteriormente debido a ciertas desavenencias que
surgieron entre las monjitas y las autoridades del Santo Tomás, fueron
retiradas del nosocomio, apareciendo de inmediato una urgente necesidad para la
contratación de personal extranjero, norteamericanas y alemanas,
debidamente acreditadas.
Para tratar de obviar este patente déficit, el
gobierno nacional con don José Domingo de Obaldía a la cabeza,
expidió el decreto número 16 del 14 de diciembre de 1908, por
medio del cual" se creaba una escuela para formar un servicio de enfermeras con
personal de alumnas del país".
Louise Brackamayer, una alemana de vasta experiencia,
sólidos conocimientos y de férrea disciplina, que presentaba una
hoja de inigualables servicios en el Hospital Ancón de la Zona del Canal
y más tarde como directora del Sanatorio para Convalecientes en Taboga,
fue contratada para ser la primera directora del recién establecido
plantel.
Sirvió con extraordinaria calidad hasta 1918
cuando en forma voluntaria se retiró del servicio activo, pero ya
había implantado la semilla de su gran personalidad en el nuevo centro
docente.
La norteamericana Louise Kuratt
desempeñó el cargo hasta 1922 y luego Sara E. Adams hasta
1926.
Es justamente dentro de este último
período, cuando en 1923 la sociedad patriótica denominada
Acción Comunal, empieza a demandar investigaciones en el Hospital Santo
Tomás alegando discriminaciones manifiestas contra las enfermeras
panameñas.
El grupo nacionalista resentía cualquier tipo
de diferencias entre profesionales que desempeñaban una misma labor.
La indagación solicitada apenas representaba un
eslabón en una cadena, pues asimismo se hacía notar que pacientes
indigentes debían realizar trabajos fuertes y sucios para pagar en
alguna forma sus costos de hospitalización e igualmente para recibir una
alimentación de muy pobre calidad.
La principal discriminación entre enfermeras
del país y americanas, ambas con igual título, era muy cierta.
Las panameñas entraban ganando 15 balboas mensuales y después con
una mayor experiencia podían aspirar a sueldos entre 30 y 50. Las
norteamericanas, al inicio de su trabajo, recibían 80,90 y hasta 100. Se
citaba el ejemplo de una panameña con 14 años de servicio y que
devengaba únicamente 100 balboas por mes.
Para irse al fondo del asunto, Acción Comunal
nombró una comisión con el objeto de verificar la autenticidad de
estas afirmaciones y que rindió un informe después de dos meses
de trabajo.
Se debe recordar en estos momentos que mediante el
decreto 71 del 17 de octubre de 1905, firmado por el presidente Amador
Guerrero, el control de la sanidad en las ciudades de Panamá y
Colón, pasaba a manos de los norteamericanos.
El superintendente del Hospital Santo Tomás era
el mayor Edgar A. Bocock y un gran número de médicos
también eran norteamericanos, al igual que enfermeras y otros
técnicos..
El informe demostró que las extranjeras
tenían comedor especial, mejores habitaciones y alimentación, lo
mismo que lugares especiales para recibir a sus visitantes, además de
constatar las marcadas diferencias salariales.
Todas las jefaturas de las salas estaban en manos de
las foráneas, incluyendo al Salón de Operaciones.
Por el mismo trabajo en el quirófano, la
nacional recibía un emolumento mensual de 50 balboas, mientras que a la
extranjera se le asignaban 110 balboas.
Los esfuerzos de Acción Comunal, en 1923, para
traer al descubierto estos hechos, llevaba también una segunda
intención, pues estaba luchando por un proceso de nacionalización
de la medicina panameña, ya que la apertura de las nuevas y
bellísimas instalaciones del moderno Hospital Santo Tomás era
simplemente cuestión de muy poco tiempo.
La administración del Dr. Belisario Porras se
encontraba próxima a inaugurar este majestuoso centro hospitalario
frente al mar Pacífico, (15 de septiembre de 1924) en los terrenos de la
nueva barriada conocida como La Exposición.
El tremendo esfuerzo económico que había
realizado el gobierno nacional para terminar las edificaciones y equipar al
nuevo nosocomio dentro de los más exigentes criterios de la medicina
moderna, se enfrentaba a críticas mordaces de los partidos de
oposición.
Acción Comunal había visualizado el
problema de una manera muy clara y diáfana. Resultaba inadmisible que
extranjeros vinieran a dirigir y tener las mejores posiciones dentro del
escalafón hospitalario.
Esta campaña que tuvo su origen en la
discriminación de las enfermeras llegó a su verdadera
cúspide cuando se inauguró el Hospital Santo Tomás el 15
de septiembre de 1924 y una semana después, el presidente de la
república Dr. Belisario Porras y el secretario de Fomento y Obras
Públicas, Juan A. Jiménez, expedían el decreto
nacionalizando el personal de los hospitales en Panamá y cuyo
artículo sexto especificaba que "los empleados de los hospitales de la
República, cualquiera que sea su categoría o condición,
deben ser panameños, excepción hecha de los técnicos
profesionales que no puedan conseguirse en el país cuyos servicios
puedan ser contratados por el Poder Ejecutivo".
El mayor Bocock, superintendente desde los tiempos del
viejo centro, fue a su tiempo reemplazado por el Dr. Alfonso Preciado y las
enfermeras fueron ocupando el sitio que realmente les correspondía,
dentro del engranaje de la prestación de salud en todo el territorio
nacional, sin discriminaciones de ninguna clase y devengando salarios de
acuerdo al trabajo profesional que se rinde.
Acción Comunal ya lo había previsto y de
igual manera pudo saborear a muy corto plazo el fruto de la victoria en una
campaña nacionalista de relevante mérito.
Es muy conveniente que las presentes generaciones de
profesionales de la enfermería, conozcan o refresquen la memoria, de
aquellos hechos importantes en el desarrollo de sus conquistas y que fueron
cimentando, paso a paso, el nivel laboral que actualmente poseen.
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