| LA MEDICINA PANAMEÑA
EN EL SIGLO XIX
El carácter transitista que ha tenido Panamá,
a través de toda su historia, ha sido un factor muy
importante para el desarrollo de las condiciones que demuestran
sus influencias sobre el individuo.
Una gran morbilidad endémica, marchando en paridad
con una corta expectativa de vida ( 35 años ) son las
salientes de importancia para el siglo XIX, en lo relativo
al concepto salud.
Los frecuentes movimientos de personas por el Istmo, desde
las Ferias de Nombre de Dios y luego de Portobelo, determinan
una alta mortalidad en la población.
Igualmente, el arribo de 600 escoceses en 1678, por ejemplo,
para formar una colonia, bajo el mando de Patterson, resulta
en la muerte de más de 400 colonos.
Luego se presenta otro ejemplo de la influencia del clima,
con la llegada en 1784 de soldados españoles a las
costas de San Blas, de los cuales, también fallece
un alto número de ellos.
A inicios del siglo XIX, se desata una gran epidemia de viruela,
que termina con un 80% de la población indígena,
por lo cual años más tarde en 1850, surge como
corolario, su éxodo hacia las montañas.
Estas irrupciones de viajeros, carentes de Dios y Ley, sufren”
una enorme y repentina multiplicación, con los hallazgos
auríferos en California en 1848”.
En la época que gira alrededor de la construcción
del Ferrocarril de Panamá (1850-1855), Robert Tomes,
estimó las tasas de mortalidad entre las diferentes
razas de los trabajadores, así:
Población nativa 20 x mil.
Población negra : 25 x mil.
Población europea : 33 x mil.
Población china : 90 x mil.
Al comparar las dos épocas de la construcción
del Canal de Panamá ( francesa y norteamericana), se
observa una abismal diferencia en las mortalidades ,que es
consecuencia del descubrimiento de los vectores de la malaria
y la fiebre amarilla (Anófeles y Aedes Egypti) en 1901,
resultado de los trabajos científicos de Reed, Finlay,
Carroll, Agramontes, del mártir Lazear y muchos otros
héroes.
Las condiciones sanitarias de las ciudades de Panamá
y Colón, eran simplemente deplorables, especialmente
de la segunda, con calles en muy mal estado, colmadas de escombros,
deshechos y de basuras en todos los grados de putrefacción.
Las excretas humanas eran arrojadas directamente desde los
balcones de las casas. a las ya de por si, hediondas y lodosas
calles de Colón, conocida como la ciudad más
sucia del mundo, siendo este caos higiénico una invitación
abierta y permanente, para la propagación de todas
las infecciones.
Enormes cantidades de moscas, mosquitos y ratas, merodeaban
con entera libertad por las desaseadas y nauseabundas avenidas,
con la total ausencia de una autoridad que pudiera controlar
este desenfreno.
Como si no hubiera suficiente con los adversarios ya mencionados,
en 1852 apareció una epidemia de cólera, después
del arribo de un barco procedente de New Orleans.
Los esfuerzos realizados por el médico panameño
Dr. José Domingo Espinar (además General del
Ejército), determinaron la instauración de muy
exitosas medidas de control sanitario.
Los años de la fiebre del oro en California, (1848-1858
) con el enorme número de viajeros, desordenados, sucios,
borrachos y pendencieros, que empleaban a Colón y Panamá,
como puntos de tránsito, indujeron un grave disturbio
ecológico y de salubridad, como resultado de la anarquía
que se generaba, por el desembarco de estas bandas de individuos,
cuyo primordial interés era llegar a la tierra dorada,
de cualquier manera, pero siempre que fuese la más
rápida posible.
Alto consumo de alcohol, innumerables riñas y muertes
violentas, contagio de nuevas enfermedades y decesos incitados
por las ya establecidas endemias del Istmo en esa época
(malaria, fiebre amarilla, disentería, pulmonía,
viruela y tuberculosis), daban como resultado la alta morbilidad
y mortalidad de esos años.
Los múltiples viajeros que arribaban carecían
de defensas inmunológicas para batallar contra los
padecimientos del Trópico y con mucha frecuencia fallecían
al ser expuestos a ellas.
En enero de 1863 se presentó la fiebre amarilla como
formidable epidemia, que hizo estragos en la población.
Igualmente, en marzo de 1869, vino la viruela que ocasionó
innumerables víctimas, determinando el programa de
vacunación masiva y obligatoria, que fue implantado.
El general Buenaventura Correoso, como Presidente del Estado
de Panamá, toma medidas de gran importancia, para mejorar
el estado de la salubridad en el Istmo, anunciando:
1. limpieza del muladar de la ciénega y los muelles.
2. evitar la acumulación de material sucio en los
patios.
3. enterrar con rapidez a los fallecidos de viruela.
4. vacuna obligatoria contra viruela para todos los niños.
5. enterrar a buena profundidad a los animales muertos.
6. aislamiento de enfermos con viruela.
7. empréstito para la construcción de un acueducto
moderno.
8. alumbrado por gas para calles y vías.
9. mejoramiento de los métodos para la recolección
de la basura.
10. nuevo cementerio.
11. arreglo del Paseo de las Bóvedas y Plaza de Santa
Ana.
HOSPITALES
Desde el año de 1513, Vasco Núñez de
Balboa le solicita al rey de España, que “ no
enviara a Castilla del Oro a Bachilleres en Leyes, sino en
Medicina”, demostrando de esta manera, la urgente necesidad
de estos profesionales en las colonias.
Consecuente con esta petición, fue trasladado a Panamá
el Licenciado Barretta, que así llegó a convertirse
en el primer médico en el Istmo y a Hernando de la
Vega como cirujano..
En 1515 se construyó un centro hospitalario en Santa
María la Antigua, llamado el Hospital Santiago, que
resultó el primero de su clase,
Los habitantes de la ciudad de Panamá, mediante una
colecta popular fundaron un centro hospitalario que se llamó
San Sebastián, fundado en 1521, con un área
de 4500 metros cuadrados, incluyendo una iglesia y varias
otras dependencias. Por dificultades económicas se
tuvo que llamar a los frailes de San Juan de Dios para su
administración y se cambió el nombre similar
al de la congregación mencionada.
El nombre de Hospital San Juan de Dios fue muy popular por
esos tiempos, existiendo en Panamá (1521, ya citado
), Portobelo ( 1598 ) y Natá ( 1670 ).
El Hospital de San Felipe Neri fue inaugurado en 1694 y dedicado,
exclusivamente. para el cuidado de sacerdotes enfermos, pero
que se clausuró tres años más tarde,
por falta de fondos.
En 1703 se fundó el primer Santo Tomás de Villanueva
que fue abierto por el Obispo de Panamá, Fray Juan
Arguelles, destinado únicamente para mujeres, ya que
los hombres continuaron siendo atendidos en el San Juan de
Dios.
Hacia 1842 el Hospital Santo Tomás fue construido
en unos terrenos de la actual Plaza Amador,con la ayuda pecuniaria
de los señores Ventura Martínez, José
María Vera y el liderazgo del Obispo José Higinio
Durán, cerca del sitio ocupado por el actual Cuerpo
de Bomberos.
A mediados del siglo XIX en Panamá, no existía
agua potable, alumbrado público, desagues y las calles
eran abierto receptáculo de toda clase de inmundicias.
Funcionaba un pequeño Hospital costeado por fondos
de extranjeros y de allí su nombre de Hospital de Extranjeros.
HOSPITALES DEL CANAL FRANCES
El más espectacular avance en el cuidado hospitalario
en el Istmo de Panamá, tuvo lugar con el arribo de
los franceses, en enero de 1881, para iniciar los trabajos
del Canal.
El Conde de Lesseps se rodeó de un equipo médico,
altamente calificado, que incluía al Doctor Louis Companyo,
como Jefe y quien había ejercido similares funciones
durante la construcción del Canal de Suez. Se contaba
además con otras destacadas figuras del mundo médico,
como Edward Carcenac, miembro del Royal College of Physicians
de Londres y Frederick Pidoux, del Colegio Médico de
París.
El Cuerpo de Enfermeras provenía de las Hermanas de
la Caridad de San Vicente de Paul, muy abnegadas en su trabajo,
aunque con limitaciones religiosas, en cuanto al desempeño
total de sus funciones, sobre todo para pacientes del sexo
masculino (baños, limpieza de areas genitales, cobertura
de heridas, etc.).
La falta de un entrenamiento profesional, la suplían
las Hermanas, con el cariño que usaban en su trato
de los pacientes y la dedicación y amor que le imprimían
a sus actuaciones.
Esta organización hospitalaria se inicio con la construcción
del gran Hospital Central de Panamá, conocido también
como el Hospital del Cerro, L’Hopital Notre Dame du
Canal, situado en una colina cercana al Ancón y con
espléndida vista a la Bahía de Panamá.
Inaugurado el 12 de septiembre de 1882 por el Arzobispo de
Panamá, Monseñor Telésforo Paul y a un
costo de 500 millones de francos, fue equipado con el mejor
instrumental médico-quirúrgico de la época.
Eran 70 edificios construidos en forma separada, bajo grandes
árboles de Eucalipto, con el objeto de obtener la debida
ventilación e higiene y con una capacidad para 500
pacientes.
Primer centro en utilizar la separación de pacientes
de acuerdo al por tipo de enfermedades que presentaban.
Había enormes jardines con plantas y arbustos rodeados
por canjilones con agua para impedir el ascenso de las arrieras,
pero que en realidad se convirtieron en los mayores criaderos
de los mosquitos, Anófeles y Aedes Egypti, hasta esos
momentos, los desconocidos vectores de la malaria y fiebre
amarilla.
Una situación idéntica aparecía en las
salas de hospitalización, donde las patas de las camas
se metían en cubos con agua, buscando una similar protección
, pero con el resultado ya expresado.
Equivalía a una invitación abierta para convivir
con los enemigos.
Como mencionaba Gorgas, los franceses con este sistema se
convertían, sin saberlo, en los mayores propagadores
de las fiebres amarilla y malaria.
Un médico canadiense, el Doctor Wolfred Nelson , quien
practicó la medicina privada en Panamá, (1850-1855
) y acérrimo enemigo del Conde de Lesseps ( a quien
denominaba El Gran Enterrador), reconoció posteriormente
en su libro “Cinco años en Panamá”,
que “ los servicios médicos ofrecidos por los
franceses eran sin duda, el más perfecto sistema hospitalario
que se ha construido en el trópico”.
Posteriormente, el Coronel George W. Gorgas, Jefe de Sanidad
durante la época norteamericana, ( 1904-1914), también
aceptó la gran calidad de los servicios que ofrecieron
los franceses, al expresarse que “ los hospitales del
Canal, son sin lugar a dudas, los mejores construidos en el
trópico, mejores instituciones que cualquiera de los
Estados Unidos, en el mismo período y dirigidos por
una firma o corporación.”.
Los franceses, igualmente, construyeron otro Hospital, algo
más pequeño, en el lado atlántico y que
lo llamaron Hospital Colón, de 40 edificios, levantados
sobre pilares en la playa , con una admirable ventilación
cruzada. y a un costo de $ 500.000 para 250 camas, que tuvo
un magnífico desempeño como centro de apoyo.
Para completar esta red hospitalaria, edificaron en la isla
de Taboga, bello lugar a 45 minutos de la ciudad de Panamá,
un Centro para Convalecientes en el Cerro La Cruz, con capacidad
para 50 pacientes y que fue desde su inicio, un gran acierto
en la Medicina Recuperativa. En variadas ocasiones, tuvo más
de un 95% de ocupación . (El paciente más famoso
fue el pintor Paul Gauguin, quien durante su fase como obrero
de pico y pala, ( 5:30 a.m. a 6:00 p.m.) en el Corte de Culebra,
contrajo una malaria y su recuperación la llevó
a cabo en dicho centro.
El último eslabón de esta cadena hospitalaria,
lo constituyó la serie de centros de primeros auxilios,
que edificaron a lo largo de las 19 estaciones del ferrocarril
( Chagres, Gatún, Pedro Miguel, Culebra, Emperador,
Las Cascadas, Bas Obispo, Tiger Hill, Lion Hill, Matachín,
Ahorca Lagarto, Paraíso, Miraflores, Bohio Soldado,
Barbacoas, Frijoles, La Boca, Frijoles, Tabernilla) que desempeñaron
un gran papel en la rápida atención de casos
de urgencias.
Desde febrero de 1904, cuando los norteamericanos tomaron
completo control de los trabajos del Canal, iniciaron una
verdadera revolución sanitaria en el Istmo de Panamá,
particularmente en las ciudades terminales del Canal ( Panamá
y Colón ), sin embargo, adoptaron el esquema básico
de atención médica elaborado por los franceses,
inyectando además, enormes cantidades de dinero, una
mejor organización y el beneficio directo del descubrimiento
de los mosquitos Anófeles y Aedes Egypti como vectores
de las fiebres, llevado a cabo en La Habana por Reed. Finlay,
Agramontes, el mártir Lazear. Carroll y otros.
Grandes esfuerzos tuvieron que ser empleados para que esta
teoría de los mosquitos fuese aceptada, en lugar de
la prevalente, hasta entonces, del mal aire que provenía
de las miasmas.
De esta forma, los norteamericanos se dedicaron de inmediato,
a combatir contra enemigos reales y conocidos, no contra fantasmas,
como tuvieron que llevarlo a cabo, los franceses.
Se puede conjeturar históricamente, si el Conde de
Lesseps con todos estos descubrimientos en su poder, no hubiera
repetido su gran éxito de la construcción del
Canal de Suez? en lugar de terminar su vida como una persona
escarnecida y condenada por los tribunales.
Y salta de inmediato la otra pregunta, nos habrían
devuelto el Canal?.
MEDICOS PANAMEÑOS DEL SIGLO XIX
La gran mayoría de los médicos que ejercieron
la profesión en el Panamá decimonono, rovenían
de Europa, Sur América y algunos de Centro y Norteamérica.
La mayoría de ellos ejercían su labor en forma
privada y donaban gran parte de su tiempo para dedicarlo a
los Hospitales de Caridad.
Entre los médicos panameños que practicaron
durante el siglo XIX en Panamá, se destacaron los Doctores
Isidro Arroyo, José Domingo Espinar, Carlos Icaza Arosemena,
Sebastián José López Ruiz, José
Pablo Martínez, quien también trabajo en México,
donde se le mencionaba como “ gloria de Panamá
y México, Manuel Amador Guerrero primer presidente
de Panamá, Julio Icaza, Santos J. Aguilera, Ciro Urriola
( ex presidente de Panamá) y Augusto S. Boyd, gran
cirujano del Hospital Santo Tomás, diplomático
y político ( ex presidente de Panamá ).
En David, Chiriquí, los doctores Alejando Pérez
Rivas, Gustavo Ros, Manuel González Revilla y Roberto
Risco y en Bocas del Toro, Ernest Price.
El método francés de la Compagnie Universelle
y posteriormente de la Compagnie Nouvelle, se inclinó
más bien, hacia una forma socializada de atención
médico-quirúrgica a los trabajadores, que luego
fue copiado y mejorado ampliamente por los norteamericanos,
bajo la dirección de William C. Gorgas, como jefe de
Sanidad.
Las estadísticas médicas, morbilidad y mortalidad,
estaban llenas de errores y con muchas fallas en su registro,
algo que se esperaba, pues las compañías contratistas
de trabajos en el Canal, que debían pagar 5 francos
diarios por la hospitalización de sus obreros, usualmente
los despedían a los primeros síntomas de una
enfermedad o los hospitalizaban tardíamente y así
ahorraban en los costos.
Esta fue una práctica muy frecuentemente empleada
por las numerosas compañías contratistas y subcontratistas,
que participaban en la construcción del canal.
Los años de 1848 a 1852 y resultado del frenético
y compulsivo correr de los viajeros hacia California, atraídos
por el espejismo de una riqueza instantánea, provocó
una invasión de futuros mineros a Colón, en
enorme avalancha humana, integrada por personas que no tenían
“ Dios ni Ley “, y que tampoco observaban las
mínimas condiciones de higiene.
Tenían estos viajeros la única idea de cruzar
el Istmo, que debían hacerlo por infernales caminos,
llenos de infinitos peligros, donde exponían la vida
a cada momento.
El Ferrocarril de Panamá, construido de 1850 a 1855,
representó un gran paso para hacer este tránsito
muy placentero y seguro.
El General Buenaventura Correoso, Presidente del Estado de
Panamá, hizo una proclama en abril de 1869, que tomamos
en forma directa de un artículo de Conte Porras :
“ 1. Debemos todos contribuir a limpiar el muladar
de la ciénaga y los muladares de la muralla, en donde
la gente acostumbraba a depositar sus detritus y basura
de toda índole. Los patios de arrabal deben ser limpiados
todos los días y evitar que se acumule en ello todo
material que pueda ser objeto de descomposición.
2. Enterrar a los muertos de viruela o de cualquier otra
epidemia, sin que se hagan los velorios, pues ellos son
causas de aglomeración de gente.
3. Hacer vacunar a todos los niños que aun no han
sido atacados de viruela. En el último vapor francés
llegado al puerto de Colón, llegó suficiente
cargamento de vacunas, como para que cada niño sea
vacunado, lo cual se hará en forma compulsiva con
el apoyo del ejército nacional.
4. Los animales muertos deben ser enterrados a profundidad
para evitar la presencia de moscas y ratas.
5. Las personas contagiadas de viruela deben mantenerse
aisladas del resto de la población”.
Correoso, igualmente, se preocupaba por el estado de salud
de la ciudad y sugirió contratar un empréstito
para la instalación de un acueducto moderno y de un
alumbrado por gas en las calles de la ciudad.
Un censo del Hospital de Extranjeros de febrero 1878, detalla
las enfermedades ocurridas
con mayor frecuencia en ese centro y entre las cuales se destacaron
el alcoholismo, las diarreas, tuberculosis, tétano
infantil, malaria, fiebres malignas, disentería, mordedura
de víboras y diversos tipos de envenenamientos.
Existió también un Hospital Militar en el Paseo
de las Bóvedas, que citó 17 muertes ocurridas
en 1878, por tifoidea, tuberculosis, alcoholismo y disentería.
Los franceses, en forma general, no fueron muy exitosos en
la medicina preventiva, en parte por desconocer el papel de
los mosquitos, pero si resultaron mejores en la medicina curativa
y la recuperativa
El desaseo prevalente en Panamá era motivo de muy
frecuentes quejas de la ciudadanía, citando ejemplos
como “la asquerosa costumbre de tirar desperdicios y
aguas sucias a la calle por balcones, sin preocuparse por
los transeúntes.
No llevaron a cabo masivas campañas de limpieza y
saneamiento de las ciudades, como lo hicieron los norteamericanos.
Además, carecieron del total respeto y apoyo de la
población, para el estricto cumplimiento de las órdenes
que emanaban de la Oficina Sanitaria, porque, indudablemente,
era más fácil desobedecer a un servicio local
de Policía Colombiano, que a un Ejército de
los Estados Unidos.
Es bueno recordar, en estos momentos, que al implantarse
la fumigación y limpieza de todas las casas calles
de Panamá y Colón, hubo débiles y fugaces
protestas, basadas en la violación del principio de
la privacidad, pero que rápidamente se esfumaron.
La medicina panameña durante la mayor parte del siglo
XIX no fue una ciencia muy esclarecida ni destacada internacionalmente,
sin embargo, si estuvo llena de ejemplos dignificantes en
la práctica diaria de la profesión.
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