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LA PESIMA CALIGRAFIA
DE LOS MEDICOS
Los médicos hemos cargado, a través de los
tiempos, con el estigma de poseer una pésima letra
y hasta de sentir una especie de orgullo y satisfacción
por esta cualidad.
Sin embargo, aunque algunas personas no lo puedan entender,
nunca ha existido en las escuelas de medicina del mundo, una
asignatura especial donde se enseñe a garabatear ni
a fabricar trazos en forma ininteligible. De ser ello así,
todos los futuros discípulos de Galeno e Hipócrates
recibirían una calificación de sobresaliente
y por supuesto, sin realizar muchos esfuerzos personales por
obtenerla.
Conviene aclarar que tampoco hay cursos para el aprendizaje
de caligrafías de estilo ni otros que conduzcan específicamente
a un deterioro de la escritura.
Un posible factor contribuyente para llegar a estos resultados,
sería el tomar notas y apuntes muy frecuentes, pero
sobre todo rápidos, durante las conferencias que dictan
los profesores, con el objeto de tener referencias exactas.
Después de un mínimo de cinco años de
transitar por estos caminos, es lógico que se vaya
degenerando, paulatinamente, un bello esfuerzo caligráfico
inicial hasta convertirse en líneas de difícil
entendimiento y en ocasiones hasta de auto comprensión.
El arte de prescribir recetas basadas en formas magistrales,
nunca se concibió como un mecanismo de tortura china
para los farmacéuticos, ni tampoco para ocultar fórmulas
secretas y maravillosas que actuarían como atractivos
especiales sobre los pacientes. No obstante, dichas recetas
si fueron en tiempos pasados, exponentes clásicos de
cosas enmarañadas y enredadas.
En las historias clínicas y notas de progreso en las
cuadrículas o expedientes de los pacientes hospitalizados,
aparece otro ejemplo de escrituras sin ninguna claridad, con
el grave peligro de producir entendimientos erróneos
al personal de enfermería y técnicos de laboratorio.
También contribuye este arte de escribir mal a confusiones
en la interpretación de órdenes, tardanzas y
dudas en sus cumplimientos.
En algunas ciudades de Estados Unidos se enseña en
forma obligatoria el estilo itálico, algo que un adulto
puede aprender en unas 10 a 20 semanas de entrenamiento. Es
un proceso que debe ser practicado en firme hasta dominarlo,
para resultar en una escritura clara, pero sobre todo, muy
distinguida.
El estilo itálico, como se puede asumir por su nombre,
se originó en ese país durante el siglo XV y
ha tenido desde entonces una gran aceptación mundial.
Cursos de esta naturaleza se dictan en forma rutinaria en
más de 100 escuelas primarias y secundarias, con un
notable aumento cada año.
Existe la idea de que nadie puede mejorar en forma espontánea
su forma de escribir una vez que ingrese a los claustros universitarios,
excepto si la persona se empeña en seguir un curso
especial de caligrafía aunado a una tremenda voluntad
de cambio.
Por el contrario, si es relativamente fácil ir empeorando
esta escritura si hay un ingreso a las escuelas de medicina
y sobre este tema parece que hay un total acuerdo.
La pobre forma de la escritura médica solo lleva a
un adverso efecto en la calidad de la atención por
pérdidas de tiempo al tratar de descifrar jeroglíficos
que plantean en forma abierta, la posibilidad de acciones
legales por dolorosas omisiones o confusiones.
Por lo general, la falta de tiempo es el peor enemigo de
los médicos,dando por resultado esa rapidez en la escritura,
lo mismo que el uso de abreviaturas, que plasmadas en una
letra pobre y deficiente, solo añade un ingrediente
más para terminar en una posible anarquía y
desorden.
El farmaceútico de antaño que sufrió
innumerables sinsabores al tratar de interpretar recetas complicadas,
que los llevaban a estudiar y repasar con frecuencia la lista
de las incompatibilidades químicas y que recurría
al uso del mortero y pistilo en la confección de las
fórmulas, ha dado paso a la modernización con
los medicamentos totalmente fabricados, tanto genéricos
como de patente.
Esta nueva tendencia va revestida de una mayor seguridad,
tanto para el médico como el paciente, ya que solamente
existe una pequeña posibilidad de error en la entrega
del producto, donde la caligrafía confusa vendría
a representar una de sus causas.
Las recetas de los facultativos se despacharán directamente
de los anaqueles y no sujetas a la preparación clásica,
lo que elimina totalmente el principio de misterio en la elaboración
de las mismas y descartamos igualmente la necesidad de escribir
de manera complicada, pues no hay nada que ocultar en estos
tiempos.
Aquel conocido aforismo de " tiene letra de médico
" empleado como un sinónimo para clasificar una
escritura fea y confusa debe desaparecer si todos en forma
conjunta y voluntariosa, nos empeñamos en cambiar el
estilo estenográfico por algo elegante y claro,que
vaya a significar una verdadera seguridad en la interpretación
por cualquier profesional.
Médicos del mundo, uníos para sacudirnos de
este lastre que traemos desde tiempos pretéritos, para
que poco a poco se vaya diluyendo en la distancia y pierda
su validez. Para que se de término a los chistes y
chascarrillos que se elaboran alrededor de esta escritura.
Un dedicado esfuerzo a presentar notas hospitalarias y recetas
que contengan un material totalmente comprensible y de fácil
interpretación, solo llevará a la salvaguardia
de un cumplimiento eficaz y seguro, que debe ser la meta final
hacia donde dirigirnos para que se motive un cambio en la
pésima caligrafía reinante.
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