| EL DR .ALBERTO NAVARRO
A., UNA MENTE AGIL EN MOVIMIENTO
El Dr. Alberto Navarro vino a convertirse el 11 de junio
de 1929, en el médico más joven ( 21 años
), que se graduaba, con honores, de la prestigiosa Universidad
de Virginia, Estados Unidos.
Después de regresar a su país natal, Panamá,
cumple un año de internado en el Hospital Gorgas y
otro en el Hospital Santo Tomás, donde prosiguió
su carrera de cirujano, hasta ascender a Jefe de Clínica
Quirúrgica de 1932 a 1936.
Por esos tiempos no había en el cuerpo médico,
un sentido de docencia en la mayoría de los médicos
del Santo Tomás, tendencia que cambió con la
figura del Dr. Navarro.
Poseía una técnica operatoria depurada y una
pasmosa facilidad para describir los pasos que estaba efectuando
en sus intervenciones.
A decir de sus colegas, de los internos y residentes, consistía
un honor y un placer, que lo asignaran como asistente en cualquier
operación del Dr. Navarro.
Se contaba, entre bastidores, una anécdota sobre una
simpatectomía lumbar que estaba haciendo Navarro, por
primera vez en el Hospital, cuando un renombrado Jefe de Cirugía
de ese entonces, entró al quirófano y situándose
detrás, del cirujano, le preguntó que operación
era esa y le contestó que se trataba de un acto quirúrgico
nuevo y pasó a explicar los pasos que hacía,
cuando se percató que su interrogador había
vuelto la espalda y se alejaba, dejándolo con la palabra
en la boca.
Otro profesional de la Medicina, hubiera perdido la calma
y tal vez expresar desplantes ante lo sucedido, pero Navarro
era de otra clase y con ese humor y sagacidad que lo caracterizaba
y rápido como el rayo, solo repostó “
Vea pues, ahora que estaba empezando a aprender, se marcha”.
Detrás de las mascarillas operatorias hubo muchas
sonrisas y algunas carcajadas, por el agudo comentario.
Ese era el hombre de la rápida respuesta, que siempre
llevaba una increíble agudeza e inteligencia.
Entra al ruedo político, de la mano de su colega,
amigo íntimo y además socio en una Clínica
conjunta que tenía con el Dr. Arnulfo Arias M, y resulta
electo Diputado a la Asamblea Nacional para el período
1936-1940.
En la augusta cámara y para fortuna de la clase médica
panameña, se une a su amigo y colega, el Dr. Sergio
González Ruiz, al proponer un revolucionario proyecto
de ley, por medio del cual “se reorganiza la profesión
médica en los hospitales nacionales, se toman ciertas
medidas y se deroga la Ley 78 de 1928”.
Navarro defendía a capa y espada el proyecto, con
argumentos muy sólidos y con una gran vehemencia, que
era producto de su inquebrantable fe en la formación
científica de los médicos panameños,
a quienes se les debía proteger.
La ley 78, en vigencia en ese entonces, creaba situaciones
de prerrogativas especiales, para cinco médicos extranjeros
que prestaban servicios en el Hospital Santo Tomás,
que las perderían de ser aprobado este proyecto.
Igualmente, Navarro era un firme creyente en el médico
institucional o sea a tiempo exclusivo para la institución,
lo cual, significaría una absoluta dedicación
a sus labores, sin preocuparse por trabajar, en las tardes,
en clínica privada y completar, de esta forma, una
remuneración justa y equitativa.
El proyecto aludido, tenía, sin lugar a dudas, un
sello modificador y revolucionario, pues iba a terminar con
prácticas de privilegios, dentro del Hospital Santo
Tomás.
Después de discusiones en el seno parlamentario, fue
rechazado por votación de 16 a 12 y así finalizó
la intentona por reorganizar la medicina en Panamá,
en esa época.
Desde 1941 hasta 1944, es el Jefe de Cirugía del Hospital
Amador Guerrero en Colón donde dejó huellas
de gran profesionalidad, docencia médica y gran cariño
por la profesión.
En 1945 es nombrado Director del Departamento de Salud Pública,
en cuyo rol le toca ser miembro de la Comisión Redactora
del Código Sanitario de Panamá, que estuvo dirigida
por el experto chileno Atilio Machiavello
De regreso a las lides políticas, es electo Alcalde
de Panamá, para el período 1948-1952 donde dejó
indelebles huellas de acción y probidad en el manejo
de los fondos públicos.
Vino a convertirse, de esta forma, en el primer Alcalde seleccionado
por medio del voto popular en la historia de la comuna capitalina
y de la República de Panamá.
Después de terminar el período para el cual
fue escogido, el Dr. Navarro falleció en esta ciudad,
el 31 de octubre de 1952.
En su vida privada, contrajo matrimonio con la señorita
Aminta Emilia Brin el 28 de septiembre de 1935, de cuya unión
nacieron los hijos Alberto, María Elena, Ester y
Juan.
Autor de numerosos trabajos científicos que se presentaron
en importantes Congresos Científicos y publicados en
acreditadas revistas de Estados Unidos y Panamá.
La política, no hubo duda, le sustrajo un precioso
tiempo, que lo hubiera dedicado al ejercicio de la medicina
en forma total y continua, con gran beneficio para Panamá.
Sin embargo, una característica que sobresalía
en Navarro, era su innata creatividad, que le permitía
trabajar a tiempo completo, aunque éste, estuviera
limitado.
Con su aventajada preparación universitaria, con una
inteligencia clara y analítica, con una rapidez en
el diagnóstico y técnica quirúrgica impecable,
pero sobre todo, con una sagacidad, que unida a su innata
e ingeniosa chispa, ponían al Dr. Navarro en esa particular
clase de hombres, que fueron dotados por Dios con todos los
dones que reserva para sus escogidos.
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