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ANCIANOS
ENFERMOS; JEROGLIFICOS POR DESCIFRAR
Los ancianos
que se enferman siempre han presentado problemas en lo referente
a sus cuidados médicos. Los diagnósticos y tratamientos
de las múltiples afecciones que los afligen, se desvían
de los parámetros empleados regularmente, tanto es
así, que fue necesaria la integración de la
especialidad conocida como Geriatría, para su mejor
manejo y atención.
Existen
características muy propias y complejas de estos pacientes
que los diferencian y separan de otros, tales como:
- la
sintomatología, por lo general, se presenta como
muy confusa.
- las
defensas corporales y el mecanismo inmunológico se
encuentran en bajos niveles.
- hay
tardanza en buscar el auxilio facultativo indicado en la
mayoría de los casos.
- el
cuadro clínico se complica con bastante frecuencia.
- la
respuesta global que ofrecen a los tratamientos perfectamente
aceptados en pacientes más jóvenes, es variable.
- la
facilidad que poseen para desarrollar reacciones secundarias
a diferentes formas terapéuticas.
- la
pérdida del deseo de luchar por la vida que es habitual
en los estados depresivos secundarios a enfermedades graves.
- las
dificultades que en variadas ocasiones surgen al tratar
de efectuarles procedimientos especiales de diagnóstico.
- los
mayores riesgos que tienen de adquirir infecciones secundarias
intra-hospitalarias.
- la
fase recuperativa que obviamente es más lenta.
Los puntos
arriba enumerados, nos indican lo difícil que es predecir
sus respuestas a variados tipos de tratamientos. Dentro de
esta gama de estados patológicos, las pulmonares, principalmente
las neumonías, presentan factores de muy alto riesgo.
El antibiótico adecuado se debe emplear en forma expedita
y en muchas ocasiones por la vía intravenosa.
A menudo,
los ancianos se vuelven muy obstinados y demuestran resistencia
a continuar con los tratamientos, especialmente si estos son
por la vía oral.
Las infecciones
urinarias ocupan un destacado lugar en las estadísticas
de morbilidad, por el frecuente empleo de sondas vesicales
permanentes a consecuencia de problemas prostáticos.
El fantasma
de los accidentes siempre los perseguirá. El novelista
Gabriel García Márquez en su celebrada obra
"El amor en los tiempos del cólera", escribe
proféticamente que los ancianos se agravan en la primera
caída y se mueren en la segunda.
Las fracturas
de la cadera son inmensamente peligrosas, porque la inmovilidad
juega un rol de extremada importancia en la aparición
de complicaciones de tipo respiratorio. Es decir, que de un
problema mecánico se pasa a otro de índole infeccioso,
todo dentro del mismo recuadro patológico, en una similar
y continúa línea.
Los viejos
se ven afectados por problemas cardiovasculares, arterioscleróticos
y degenerativos del cerebro, lo mismo que por condiciones
oto-oftálmicas y hepato-digestivas.
Los cánceres
tienen un rol muy preponderante que jugar en este escenario
gigantesco que se ha montado a lo largo de la existencia.
El hombre,
en su proceso normal de envejecimiento, atraviesa por una
serie de enfermedades que pueden comprometer a uno o varios
sistemas de su organismo y como resultante de las muy particulares
características que los acompañan, se ve al
llegar a las etapas finales de su existencia, convertido en
un interesante jeroglífico de diagnóstico y
tratamiento, que muy certeramente deben resolver los facultativos
que son responsables por su de salud.
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