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EL
HOSPITAL DE PALO SECO
Desde
tiempos inmemoriales, la lepra ha sido una enfermedad muy
despreciada y grotesca, cuyas víctimas han sufrido
escarnio y persecuciones, siendo segregadas por la sociedad,
a vivir en lugares apartados.
Además,se
les obligaba a llevar campanas colgadas del cuello, para que
anunciaran con anticipación, su paso por las calles
y darle tiempo a la población, para esconderse rápidamente.
Hacia
finales de 1904, cuando los norteamericanos habían
tomado el control de la Salud Pública, tanto en Panamá
como en Colon, el Coronel George W. Gorgas, Jefe de Sanidad,
se enteró de la existencia de 13 leprosos, que vivían
en cuevas, en uno de los peores barrios de la ciudad capital
y totalmente segregados, en condiciones infrahumanas.
Desde
ese momento, el coronel Gorgas, se trazó la meta de
construir un lugar apropiado para la atención de estos
menesterosos.
Se escogió
un sitio en la orilla izquierda de la entrada del Canal, conocido
como Palo Seco, tranquilo, apacible y sosegado. Los Ríos
Farfán y Grande, bordeaban el terreno, dejando solo
a la vía marítima, como única vía
de acceso.
Tenía
una extensión de 500 acres y se encontraba apenas a
unas 6 millas de Panamá.
La Comisión
del Canal de Panamá, aprobó en junio de 1905,
la suma de $ 25000.00 para la construcción de un Asilo
para Leprosos, que fue inaugurado el 10 de abril de 1907.
Situado
con una espléndida vista al mar, se inició con
ocho edificios, de los cuales cuatro se destinaban para los
pacientes, otro para el Superintendente, dos para el personal
y el restante era una capilla.
Un médico
asignado por el Hospital Ancón, hacía una visita
mensual, para revisar curaciones y tratamientos asignados.
Existía
severas y estrictas medidas de control sobre visitantes y
personal. Se llegó a tener un sistema monetario propio.
El Hospital
siguió su vida rutinaria, hasta mayo de 1927, cuando
el Dr. Ezra Hurwitz recién arribado al Istmo y con
breve desempeño en el Hospital Ancón, fue nombrado
como Superintendente.
El Dr.
Hurwitz se estableció de manera permanente en Palo
Seco, junto con su esposa Aida de Castro de Hurwitz, quienes
dedicaron su vida entera a la institución, ganándose
el cariño, admiración y agradecimiento de todos.
La labor
de este matrimonio fue de excepcional valor para ir transformando,
poco a poco, el concepto de la lepra como una enfermedad altamente
contagiosa, repugnante y digna
de lástima.
En lugar
de aislar a los pacientes, la nueva tendencia fue de integrarlos
a la vida hospitalaria, tomando parte en la construcción
y limpieza de los edificios, en proyectos de tipo avícola
y agrícola, en funciones teatrales y otras actividades.
Las Iglesias
Católicas y Protestantes se encargaron en todo momento
de la parte espiritual de los enfermos.
Para esta
época, el Hospital de Leprosos, llegó a tener
un censo de 127 pacientes, quienes eran los primeros en sentirse
muy orgullosos de ofrecer su trabajo.
Aunque
en la parte terapéutica todavía no se conocía
ninguna droga capaz de controlar la enfermedad de Hansen,
llamada así en honor del científico noruego
que en 1873, descubrió el agente etiológico
de la lepra, por lo menos, brindando aseo diario, alimentación
y mucha ayuda espiritual, se hacía más tolerable
la temida aflicción.
Una indicación
de que se estaba realizando un cambio de actitud total hacia
la lepra, se refleja en los diferentes nombres que se usaron
para identificar al nosocomio.
Primero
se llamó Asilo para Leprosos de Palo Seco, luego Colonia
para Leprosos, más tarde fue el Leprosorium, y desde
1964 se conoce como Hospital de Palo Seco.
La vida
de los esposos Hurwitz estuvo íntimamente ligada a
estos enfermos, a los cuales siempre les brindaron un cariño
e inmensa devoción. Fueron los responsables del nuevo
y más humanitario enfoque hacia esta enfermedad, alejándola
de los prejuicios y segregaciones, a los cuales fueron sometidos,
durante siglos, estos pacientes, por el solo delito de haber
contraído el terrible mal.
La gran
visión que siempre acompañó a las acciones
tomadas por el Coronel George W. Gorgas, tuvo un brillante
resultado, al apoyar sin ningunas restricciones, todas las
medidas necesarias para hacer más llevadera la vida
de estos enfermos.
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