| LA
IMPORTANCIA DE LA MEDICINA EN LA CONSTRUCCION DEL CANAL DE
PANAMA
Doctor
Arturo Iturralde,
Presidente de la Asociación de Médicos Escritores
de
Guatemala,
Señores Miembros de la Junta Directiva y
Asociados,
Colegas del Cuerpo Diplomático y Consular Acreditado
en Guatemala,
Invitados Especiales,
Señoras y Señores:
INTRODUCCION
Es con
la mayor humildad y sencillez, que presento ante Ustedes,
este trabajo, como requisito de admisión para la Asociación
de Médicos Escritores de Guatemala.
Asumo
que lleno bastante bien el primer requerimiento, es decir,
ser medico, ya que tengo cerca de 40 años de ejercer
esta noble profesión, dentro de la rama de la Otorrinolaringología,
además de Docente Titular, por 12 años en la
Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá.
Es en
lo relativo al segundo enunciado, escritor, donde siento mis
dudas sobre cubrir o no, las expectativas, ya que soy apenas,
únicamente un amante aficionado de las Letras y la
Historia, sin pretender usurpar este bello título,
ni situarme al mismo nivel de la ilustre membresía
aquí reunida.
Con esta
salvedad, procedo a presentar ante Ustedes, el tema, IMPORTANCIA
DE LA MEDICINA EN LA CONSTRUCCION DEL CANAL DE PANAMA.
La Ciencia
y Arte de nuestros maestros Hipócrates y Galeno, en
el sentido amplio del vocablo, jugó un papel muy decisivo,
en el fracaso o éxito de esta gran empresa de ingeniería,
un sueño cuatro siglos centenerio.
Los heroicos
esfuerzos de estos hombres y mujeres de uniforme blanco, que
batallaron para lograr el saneamiento ambiental del área
canalera y luego brindar una excelente atención médico-quirúrgica,
llevaron a convertir a Panamá, como así lo expresara,
años más tarde, el Coronel William C. Gorgas,
Jefe del Departamento de Sanidad durante la epopeya americana,
enfatizo, a hacer de Panamá, “un ejemplo de salud
para el resto del mundo”.
Aquí
estuvo la verdadera clave de la diferencia entre victoria
o derrota.
Sanear
primero, construir después.
Con este
faro alumbrando el camino, podremos entender, juzgar, valorar
y sobre todo exaltar, este denodado esfuerzo de nuestros valientes
colegas.
Con la
inauguración del Canal de Suez en Egipto, llevada a
cabo el 17 de noviembre de 1869, el Conde Ferdinand de Lesseps,
a la altura de sus 62 años, había llegado a
la cima de la gloria.
No necesitaba
mostrar nada adicional al mundo. Sin embargo en 1879, decide
tomar las riendas de la Compagnie Universelle du Canal de
Panamá y lanzarse a la aventura de construir un paso
a nivel (similar al de Suez), a través del istmo centroamericano.
El Congreso
que se llevó a cabo en París, en esa misma fecha,
fue de acuerdo con el historiador David McCullough, el consenso
de una sola persona y donde el Conde impuso sus puntos de
vista. En este Congreso, Guatemala estuvo representada por
Cristano Medina, quien fue de los pocos oponentes a las ideas
de de Lesseps y al momento de la votación, le tocó
emitir el primer voto en contra, de un total de ocho que se
registraron.
Para inculcar fe en los accionistas y derribar la mala fama
del insalubre clima panameño y sus evidentes peligros,
el Conde viajó al Istmo en diciembre de 1880 (a los
73 años de edad), acompañado de una selecta
comitiva, que también incluía a su bien joven
y bellísima esposa, lo mismo que a dos de sus hijas.
No fue
solo el viaje con todos sus acompañantes, sino el regresar
sanos y salvos, lo que vino a representar un gran impulso
para la exitosa venta de las acciones, uno de los hechos financieros
más espectaculares de Francia en esos tiempos.
EPOCA
FRANCESA
Los trabajos
de la era francesa se iniciaron el 1 de febrero de 1881 y
contrario a la creencia popular, se preocuparon desde el principio
por el estado general de salud y bienestar de sus empleados.
Construyeron
en la ciudad de Panamá, un gran hospital, L’HOPITAL
NOTRE DAME DU CANAL, de 500 camas, muy bien equipado y con
muy buenos médicos graduados de las mejores universidades.
Costo de la obra fue de $5 millones, una suma enorme para
la época.
Los cuidados
de enfermería estaban a cargo de las Hermanas de la
Caridad de San Vicente de Paúl, que llegaron a ser
hasta un número de 24.
Igualmente
construyeron edificios de oficinas muy vistosos como el dedicado
a una central general en la ciudad de Panamá.
En Colón,
la ciudad terminal del Canal en el lado atlántico,
levantaron otro hospital de 150 camas, a un precio de un millón
de dólares. Poco tiempo después, edificaron
un sanatorio para convalecientes, localizado en una isla del
Pacífico llamada Taboga, a unas pocas millas de la
ciudad de Panamá y con una capacidad para 30 pacientes.
Igualmente
construyeron pequeños dispensarios a lo largo de diferentes
pueblos en la vía del ferrocarril, para la atención
inmediata de los casos de urgencia y su rápido traslado
a los grandes hospitales.
Como
fácilmente se puede observar, todo este movimiento
de atención médica, estaba dentro de los parámetros
de la medicina curativa.
Los franceses
no conocían por esos años (1881) ni tampoco
el resto del mundo, nada sobre el mecanismo de la transmisión
de las fiebres amarilla y malaria, por medio de los mosquitos.
Por esta misma razón, contribuían de la más
inocente manera, al aumento de la casuística, al mantener
recipientes con agua por todas partes y horribles condiciones
sanitarias con maleza muy cerca de las casas y lugares de
trabajo.
La misma
etimología de la palabra malaria, que viene del italiano
MAL ARIA, estaba indicando el erróneo concepto que
se tenía sobre esta transmisión.
El término
gramatical equivalente en francés es PALUDISME, que
significa fiebre del pantano, nuevamente enseñando
la equivocada idea de la propagación de la enfermedad.
Para los obreros de la Compañía, la atención
médico- hospitalaria era gratuita, sin embargo, para
los trabajadores de los contratistas independientes, se les
cobraba 5 francos por día (un dólar).
Estos
contratistas rehuían los pagos mencionados, recurriendo
al despido de los trabajadores que presentaran los primeros
síntomas de enfermedad.
Los empleados,
por otra parte, rehusaban la hospitalización debido
al temor generalizado de fallecer, por otras causas diferentes
a su patología de ingreso.
La gran
mayoría de los fallecimientos que ocurrían fuera
del ambiente hospitalario, no eran informados, de manera que
por cada muerto, se estimaba que había un mínimo
de dos no reportados.
No se
trataba únicamente de muertes por fiebre amarilla o
malaria, sino también por tifoidea, pulmonía,
disentería, viruela, beriberi, además de mordeduras
de serpientes, suicidios, crímenes y accidentes laborales.
Hubo momentos
en que la mortalidad por todas estas causas juntas, llegó
a un número de 40 diarios.
El peor
año fue 1884, con 1163 muertos, cifra record registrada
en los anales de la construcción canalera.
He aquí
un impactante testimonio de uno de los trabajadores “desde
Colón, la Compañía del Ferrocarril ponía
diariamente un tren mortuorio, que iba recogiendo cadáveres
en su viaje al cementerio. Fue siempre lo mismo, enterrar,
enterrar y enterrar. A veces, dos, tres o cuatro trenes por
día, con negros de Jamaica. No había visto nada
semejante a esto. No importaba que fueran blancos o negros,
para observar cómo se moría. Simplemente morían
como animales”.
Otro
relato muy crudo, es el siguiente “Sentado en el balcón
de mi casa, observo la puerta de una pequeña casa de
adobe que se abre a medias. La mujer de la casa, donde viven
dos o tres empleados de la Compañía, mira cautelosamente
hacia la calle. Entra nuevamente a la casa, para salir arrastrando
un bulto que deja rápidamente en la sucia calle. Con
las luces del amanecer, observo un buitre que trata de picotear
al bulto. Desciendo de mi balcón y espanto al ave,
que vuela hacia un lugar en la catedral, pero que permanece
mirando en ese amanecer tropical hacia lo que ayer fue un
hombre, hace un mes un hombre con esperanzas que había
partido de Le Havre. Hoy un muerto más por la fiebre
amarilla”.
Aunque
la mortalidad fue indudablemente alta y también difícil
de evaluar, hubo asimismo, exageraciones en la presentación
de estas cifras, nacidas de la venganza contra de Lesseps
y la Compagnie Universelle, como las presentadas por Edoudard
Drumont, quien no dudó en multiplicar por diez las
cifras, inventando de igual manera absurdas calumnias. Escribía
Drumont “los hombres morían como mariposas, a
la rata de casi el 60%. El verdadero número de muertes,
que no puede ser menos de 30000, nunca será conocido.
Algunas veces, los trabajadores que morían en sus puestos,
eran simplemente lanzados en los terraplenes y un tren de
vagones descargaba su carga encima de ellos y sus cuerpos
eran cubiertos rápidamente con 20 pulgadas de tierra.
El Istmo se ha convertido en un inmenso campo de esqueletos”.
En cuanto
a la morbilidad, el asunto se tornaba caótico. Los
médicos norteamericanos, años más tarde,
estimaron que por lo menos, un tercio de la fuerza laboral
de cualquier año, enfermó. Así, por ejemplo,
si en 1884 existía una fuerza laboral de 17615 hombres,
5535 estuvieron en algún momento enfermos ese año,
incluyendo por supuesto, los fallecidos. (1163).
Los franceses
no trataron de mejorar el estado sanitario de las ciudades
terminales de Panamá y Colón, donde vivía
un gran número de la fuerza laboral. En ambas, pero
principalmente en Colón, las calles eran los basureros
de los habitantes y no existía ningún tipo de
drenajes. Con los grandes aguaceros, los inmensos lodazales
y las aguas estancadas eran los mejores criaderos de mosquitos.
Colón,
sin lugar a dudas, se convirtió en la capital de la
inmundicia.
La medicina
curativa que desarrollaron los franceses, fue en honor a la
verdad, de primera línea, de acuerdo a varios testimonios,
entre los cuales, aparece el de un doctor canadiense Wolfred
Nelson, quien ejerció la medicina en Panamá
de 1880 a 1885 y a pesar de ser enemigo acérrimo de
de Lesseps, declaró que “los servicios hospitalarios
de los franceses eran los mejores del trópico”.
Igual
opinión emitió el Coronel William C. Gorgas
35 años después, cuando era el Jefe de Sanidad
de la época norteamericana, refiriéndose a las
instalaciones construidas por los franceses: “los hospitales
del Canal, son sin lugar a dudas los mejores construidos en
el trópico, mejores instituciones que cualquiera en
los Estados Unidos, en el mismo período y dirigidos
por una firma o corporación.”
La Compagnie
Universelle tuvo la poca fortuna de luchar contra enemigos
que no conocía (los mosquitos).y fue esta ignorancia,
una de las principales causas de su posterior fracaso.
Aunque
la mortalidad era difícil de evaluar, es probable que
la más exacta en todas las estadísticas, fuera
la establecida por una Comisión nombrada por la Compagnie
Nouvelle, (la segunda compañía del Canal Francés),
que al revisó los archivos del Hospital Notre Dame
du Panamá y el de Colón. Gorgas, recabando las
mismas fuentes, obtuvo cifras algo más altas Aunque
ambas estadísticas, muy lejos de reflejar el verdadero
número de fallecidos en general, Gorgas estimó
como 20,000 y un exagerado crítico del Conde de Lesseps,
llegó a mencionar unos 30,000.
| Años |
Empleados |
Según
Compagnie Nouvelle |
Muertos |
Según
Gorgas |
| 1881 |
928 |
66.8 |
620
|
59.2 |
| 1882 |
1,910 |
66.0 |
126
|
65.4 |
| 1883 |
6,287 |
66.6 |
420
|
67.2 |
| 1884 |
17,615 |
66.6 |
1,172 |
69.9 |
| 1885 |
15,215 |
55.2 |
839
|
71.3 |
| 1886 |
14,935 |
51.0 |
760
|
64.0 |
| 1887 |
16,217 |
62.1 |
1,006 |
63.7 |
| 1889 |
13,725 |
43.5 |
596 |
|
Promedio
|
59.7
|
5,539
|
63.1 |
Para los 8 años de trabajo de la Compagnie Universelle,
hubo un total de 4987 muertos, mientras que Gorgas calculó
para el mismo período 5527, de los cuales 1018 (18.4%)
fueron por fiebre amarilla y 1326 (23.9%) por malaria.
En un esfuerzo por salvar las obras del Canal, la Compagnie
Universelle, trató de cambiar la estrategia de construcción
y se decidió abandonar los planes de un canal a nivel
por uno de esclusas, pero ya fue muy tarde y la debacle se
hacía cada vez más patente por todas partes.
Muchos
historiadores son de opinión que los franceses hubieran
podido construir el Canal de Panamá, si desde el principio
hubieran aprobado el plan de esclusas y no empecinarse en
uno a nivel, siguiendo el ejemplo exitoso de Suez.
El 4 de
febrero de 1889, la Compañía fue disuelta, dejando
en el Istmo cerca de 14000 empleados en el desamparo.
Los escándalos
que aparecieron tres años después, con su secuela
de caídas de gabinete, enlodamiento de reputaciones,
juicios, prisiones y suicidios, no forma parte de esta presentación,
así como tampoco, entrar a analizar en profundidad
las causas de esta debacle.
LA COMPAGNIE
NOUVELLE:
Para rescatar
el orgullo francés muy seriamente herido por todos
estos acontecimientos y también con la idea de vender
sus activos a Estados Unidos, recuperando así, parte
del dinero invertido, se iniciaron gestiones para la formación
de una nueva compañía, que llegaron a formalizarse
el 20 de octubre de 1894.
Esta
compañía, conocida como la Compagnie Nouvelle
du Canal Interoceanique o la segunda compañía,
hizo algunos trabajos de excavación, no descartables
del todo, durante sus 9 años de actividad,( 8664000
de metros cúbicos), pero en verdad estaba más
interesada en vender todas sus propiedades a los Estados Unidos.
En cuanto
a las condiciones de salud durante esa época, el informe
revela una notable mejoría sobre su antecesora.
Gorgas
decía que el porcentaje de muertes por todas las causas
había descendido de 60 a 25 por 1,000 trabajadores.
PORCENTAJE
DE MUERTES POR TODAS LAS CAUSAS |
Años |
No.
de Empleados |
%
de Muertes |
Muertes
|
| 1895 |
1,225 |
24.5
|
30 |
| 1896 |
3,715 |
21.3
|
79 |
| 1897 |
3,980 |
31.9
|
126 |
| 1898 |
3,400 |
21.5
|
73 |
| 1899 |
2,500 |
22.5 |
57 |
| 1900 |
2,000 |
34.5 |
69 |
| 1901 |
2,000 |
18.0
|
36 |
| 1902 |
1,500 |
22.0
|
33 |
| 1903 |
1,000 |
33.0
|
33 |
Total |
536 |
En 1898,
la Compañía decidió que su mejor opción
era vender sus propiedades a Estados Unidos por un valor de
40 millones de dólares, incluyendo el ferrocarril.
En esta
venta, el denodado esfuerzo por llevarla a cabo, de Bunau
Varilla un ingeniero francés, decidido partidario de
la ruta por Panamá desde muchos años atrás,
por llevarla a cabo, fue de una grandísima importancia.
Con las
propiedades del Canal ya en su poder, los Estados Unidos quisieron
negociar un tratado con Colombia para la construcción
de la vía interoceánica.
Es necesario
aclarar en este momento, que Panamá era un Departamento
de Colombia desde 1821, a raíz de su separación
de la Madre Patria España y su inmediata adhesión
espontánea a Colombia.
Este
fue el tratado conocido como Herrán-Hay, posteriormente
rechazado por el Senado Colombiano, en medio de encendidas
discusiones.
Los panameños
fincaban muy grandes esperanzas en esta ratificación,
pues veían un enorme mejoramiento en su situación
económica, de viviendas y de salud, que se encontraba
en precarias condiciones y muy olvidado por la metrópoli
colombiana.
Antes
de perder esta posibilidad de desarrollo, el pueblo panameño
decidió independizarse de Colombia, movimiento que
tomó lugar el 3 de noviembre de 1903. Este era el cuarto
intento de separación que se llevaba a cabo en Panamá,
después de la voluntaria anexión a Colombia
en 1821.
El gobierno
revolucionario de Panamá, bajo fuerte elementos de
presión, se vio obligado a nombrar a Bunau Varilla
como su Ministro Plenipotenciario ante Washington, y quien
procedió, dentro de una gran prisa, a negociar un funesto
tratado entre los dos países.
Este fue el Tratado Hay-Bunau Varilla, que desde su origen
fue una fuente constante de protestas y luchas nacionalistas
por obtener revisiones y justicia para las aspiraciones panameñas.
ERA NORTEAMERICANA
El 4 de
mayo de 1904 se llevó a cabo el traspaso de todas las
propiedades francesas a los Estados Unidos, en una muy sencilla
ceremonia.
Desde
sus momentos iniciales, la situación en la construcción
del canal, iba de mal en peor. Había un tremendo caos
operativo y administrativo, pero sobre todo un inmenso pánico
entre los trabajadores.
Todavía
no existía una decisión oficial en cuanto a
qué tipo de canal se iba a construir, a esclusas o
a nivel.
Parecía
que la debacle francesa estaba muy próxima a repetirse.
Mientras
tanto, se procedió a desarrollar una intensa campaña
de saneamiento de la Zona del Canal (franja de tierra de 5
millas de ancho a cada lado de la zanja acuática) y
en las ciudades de Panamá y Colón.
El mismo
Presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, había
manifestado su preocupación por las pésimas
condiciones sanitarias imperantes en el Istmo. Este problema
debería ser solucionado antes de iniciarse cualquier
trabajo de ingeniería.
Por suerte en Cuba, desde 1900 se habían aplicado técnicas
científicas para la erradicación de los mosquitos
Aedes y Anofeles, ya comprobados como los vectores de las
fiebres amarilla y malaria, producto de los experimentos científicos
de Finlay, Reed, Ross, Lazear, Agramonte, Carter y varios
otros.
En ese
país, la campaña de saneamiento ambiental, fue
dirigida por Gorgas y sus brigadas sanitarias, que lograron
erradicar la fiebre amarilla totalmente de
Cuba
en 1901 y bajar en forma dramática el índice
de la malaria.
Fue una
sistemática y científica labor de fumigación
y estudio detenido de la vida de los mosquitos, su forma de
atacar al humano (solo las hembras transmiten la enfermedad),
aislamiento de los enfermos, mallas en todas las casas y uso
de mosquiteros, drenajes y pavimentación de las calles.
En La
Habana, la triunfal campaña dirigida por Gorgas tomó
solamente ocho meses para terminarla en 1901, en cambio en
Panamá, duró dos años y medio.
Gorgas,
en esos momentos, la más grande autoridad en Medicina
Tropical, fue nombrado como Jefe de Sanidad del Canal y en
junio de 1904, llegó al Istmo, acompañado por
un selecto número de médicos y enfermeras para
iniciar esta campaña que se basaba en:
- separar
a los mosquitos del contacto con los pacientes ya infectados.
- la
destrucción de los Aedes adultos
- prevenir
la propagación de nuevos gérmenes.
Gorgas
dividió a Panamá en once distritos sanitarios
y nombró brigadas contra los mosquitos en cada uno
de ellos, siguiendo los exitosos pasos ya probados en la Habana
y casi con el mismo personal de asesores principales.
En su
punto más alto, llegaron a trabajar 4000 hombres solamente
en esta campaña.
La fumigación
en Panamá se realizó en mucha mayor escala que
en Cuba. Se usaron grandes cantidades de pyretrum y de azufre,
preferiblemente del primero. Se destruía de esta manera
al Aedes adulto y para las larvas que se encontraban en los
recipientes de agua, que estaban por todas partes, las brigadas
regaban aceite sobre todos los charcos, barriles, cisternas,
canjilones, etc.
También
se desherbó a una distancia de 200 yardas alrededor
de todos los edificios, ya que se conocía que el Aedes
tenía una capacidad menor de vuelo que esa distancia.
Al principio hubo que recurrir a la fuerza para hacer entender
a los habitantes las medidas que se estaban llevando a cabo
en esta fase dirigida a erradicar las larvas.
El último
caso de fiebre amarilla en Panamá ocurrió en
diciembre de 1906.
Los ingenieros
norteamericanos al implementar una campaña de sanidad,
tenían una gran ventaja sobre sus colegas franceses,
ya que sabían como darles la batalla a los mosquitos
y así tomar desde los primeros momentos, todas las
medidas exactas, basadas en la anterior experiencia cubana.
La guerra
contra los mosquitos solo fue superada por las medidas generales
que se fueron implantando para sanear totalmente la Zona del
Canal y las ciudades de Panamá y Colón.
Los drenajes,
pavimentación de las calles, pintura de las casas,
limpieza de herbazales, fueron llevándose a cabo con
gran rapidez y sin escatimar costos, al igual que magníficos
acueductos y agua potabilizada.
Tal como
lo había dicho Gorgas, Panamá sería un
modelo de sanidad para todo el mundo.
La malaria, por el contrario, era un enemigo mucho más
difícil de batir, como había sucedido en Cuba.
Además
de las técnicas de fumigación y regado de aceite,
en mucho mayor escala que en Cuba, se incluyó la crianza
de pececillos en criaderos especiales, que luego se depositaban
en las lagunas para que se comieran las larvas del Anopheles.
Igual método se usó para criar arañas,
hormigas y lagartijas para una tarea similar contra los mosquitos
adultos.
Como
en las lagunas y arroyos crecían rápidamente
las hierbas y algas que hacían difícil que el
aceite se regara con facilidad, se vertían mensualmente,
grandes cantidades de veneno para destruirlas.
La quinina
se distribuía en forma gratuita y aunque existían
casos de empleados que rehusaban tomar el amargo trago, las
tabletas o cápsulas, posteriormente y mediante una
campaña de educación y endoctrinamiento de la
masa de trabajadores, esa medida fue paulatinamente aceptada.
En un
momento de la campaña, se llegaron a distribuir 40.000
dosis de quinina diariamente, entre la fuerza laboral.
En Panamá
se logró reducir el número de casos de malaria,
pero nunca erradicarla del todo.
No obstante,
el gran factor psicológico de intranquilidad y terror,
era la fiebre amarilla y ya se había desterrado.
La guerra
contra el Anófeles y sus resultados se muestran en
la tabla adjunta:
CASOS
DE MALARIA POR CADA MIL EMPLEADOS |
Años |
Casos
|
Empleados
|
1905 |
162 |
17,000
|
1906 |
727 |
26,547
|
1907 |
625 |
39,238 |
1908 |
287 |
43,890 |
1909 |
312 |
47,167 |
1910 |
123 |
50,802 |
1911 |
202 |
48,876 |
1912 |
143 |
50,893 |
1913 |
76 |
56,654
|
1914 |
11 |
44,329
|
1919 |
5 |
38,858 |
1920 |
1 |
20,000
|
| MORTALIDAD
POR MALARIA POR CADA MIL EMPLEADOS
COMPAÑIA DEL CANAL DE PANAMA |
Año
|
Muertes
por Mil |
Total
de Muertes |
Empleados |
1906 |
7.45 |
197 |
26,547 |
1907 |
5.40 |
211 |
39,238 |
1908 |
2.50 |
111 |
43,890 |
1913 |
0.30 |
16 |
56,654 |
Desde
1940 la mortalidad por malaria es casi desconocida, principalmente
por las medidas sanitarias imperantes y por mejores medicamentos
en la batalla contra esta enfermedad.
La pulmonía,
tuberculosis, viruela, tifoidea y disentería, fueron
causas de alta morbilidad y mortalidad en los primeros tres
años, pero en adelante, cuando las medidas sanitarias
surtieron sus efectos, las muertes en general, por cada mil
trabajadores disminuyeron notablemente.
| MUERTES
POR ENFERMEDAD POR CADA MIL EMPLEADOS
COMPAÑIA DEL CANAL DE PANAMA |
Años
|
Muertes
por Mil |
Fuerza
Laboral |
Total
de Muertes |
1904 |
13.30 |
6,213
|
83 |
1905 |
24.30 |
17,000 |
413 |
1906 |
39.29 |
26,547
|
1,041 |
1907 |
24.08 |
39,238 |
944 |
1908 |
8.68 |
43,890 |
380 |
1909 |
7.55 |
47,167 |
356 |
1910 |
7.50 |
50,802 |
381 |
1911 |
7.65 |
48,876 |
373 |
1912 |
6.37 |
50,893 |
323 |
1913 |
5.24 |
56,654 |
296 |
1914 |
7.04 |
44,329 |
312 |
En los
10 años de la época norteamericana se presentaron
un total de 4,819 muertes por enfermedades (481 anuales) y
2011 por otras diversas causas, accidentes laborales, derrumbes,
ahogados, explosiones, crímenes, etc.) para el gran
total de 6,630, en la construcción norteamericana.
Gorgas
estimó que de haberse mantenido igual las condiciones
sanitarias en Panamá que prevalecieron durante la época
de los franceses, por lo menos 78,000 hombres hubieran perecido.
En cuanto
a hospitales se refiere, el Hospital Ancón (antiguo
Notre Dame du Panamá) fue totalmente remodelado, equipado
y ampliado a 1,500 camas, mientras que el Hospital Colon,
también se modificó para 300 camas.
Los norteamericanos
trajeron un excelente cuerpo médico y de enfermeras
profesionales.
Igualmente
se esmeraron en instalar 20 hospitales distritoriales y 40
pequeños dispensarios, a lo largo de la línea
del ferrocarril, que fueron de enorme utilidad para la rápida
atención de los pacientes.
El sanatorio
de la isla de Taboga, tampoco escapó a estas ansias
de remodelar y equipar con los últimos adelantos y
se amplió hasta 54 camas.
La atención
médica hacia los leprosos y locos, también tuvo
su lugar durante la construcción del canal norteamericano.
Al principio
fueron alojados juntos en una sección de un pequeño
hospital llamado Miraflores.
Después
los leprosos fueron llevados a una colonia especial en un
lugar aislado, solo accesible por mar denominado Palo Seco,
en 1907.
Para
los dementes se levantó un hospital especializado en
Corozal. (1908).
Según
describe Gorgas, “los años de 1905 y 1906 fueron
apacibles para el Departamento de Sanidad. En el otoño
de 1907, se completó la casi totalidad del trabajo
de Sanidad. Nuestra batalla se había ganado, y desde
ese día en adelante, nuestra atención se fijó
en mantener lo alcanzado”.
Todo
no fue un lecho de rosas para el Jefe de Sanidad de la Zona
del Canal, pues desde 1904 tuvo que luchar intensamente y
con una gran perseverancia, para hacer entender a los burócratas
de la Comisión del Canal, sus puntos de vista sobre
los mosquitos como transmisores de las fiebres y que aprobaran
los fondos necesarios. Después de muchos sinsabores,
hacia finales de 1905, el Departamento de Sanidad vino a integrarse
como una oficina independiente y únicamente responsable
ante el Presidente de la Compañía.
La campaña
sanitaria en Panamá fue un tremendo éxito y
“un ejemplo para el resto del mundo”.
Según
menciona Gerstle Mack en su extraordinaria obra LA TIERRA
DIVIDIDA, “no hubo nada milagroso en este triunfo, solo
ciencia, determinación, dinero y una estupenda cantidad
de arduo trabajo. En su guerra contra las enfermedades, la
organización norteamericana de salud, tenía
dos armas valiosísimas de las cuales carecían
los franceses: un gran dirigente en Gorgas y el reciente descubrimiento
en 1901 de que la fiebre amarilla y la malaria, los dos azotes
fatales en el Istmo, eran transmitidas por mosquitos”.
El canal
fue inaugurado el 15 de agosto de 1914 con una humilde ceremonia,
muy diferente a los grandes festejos en Suez en noviembre
de 1869. Esta excepcional proeza de la ingeniería y
del ser humano, apenas llegó a obtener una pequeña
nota en los periódicos del mundo y enterrada en las
páginas interiores. Por ejemplo, como fue publicada
en la página 14 del New York World, uno de los más
importantes rotativos de Estados Unidos en esa época.
La Primera
Guerra Mundial había estallado dos semanas antes y
acaparaba todos los espacios de importancia en los diarios.
El cruce
inaugural del vapor Ancón fue perfecto, con muchos
invitados de importancia de la joven República de Panamá
y altos ejecutivos de la Zona del Canal.
La travesía
duró cerca de 11 horas, mientras que en la actualidad
toma alrededor de 9 horas, demostrando claramente el grado
de eficiencia que tuvo el canal y la capacidad técnica
de sus constructores desde los inicios.
Gran
tributo al pueblo norteamericano por su disciplina y organización
en el trabajo, honradez en la ejecución de los mismos
y orgullo nacional por terminar el sueño de cuatro
siglos de espera.
Es casi
seguro que la vía interoceánica por Panamá
nunca se hubiera terminado de no haberse realizado primero,
la magnífica obra de saneamiento, limpieza y de cuidados
médico-quirúrgicos de primera categoría.
Atacar
la fase preventiva de las enfermedades, para entonces concentrarse
en la parte de construcción y excavación. La
curativa, heredaba el esquema de los franceses, y solo tuvo
que ser ampliada y mejorada en sus equipos.
Una demostración
palpable de la gran importancia que tuvo el aspecto médico
y el abnegado trabajo de los hombres y mujeres en uniforme
blanco, para construir la máxima obra de ingeniería
del siglo XX.
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