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LAS PRIMERAS MUJERES DE AMERICA COMO DOCTORAS EN
MEDICINA
El sexo femenino, mal llamado el débil, ha
tenido que superar a través de la historia, grandes obstáculos
para alcanzar posiciones que le estaban tradicionalmente vedadas.
Las ciencias médicas no podían
escaparse del similar destino que se le iba demarcando de una forma tan clara y
definida.
Sin embargo, el esfuerzo y determinación, las
ansias de superación y mejoramiento, sirvieron como enormes acicates
para que la mujer no desmayara en la tarea reivindicadora para obtener
reconocimiento de igualdad con los hombres.
Se podía señalar un deseo egoísta
por parte de estos últimos, para impedir el acceso a predios donde
imperaba como dueño y señor? No es descartable en forma total
esta hipótesis.
Como sucede en la historia, cuando algún
movimiento es detenido en su evolución por medio de la fuerza, al
obtener su liberación toma lugar una tremenda reacción en sentido
contrario.
Es la clara e igualadora ley de la naturaleza. El
famoso accio-reaccio de los antiguos.
Es curioso ver en las diferentes mitologías,
que la figura de la mujer se destaca como diosa en el arte de la
protección de la salud. Pero todo se detiene en ese sitial de
admiración y de reverencia, ya que en la práctica no
sucedía absolutamente nada, ni se consideraba, al sexo femenino para
ninguna otra función, dentro de estos parámetros.
En 1754 se rompen las cadenas que aprisionaban y no
dejaban surgir a las féminas cuando en la Universidad de Halle,
Alemania, recibe Dorotea Leporin Erxlehen, el título de Doctora en
Medicina.
Su batalla para ingresar a dicho centro de estudios
superiores fue muy ardua y tuvo que intervenir el Emperador Federico el Grande
otorgando un permiso especial para esta estudiante, de primerísima
categoría, pudiese demostrar al mundo que la mujer estaba dotada de
todas las capacidades necesarias y que igualmente era apta para resistir y
superar las tareas más arduas, con sólo brindarle la
oportunidad.
Hay por otra parte, grandes demostraciones de valor y
perseverancia para terminar los estudios de medicina, en el caso de otra
estudiante, llamada Enriqueta Faber, de Suiza, quien cursó la carrera de
medicina en París, disfrazada de hombre, pues de otra manera estaba
condenada a no lograr ni ser admitida.
Se necesitó gran deseo y amor por la
profesión, para sufrir con mucho estoicismo las múltiples
vicisitudes y sufrimientos, privaciones y abstenciones, para alcanzar su
objetivo final.
La revista MD en español en julio de 1975,
presenta una lista de las primeras graduadas de medicina en algunos
países de América, a la cual añadimos la pionera de la
profesión en Panamá, al igual que la primera cosecha de
profesionales femeninas de la Facultad de Medicina de la Universidad de
Panamá.
| Nombre |
País |
Año |
|
| Cecilia Gierson |
Argentina |
1889 |
| Amelia Chopitea Villa |
Bolivia |
1918 |
| Rita Lobato Velho López |
Brasil |
1887 |
| Emily Jennings Stove |
Canadá |
1867 |
| Laura Martínez De Carvajales |
Cuba |
1889 |
| Eloisa Díaz Insunza |
Chile |
1887 |
| Elizabeth Blackwell |
Estados Unidos |
1909 |
| Matilde Montoya |
México |
1893 |
| Laura Esther Rodríguez |
Perú |
1900 |
| Paulina Luisi |
Uruguay |
1908 |
| LYDIA SOGANDARES |
PANAMÁ |
1934 |
Primeras guaduadas de la Facultad de Medicina en
Panamá:
| LUCIA DE LEON |
1955 |
| DOROTHY WILSON |
1955 |
| GILMA DE MONCAYO |
1955 |
| DORIS CHORRES |
1955 |
| FEDORA CEDEÑO |
1955 |
| CECILIA LAMELA DE BRIN |
1955 |
El denodado esfuerzo por la superación
profesional de las mujeres en todo el mundo, el grado de capacidad profesional,
pero sobre todo su dedicación y tenacidad en este difícil campo,
fue abriendo caminos para que otras generaciones encontrarán un sendero
más libre de prejuicios y de caprichos personales.
Los cambiantes tiempos de la medicina han encontrado
un acoplamiento con el carácter femenino y se ha proyectado una nueva
faz en el médico, que ahora se compenetra mucho más con los
problemas sociales de los enfermos, integrándolos con los hallazgos
clínicos.
La mujer después de superar los insalvables
escollos iniciales que se le presentaron para su ingreso a las filas de los
profesionales de la medicina, ha demostrado que tenía perfecto derecho
para aspirar a un puesto junto al hombre en la lucha común por la
preservación de la salud.
La posterior evolución de la profesión
ha enseñado el extraordinario aporte de las representantes del sexo
femenino en todas las fases de la vida científica, con los Premios Nobel
a que se han hecho acreedores y con el alto porcentaje de estudiantes que se
inscriben en las escuelas de medicinas de todo el mundo.
Al observarse el progreso inmenso que ha demostrado la
mujer en estos predios científicos, es de justicia reconocer a quienes
desde los primeros momentos, tomaron en sus manos la bandera de la
liberación y cumplieron con la misión que se trazaron en la
vida.
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