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EL MONUMENTO AL DR. ALFRED B. HERRICK
El Dr. Alfred B. Herrick había llegado a
Panamá en junio de 1904, formando parte integral del gran equipo
médico que había logrado aglutinar el Dr. William C. Gorgas para
atacar el problema de sanear el istmo.
Se planeaba iniciar los trabajos del canal empleando
la nueva táctica de salubridad primero y construcción
después, derivada de la experiencia francesa.
Herrick tenía una valiosa hoja de servicios.
Graduado en la Universidad de Johns Hopkins y con cuatro años de
entrenamiento en el Barnes Hospital de Washington, era una muy valiosa
adquisición para el sistema hospitalario de la zona canalera.
Luego de haber laborado por diez años con una
gran devoción y espíritu científico en el Hospital de
Ancón, decide junto a otros médicos (Reeder y James) abrir una
clínica y hospital privado en la ciudad de Panamá. La primera se
inició en 1914 y fue de inmediato un resonante éxito.
Más tarde, el 1 de mayo de 1916 se
inauguró el Hospital Panamá y desde sus comienzos se
convirtió en el primer centro hospitalario de todo Centro y Sur
América, con una gran afluencia de pacientes que por todas partes eran
grandes propagandistas de la excelente calidad de los servicios médicos
allí prestados.
El motor principal lo era indudablemente el Dr.
Herrick, quien fue rodeándose de los más distinguidos
profesionales de la medicina de nuestro medio.
Herrick era extraordinario en su capacidad de trabajo,
certero en sus diagnósticos y excelente en sus intervenciones. Todo esto
iba muy bien acompañado por una enorme sensibilidad social y un decidido
apoyo a los aspectos culturales de la ciudad de Panamá.
Por lo anterior, su muerte que ocurrió el 22
de noviembre de 1937 fue motivo de gran consternación, de genuino y
hondo pesar para la nación panameña. Desde el primer momento se
planearon diversos actos para honrar su memoria. Entre ellos, se integró
un Comité para erigirle un monumento el cual sería costeado por
suscripción popular. Este comité estaba formado por prestantes
figuras de nuestra sociedad, presidido por la señora Cecilia Espinosa de
Arias. Una de las trabajadoras más entusiastas fue la señora
Sixta Morales de Soto, siéndole reconocida esta labor en una de las
más acreditadas columnas periodísticas de la Estrella de
Panamá.
El 9 de marzo de 1938, con la colecta cifrando ya en
los B/.3,042.00 de un posible costo total de B/.3,500.00, el Comité tuvo
una reunión para aprobar en definitiva los planos presentados por el
escultor italiano Angelo Vannetti, autor de numerosas obras de gran importancia
en varios países y quien tenía una amplia recomendación de
Italo Campari, el Ministro de Italia en Panamá.
El Comité aprobó igualmente que el
monumento sería develado el 22 de noviembre de 1938, al cumplirse el
primer aniversario del deceso de tan distinguido profesional de la medicina.
Quedaría localizado en una esquina del Hospital Panamá y
representaría al Dr. Herrick en tamaño natural, meditando,
sentado en una silla y en los lados algunas alegorías de su vida
profesional. El monumento sería de 6 metros de alto, con pedestal de
mármol y fundido en bronce.
Para el primero de abril, ya la cuenta había
llegado a los B/3,489.00 y el financiamiento estaba totalmente asegurado. Don
Angelo Vannetti podía trabajar a todo vapor para cumplir con la fecha
estipulada.
Otra de las actividades que se realizaron de inmediato
para honrar la memoria del esclarecido galeno, fue la remodelación de un
cuarto privado en el Hospital Panamá, con muebles nuevos, cortinas,
floreros y otras facilidades. La sociedad de Señoras Hebreas se
encargó de estos arreglos y pagó un año por adelantado el
costo de este cuarto, con el objeto de que fuera utilizado por los pacientes
pobres en forma gratuita.
Después de varios meses de mucho trabajo y
dedicación, el Comité, anuncia que el monumento había
llegado a Panamá el 3 de septiembre de 1938 y que el escultor lo
haría unos días después, para trabajar personalmente en
todos los detalles de su instalación.
Exactamente como fue planeado meses atrás,
llegó el 22 de noviembre de 1938 y con ello el cumplimiento de una gran
misión.
Se publicó la invitación siguiente en
los diarios locales:
"La Junta del Comité Pro Monumento Herrick
tiene el honor de anunciar a los contribuyentes que el monumento se ha erigido
en los terrenos del Hospital Panamá y los invita tanto a ellos como a
los amigos del finado Dr. Herrick al acto de descorrer el velo, que
tendrá lugar hoy 22 de noviembre a las 5:00 p.m., primer aniversario de
su muerte. La señorita Marguerite Herrick descorrerá el velo y
Don Samuel Lewis tomará la palabra".
La ceremonia fue muy emotiva y tuvo una enorme
concurrencia, presidida por doña Malvina de Arosemena, primera dama de
la República y con muy distinguidos profesionales del ambiente
médico de todo el país. Había una profusión de
ofrendas florales por todos los lados del monumento.
El orador de fondo Don Samuel Lewis pronunció
un extraordinario discurso donde mencionaba:
"La humanidad desde los tiempos más remotos ha
perpetuado el recuerdo de sus héroes, plasmado sus efigies en
mármol o bronce para ejemplo y estímulo de las generaciones
futuras". Añadiendo luego: "No hay error al afirmar que si la ciencia
fue su religión, la caridad fue su nombre". Esta frase con
pequeña variante se inscribió más tarde en la base del
monumento, por considerarse que era de características lapidarias y
resumía exactamente la vida del Dr. Herrick".
"LA CIENCIA FUE SU RELIGION Y HACER EL BIEN SU
NORTE"
Aseveraba el extraordinario orador que "la trayectoria
de su vida inmaculada ha de servir cual muy pocas, de estímulo de
abnegación". Continuó después: "Y aquel resucitado en el
bronce, vivirá perpetuamente acentuados sus rasgos físicos y
morales, por la pátina de nuestro recuerdo sin ocaso".
Se cumplió así una formidable etapa de
agradecimiento del pueblo hacia un preclaro y dedicado profesional, que
elevó a grandes alturas la medicina panameña, convirtiendo a
nuestro país en la meca hospitalaria por muchos años.
Otro punto interesante fue la exactitud del trabajo
del Comité al entregar esa bella pieza estrictamente dentro del plazo
fijado para su inauguración.
Panamá había cumplido en parte con su
deuda de gratitud hacia ese gran hombre.
Años más tarde (1966), al derribarse el
Hospital Panamá para dar paso a modernos edificios comerciales, la
estatua fue trasladada hacia una nueva localización, a través de
la misma calle y a extremo del Ministerio de Salud.
Herrick desde allí continúa con su
mirada severa y científica escudriñando el futuro y recordando
aquellos días cuando su hospital llegó a alcanzar la cima de la
atención médica desde México hasta la Patagonia.
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