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NACIONALIZACION DE LA PROFESION MEDICA
El 8 de septiembre de 1924 el Presidente Porras
había dado el trascendental paso de nacionalizar al Hospital Santo
Tomás, que muy recientemente acababa de inaugurar.
Abrió de esta manera, el camino para que las
posiciones claves fueran ocupadas por ciudadanos del país,
destacándose en esta línea el Dr. Alfonso Preciado, que vino a
ser el primer panameño en obtener el puesto de Superintendente de ese
centro hospitalario.
Con el transcurrir de los años, el país
veía aumentar el número de nacionales que regresaban con sus
títulos de doctor en medicina, pero de similar manera, observaba que
había una gran cantidad de extranjeros ejerciendo la profesión.
La Asamblea Nacional del periodo 1936-1940
contó entre sus miembros a dos distinguidos médicos que tomaron
en sus manos muchas luchas en favor de sus colegas.
Los doctores Sergio González Ruiz y Alberto
Navarro fueron verdaderos paradigmas y ejemplo para las generaciones futuras,
en sus afanes y desvelos por lograr mejores derroteros y ampliación de
las condiciones de trabajo en todo momento. Por eso, no era de extrañar
que en la sesión de ese órgano legislativo del 6 de octubre de
1938, se lanzaran de lleno con un proyecto de ley, altamente revolucionario
para la época y que vendría a representar un gran paso en la
historia de la medicina panameña.
La sesión de ese 6 de octubre fue sencillamente
histórica y sus protagonistas se cubrieron de esa gloria que se deposita
con caracteres de eternidad, sobre las ideas grandiosas.
La citada sesión empezó a las 4:10 p.m.
Después de consumidos los puntos regulares del orden del día, los
diputados Carlos Alvarado, José Ma. Trujillo, Antenor Quinzada y
Catalino Arrocha Graell presentaron un proyecto de ley sobre la
nacionalización de la profesión médica en Panamá.
Uno de los primeros ataques que se esgrimieron contra
dicho proyecto, mencionaba que los proponentes no tenían idea sobre la
profesión médica. La verdad sea dicha de paso, ya que los
verdaderos gestores de la idea eran los doctores González Ruiz y
Navarro, que más adelante en la sesión, se dedicarían de
todo corazón a defenderla, apoyarla y a convencer a sus colegas sobre
las bondades y beneficios que representaría su aprobación.
Los opositores argumentaban que el proyecto era de una
tendencia ultranacionalista y mencionaban el punto de no contar el país
en ese momento, con el suficiente número de médicos
panameños para cubrir debidamente las necesidades de salud de la
nación. Opinaron otros diputados que no alcanzaban a ver que beneficios
podría derivar Panamá con la implementación de esta
medida.
Se debía dejar las puertas abiertas para
cualquier médico eminente que deseara venir a establecerse aquí.
González Ruiz explica que por motivos éticos no había
querido ser firmante del proyecto de ley. Insiste en que se debe proteger los
intereses de los profesionales nativos en contra de extranjeros que se
encuentran desvinculados de la realidad nacional. Tampoco, afirma en su
brillante intervención, es cierto que los mejores médicos son los
que emigran de sus respectivos países en busca de mejores horizontes.
Recalca que son muchos los jóvenes panameños que se encuentran
cursando estudios en Estados Unidos y Europa, que al regresar no tienen
colocación en su propia tierra. Trae el ejemplo de algunos nacionales
que han tratado de practicar la medicina en otros países y no han podido
por encontrarse prohibida esa práctica a extranjeros.
Panamá adquirirá renombre y prestigio
cuando se use el Hospital Santo Tomás como lugar de entrenamientos para
nacionales de otras naciones.
Los oponentes del proyecto citan el ejemplo de que hay
regiones del país con sólo tres médicos y dos son
extranjeros.
Otros legisladores se unen al proyecto manifestando
que es un hecho positivo y que ya la profesión de abogacía se
encontraba protegida con la aprobación de la ley 55 de 19___ y que era
lógico hacer lo mismo con la medicina.
Se destacó también el estímulo
que este paso traería a la profesión médica, que se
sentiría apoyada dentro de su propio país.
Puesto a votación el proyecto resultó
aprobado por unanimidad y pasado a una Comisión integrada por los
diputados González Ruiz , Jacinto López y León y Octavio
Fábrega, con plazo de cinco días para rendir informe.
De regreso al pleno de la Asamblea, recibió
modificaciones para incluir un artículo nuevo en el sentido de obligar a
los becados del estado a prestar sus servicios en el interior de la
República por lo menos un año. Se modificó también
en el sentido de primero concluir con el año de internado obligatorio y
luego ir al interior, pues se estimó que era necesario con
antelación, adquirir la suficiente experiencia en el Hospital Santo
Tomás.
El proyecto de ley por medio del cual "se limita el
ejercicio de la medicina a los panameños o a los extranjeros que ya
estuvieran ejerciendo la medicina" pasó a una Comisión de
Redacción con término de 24 horas.
Se destaca en el espíritu y letras del
articulado original, y luego en las modificaciones que le fueron introducidas,
un gran deseo de hacer justicia a lo nacional, pero sin la mezquindad de
negarle igual oportunidad a aquellos extranjeros que ya compartían
nuestro suelo y que habían jugado un muy importante papel en la salud
pública de nuestro país.
Un trascendental paso de los doctores González
Ruiz y Navarro en defensa de los intereses de los médicos
panameños.
Desde entonces fueron aplicando cada vez más
estrictamente las medidas de la obligatoriedad de los dos años de
internado, uno en los hospitales de Panamá, Colón y
Chiriquí y el segundo en el interior de la República, para optar
por la idoneidad y ejercer la profesión médica. Pero el primer
requisito es ser ciudadano panameño y esto fue la victoria de los ya
citados Dres. González Ruiz y Navarro, a quienes las nuevas generaciones
de médicos nacionales deben honrar con todo cariño y respeto.
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