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INFLUENCIA NORTEAMERICANA EN LA SALUD PUBLICA DE
LA JOVEN PANAMÁ
Desde 1820 la fama de Panamá como un lugar
sucio, insalubre y muy peligroso para la vida, se encontraba firmemente
establecida.
Cuando los españoles que surcaban los mares
para ir de las costas del Oeste en Norte y Sur América hacia la Madre
Patria, tenían que usar el Istmo como paso obligado para el transporte
de su carga; la fiebre amarilla, la malaria y la disentería, los
diezmaban sin piedad.
De 1820 a 1849, al desatarse la avalancha humana hacia
California, por el descubrimiento del oro, fueron ahora los anglosajones
quienes sufrieron las mismas consecuencias que los españoles, algunos
años atrás, al emplear nuestro territorio como ruta hacia el
Pacífico. El ferrocarril de Panamá (1850-1855) tuvo una
altísima mortalidad entre sus trabajadores - aproximadamente un muerto
por cada una de las durmientes colocadas.
Negros y chinos, traídos como mano de obra,
perecieron en esta trampa humana que era nuestra capital.
Los franceses fueron los próximos a enfrentarse
a nuestro hostil ambiente, saturado de plagas y enfermedades, al fracasar en su
empresa del Canal a nivel (1880-1889).
Al sellarse la separación de Colombia y
adquirir los Estados Unidos todos los derechos para la construcción de
la vía interoceánica por Panamá (mayo 4 de 1904), supieron
aprovechar esta contingencia histórica y repetitiva de hechos
derrotistas, que llevaban directamente a demostrar una clarísima
realidad: para poder triunfar en esa empresa, había que sanear la
región en primer lugar, y luego atacar el problema de la
construcción del Canal.
SANEAR PRIMERO, CONSTRUIR DESPUES. MEDICINA
ANTES QUE INGENIERÍA.
Este planteamiento fue claramente comprendido por el
Presidente Roosevelt (Theodore), cuando decidió nombrar a William C.
Gorgas como Jefe de los Servicios de Salud del Canal.
No se trataba de ningún neófito en estos
problemas de saneamiento, pues ya había participado de manera muy
destacada en la erradicación de la fiebre amarilla en La Habana
(1901).
En noviembre 18 de 1903, se celebró el Convenio
Taft entre la joven república y el coloso del Norte, por medio del cual
se autorizaba a los Estados Unidos a tomar bajo su control el saneamiento
conjunto de la Zonal del Canal y las ciudades de Panamá y Colón.
Gorgas recibió amplios poderes en todo lo
concerniente a la salud, para establecer las normas necesarias y hasta para
imponer multas por incumplimiento de las mismas.
Una concesión única e increíble,
que hacía un país recientemente independizado y soberano, pero
que igualmente había comprendido que con ese acto, se aseguraba
también el bienestar básico de la salud de su pueblo.
Este paso le tocó al Dr. Manuel Amador Guerrero
y por muy penoso que hubiera sido tomarlo desde el punto de vista del orgullo
nacionalista, privó seguramente el concepto del profesional de la
medicina, que visualizó con claridad unas ciudades terminales muy
saneadas y a un país haciendo veloces avances en la Salud
Pública.
No se podía pensar, ni remotamente, en sanear
la franja de 5 millas a cada lado del Canal, si el resto del área bajo
el control panameño, permanecía en los atrasados niveles de los
siglos anteriores. Los Estados Unidos sabían perfectamente bien, que una
inversión que se efectuara en Panamá, directa e indirectamente,
se reflejaría en el éxito de la construcción de la
importancia vía canalera.
El Departamento de Salud se trazó de
inmediato, cuatro puntos iniciales de trabajo:
- Eliminar los lugares
de crecimiento de los mosquitos
- Matar los mosquitos
adultos
- Tratamiento de los
enfermos con el establecimiento de estrictos y obligatorias medidas
profilácticas
- Tratamiento de los
enfermos con el establecimiento de estrictos y obligatorias medidas
profilácticas
Paso a paso se fueron cumpliendo todos y cada uno de
estos objetivos, produciéndose transformaciones que indicaban un
progreso evidente.
El Hospital Santo Tomás se reforzó con
nuevos equipos e instalaciones, médicos y enfermeras norteamericanas,
que trabajaban junto con los panameños. Los primeros cuatro
superintendentes de este centro de salud fueron ciudadanos de los Estados
Unidos (Pedro de Obarrio, B. W. Caldwell, W. B Pierce y Mayor Edgard A.
Bacock).
El nivel de atención médica
consecuentemente mejoró en forma rápida. Estos profesionales
llegaron a traer nuevas técnicas y conocimientos en el cuidado de los
enfermos, a imponer disciplina y a despertar inquietudes de docencia, que
llevaría a la fundación de la Escuela de Enfermeras del Hospital
Santo Tomás, bajo la dirección de Miss Louise Brackamayer
(1908).
Se implantaron programas de vacunación
rígidos, al igual que visitas regulares a las casas con el objeto de
fumigar y regar aceite contra los mosquitos en charcos y aguas estancadas.
Gorgas dividió el territorio entre las ciudades
de Panamá y Colón en varios distritos médico-sanitarios,
cada uno dotado de facilidades hospitalarias chicas (25 a 50 camas) y
dispensarios de primera atención (5 a 10 camas), en poblaciones menores,
a lo largo de la ruta del Canal.
El ferrocarril poseía además cuatro
carros hospitales para el transporte de enfermos o heridos a cualquiera de los
puntos más cercanos, para una atención inmediata.
Los locos y los leprosos eran atendidos en el Hospital
Ancón, en pabellones separados.
En enero de 1905, los primeros fueron trasladados a un
nuevo hospital en Corozal. El Gobierno Nacional pagaría $0.75 diario por
paciente. Este arreglo persistió hasta 1930, cuando se construyó
el Retiro de Matías Hernández, hoy denominado Hospital
Psiquiátrico Nacional.
Los leprosos se llevaron posteriormente a otro
recién construído centro de salud en Palo Seco (1907), en un
lugar apartado de la capital y con vista al Canal.
Con la decidida guía y ayuda de los
norteamericanos, Panamá realizó enormes progresos en la Salud
Pública, que de otra forma hubieran tomado muchos años en llegar
a realizarse y a un costo de muchas vidas.
Nos llevaban de la mano en estos problemas sanitarios,
enseñándonos a cada paso, la correcta forma de atacar y
resolverlos.
Si el objetivo final era dejar habitable y libre de
enfermedades a la Zonal del Canal, para que los trabajadores cumplieran con su
misión principal de construir este canal, era obvio que se debía
seguir un programa de saneamiento paralelo y similar en nuestro país y
bajo un único mando y dirección.
La fiebre amarilla quedó totalmente erradicada
de Panamá, la malaria se controlaba eficazmente y las ciudades
terminales eran un modelo de limpieza.
Eficaz y puntual recolección de la basura,
calles nítidamente limpias, acueductos modernos con agua cristalina,
completo control de las excretas, alcantarillado y desagües que eran
rutinariamente limpiados y despejados, programas de fumigación y
vacunación, absoluta y rígida inspección de barcos y
pasajeros que arribaban a los puertos, con cuarentenas muy severas y altos
niveles de atención hospitalaria, dieron como resultado la
transformación de Panamá, la conquista sanitaria del área
y una exitosa terminación de la obra cumbre de la ingeniería y
maravilla del mundo en agosto 15 de 1914.
El progreso alcanzado en todos estos años y las
enseñanzas de los norteamericanos, no se podían perder ni
desperdiciar. Recibimos un gran impulso inicial y no lo dejamos caer en el
vacío. Todos esto planes y dentro de nuestros escasos recursos
económicos, se empezaron a desarrollar por el resto del país
(hospitales, unidades sanitarias, fumigación, vacunaciones, programas
antimaláricos).
La Fundación Rockefeller llegó en 1914 y
de inmediato se desarrolló una campaña nacional contra la
uncinariasis. Creación de pozos artesianos, letrinas en todas las casas,
periódicas visitas de los inspectores sanitarios, administración
gratuita de anti-parasitarios. Aperturas de laboratorios especiales en
Panamá, Colón, David, Chorrera y Bocas del Toro.
Con la inauguración del nuevo Hospital Santo
Tomás, por el Presidente Belisario Porras en septiembre 15 de 1924, se
hizo cargo la República de Panamá del total y absoluto manejo de
este nocosomio.
Paulatina y gradualmente fueron pasando a nuestro
control todos y cada uno de los servicios de salud existentes y que
permanecían en manos de los Estados Unidos.
Aprendimos muy bien nuestras primeras lecciones y
guías, recibimos y supimos administrar perfectamente estas ayudas en la
Salud Pública.
La joven república se movió
rápidamente, con grandes avances y logros en este campo de la medicina.
Reflejo actual de ese promisorio inicio bajo la
influencia de los Estados Unidos, es nuestro plan de Salud Pública, que
ha servido de modelo para otras naciones. |