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LA IMPORTANCIA DE LAS BRIGADAS SANITARIAS
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El Coronel William C. Gorgas había llegado al
Istmo de Panamá en 1904, al frente de un extraordinario equipo de
médicos, una vez que todas las negociaciones sobre los haberes de la
Compañía Francesa del Canal Interoceánico, se
habían completado.
El triunfador de La Habana en el campo de la malaria y
la fiebre amarilla, fue seleccionado por el presidente Theodore Roosevelt para
que tratara de repetir el éxito alcanzado y facilitar las condiciones
propicias de trabajo basadas en la salubridad como factor primordial, y de esta
manera adelantar la portentosa obra donde anteriormente los galos habían
fracasado.
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Las condiciones sanitarias en las ciudades de Panamá y
Colón eran paupérrimas, pero en las otras áreas
circunvecinas a los trabajos de excavación, se podían calificar
de inexistentes. |
| Era el imperio del desorden ubicado en un reino de mosquitos. Los
anófeles (malaria) y stegomya fasciata - más tarde rebautizado
como Aedes Aegypti- (fiebre amarilla, también dengue), imperaban por
todas partes aumentando diariamente las estadísticas
mortales. |
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 Anófeles
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No importaba en esos momentos si era Finlay o Walter
Reed, el descubridor del vector que propagaba la temida fiebre antes
mencionada. La historia acabaría por colocar a cada uno dentro de su
verdadero aporte científico.
El cuadro que se vivía en el Canal en esos
momentos, era realmente político, en primera instancia, y demandaba
acciones rápidas para no caer en repeticiones funestas de la anterior
compañía.
El poderoso país norteño no debía
persistir en planes de trabajo que fueron un desastre y obviamente necesitaba
cambiar el enfoque desde los primeros momentos.
Gorgas tuvo que librar largas y enconadas luchas para
que su teoría de sanear primero y construir después, fuera
aceptada y batallar de manera insistente para la aprobación de aquellos
presupuestos donde se solicitaban grandes sumas de dinero para la
adquisición de mallas protectoras, de enormes cantidades de aceite
crudo, de materiales para fumigación y sobre todo para mano de obra en
sus etapas originales. Estas ideas fueron motivo de sarcásticas burlas
en las altas esperas de su gobierno en Washington.
Luego de fuertes discusiones, resultó de
singular acción el apoyo irrestricto ofrecido por el presidente
Roosevelt a este proyecto, y quien después de estudiar la
concepción de Gorgas, en un momento acertado, decidió
respaldarlo.
El saneamiento se puso en marcha con mucha efectividad
y el éxito del canal de Panamá podría visualizarse desde
ahora con mejores perspectivas.
El mismo Gorgas, nombrado Oficial Jefe de Sanidad,
describía que una de sus primeras visitas al arribar al Istmo, la hizo a
un campamento de soldados, muy robustos y sanos, que estaban localizados en una
cercana colina, situada dentro de las mejores condiciones ambientales posibles.
Sin embargo, 170 de un total de 450 habían contraído malaria, a
pesar de haber vivido en Panamá solamente treinta días.
Si esto sucedía, se preguntaba Gorgas, a un
grupo fuerte y bien alimentado, que no podría acaecerle a otros
trabajadores con inferiores condiciones físicas?.
Su respuesta y apreciación del problema fue
rápida. De no tomarse todas las medidas tendientes a mejorar la
situación sanitaria imperante, la mortalidad igualaría o
sobrepasaría las cifras de la época francesa y el fracaso
sería igualmente estrepitoso.
La tarea se vislumbraba precisa y clara. Limpiar toda
la ciudad, ponerla bajo un estricto sistema de inspección y control
sanitario, eliminar los depósitos innecesarios de agua y controlar los
mosquitos por todas partes.
Saneamiento en la colección de basuras y una
prueba por malaria a toda la fuerza laboral para mantener un historial
completo.
Iniciar tratamiento con quinina para todos los casos
conocidos y darle un estrecho seguimiento hasta su curación.
Con estas medidas, técnicamente se eliminaba al
hombre como fuente constante de re-infección.
Las estadísticas mortales de los franceses
durante su periodo en el canal, nunca pudieron ser exactas ni aproximadas, ya
que los contratistas de las diferentes obras, tenían que pagar cinco
francos diarios para la atención hospitalaria de los obreros y se
especulaba que muchos fallecían en sus propias casas, obviando de esta
manera, los costos de dicha atención.
Gorgas estimaba que la mortalidad en la época
francesa pudo haber sido de 240 por 1000 anualmente, algo verdaderamente
trágico y que posteriormente se disminuyó a 2.1 por 1000,
demostrando la efectividad de todos los controles sanitarios implantados.
 Antes de construccíon
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 Una draga en Ciudad de Colón
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 Después de la
construcción |
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La labor sanitaria se inició con sistemas de
drenaje y limpieza de todas las calles, con abundante agua potable para la
población.
La verdadera guerra se centralizó
después contra los dos mosquitos culpable de la fiebre amarilla y
malaria.
Las brigadas de fumigación que entraron
rápidamente a su labor, fueron en muchas ocasiones rechazadas por los
propios habitantes de Panamá y Colón, ya que interrumpían
las labores diarias de la familia y de manera similar a nuestros días,
la incomodidad de tener trabajadores extraños dentro del propio hogar,
no era una tarea muy agradable de soportar.
Ante esta resistencia pasiva de la población,
prevaleció el tacto diplomático de Gorgas y de su personal
asistente.
Otras brigadas que jugaron un papel importante en
estas tareas, fueron las de cloroformo que se encargaban de llevarse
anestesiados a los mosquitos para su posterior estudio microscópico y
determinar si estaban o no infectados. Un hallazgo positivo desataba de
inmediato una intensa búsqueda de los posibles contagios que existieran,
para aislarlos y evitar la propagación de la enfermedad.
Los regadores de aceite eran otro grupo de importancia
en el saneamiento de las ciudades canaleras. Con sus recipientes en las
espaldas y esparciéndolo por doquier, donde se encontraban charcos de
aguas, pozos, letrinas, excusados, constituían una figura muy familiar
en esa época.
La campaña contra la malaria se
desarrolló dentro de los siguientes parámetros:
1. quinina: 3 gramos
diarios para todos los pacientes 2. protección por medio de mallas a
puertas y ventanas de las habitaciones y hospitales 3. captura y
destrucción de los mosquitos por brigadas especiales 4.
aniquilamiento del anófeles al eliminar los charcos y acumulaciones de
líquidos 5. aceite para regar en yacimientos de agua y liquidar al
mosquito en estado larval 6. limpieza del monte y maleza de la inmediata
vecindad de los pueblos
Resultados positivos de estas medidas:
1. en 1906
había un 6.8% de casos de malaria tratados en hospitales 2.en 1911
bajó a 1.5% 3. la mortalidad fue de 233 empleados en 1906 4. en
1911 descendió a 47 5. eliminación completa de la fiebre
amarilla
La resistencia inicial que ofrecieron los habitantes
de las ciudades terminales fue desapareciendo poco a poco, y luego se
transformó en una amplia cooperación, al apreciar y valorar los
grandes y benéficos resultados que saltaban a la vista de toda la
comunidad.
Las puertas de las casas de familias se abrieron de
par en par y se ofreció una expedita entrada, luego de haber sido
superados los rechazos de primer momento.
Los norteamericanos consiguieron una decisiva
victoria en esta batalla ambiental de medicina preventiva en cuyo aspecto no
fueron eficaces los franceses.
La historia no ha dado la debida importancia al
trabajo callado e intenso que desempeñaron las diversas brigadas
sanitarias en el saneamiento del Canal de Panamá y su tremendo aporte al
exitoso final de esta empresa.
Desempeñaron con mucho interés y
abnegación el rol que les tocó jugar en la gigantesca maravilla
de construir un canal interoceánico.
Otros verdaderos héroes anónimos en la
contribución total hacia el éxito alcanzado |