| EL EFECTO
CATALÍTICO DEL ORO EN CALIFORNIA SOBRE PANAMÁ
La fiebre del oro que se desató en California, en
enero de 1848, cuando un carpintero de New Jersey, encontró
pepitas del precioso metal, en la finca de John Sutter, repercutió
sobre el mundo entero.
Anterior a este episodio, la vida en Panamá era muy
pausada y serena, excepción hecha de las guerras entre
liberales y conservadores colombianos y que por efecto directo
e indirecto, influenciaban la tranquila monotonía de
esta lánguida existencia, como sucedió con la
Guerra de los Mil Días.
El factor aurífero, nuevamente vino a resaltar como
el efecto catalítico, de mayor preponderancia, tal
como sucedió durante el período de la conquista.
No solo dentro de los Estados Unidos, sino prácticamente
del mundo entero. Miles de viajeros empezaron una marcha hacia
“El Dorado”, transitando con el expreso deseo
de arribar a su destino, en el menor tiempo posible.
.
Geográficamente había tres posibles rutas para
marchar hacia California al encuentro con el oro:
1. cruzando los Estados Unidos, en carretas tiradas por caballos
o mulas.
2. viajando por mar, dando la vuelta por el Cabo de Hornos
y
3. atravesando el Istmo de Panamá.
La primera escogencia, significaba una marcha sumamente extensa
en las famosas carretas tiradas por caballos o mulas, con
la posibilidad de afrontar a feroces indios de todas las tribus,
que no tenían ningún tipo de miramientos para
asesinar y descabellar a todos los invasores.
Los variados climas que debían ser desafiados durante
la larga travesía, las enfermedades y toda clase de
inconvenientes, demostraron el gran valor y temerario coraje
de estos buscadores de oro.
El segundo trayecto que consistía en un viaje por
mar, de más de 18.000 millas, con todos los problemas
y peligros que estos desplazamientos ocasionaban, además
del tiempo y dinero, que debía ser invertido.
Restaba todavía, el Istmo de Panamá, faja estrecha
de tierra de 80 millas de ancho, pero totalmente llena de
dificultades, con selvas inmensas y casi impenetrables, con
un terrible clima, lluvias torrenciales, mosquitos y enfermedades
por todas partes, enormes ríos y el latente problema
de la pobre atención hospitalaria.
Pronto se convirtió en la más transitada, pues
representaba un ahorro en distancia, mayor de 8000 millas,
comparado con la vía por el Cabo de Hornos.
(New York-Cruce por Panamá- San Francisco) vs. (New
York-Cabo de Hornos-San Francisco).
Panamá, fue tomada por asalto de viajeros, de todos
los tipos y calañas, que solo les interesaba encontrar
la más rápida vía hacia California.
Este vandalaje se inició el 7 de enero de 1849, cuando
cerca de 200 viajeros que procedían de un barco (el
Falcón) que había encallado cerca de Colón,
se volcaron sobre la ciudad.
Desembarcaron a tierra y decidieron cruzar el Istmo, a bordo
de mulas o de cayucos, pasando por caminos infernales, llenos
de enfermedades y de las peores condiciones climáticas,
que dieron cuenta de un alto número de ellos.
Y esa perenne fuente de transeúntes de todas los tipos,
introdujo en Panamá un turismo de la peor categoría,
irrespetuoso de la ley y las buenas costumbres, borracho,
criminales y jugadores.
Por fortuna, se trataba de personas, que no deseaban en lo
más mínimo, quedarse en Panamá, sino
continuar su marcha, a la mayor velocidad posible, para llegar
al mágico lugar.
Eso sí, durante su escasa permanencia en suelo panameño,
producían grandes daños a la ecología
del país y a las costumbres apacibles de los nativos.
Existe el testimonio de uno de estos viajeros, de Massachussets,
quien escribió:
“no tengo tiempo para dar razones, pero al decirlo expreso
el sentimiento general de todos los pasajeros que han conversado
conmigo y lo digo por un temor a Dios y amor por los hombres,
que no vengan por esta ruta, por ningún motivo. No
opino sobre las otras, pero no vengan por ésta”.
Hacia 1850, cuando los trabajos del ferrocarril transístmico
se iniciaron por la Compañía de Stephens- Chauncey-Thatcher,
y que terminaron en enero de 1855, nadie volvió a pensar,
nunca más, en las otras rutas, pues el camino de hierro,
con todas las comodidades, su rapidez y seguridad para terminar
el cruce (dos horas), hacía que cualquier competencia
se tornara impensable.
De hecho, resultó el negocio más lucrativo
que se fundara en Panamá, con altísimos dividendos
en la Bolsa de New York. (44%).
Se dijo un final adiós, a los viajes por tierra en
mulas y cayucos, a través de la Cordillera y a todos
los peligros existentes, a los cuales, se sumaron, en los
últimos años, la aparición de bandas
de ladrones, que mataban y robaban a los transeúntes.
Para contrarrestar esta peligrosa situación, la Compañía,
durante los trabajos , se vio obligada a formar su propio
cuerpo de vigilantes, que bajo la dirección del Capitán
Ran Runnels, terminó con estos ataques, con la simple
medida de ahorcar, en el mismo sitio, sin ningún tipo
de contemplaciones y fuera de procesos judiciales, a los facinerosos.
La migración a la ciudad de Panamá, ante estas
posibilidades para el legítimo negocio, aumentó
rápidamente y la ciudad, lo mismo que Colón,
en el lado Atlántico, se transformaron en grandes emporios
comerciales.
El ferrocarril de Panamá, siempre fue visto como un
antecesor del Canal, en lugar de aparecer como una competencia
excluyente y esta aseveración fue comprobada en su
totalidad, cuando el Canal de Panamá se inauguró
el 15 de agosto de 1914, con el cruce perfecto por el vapor
Ancón, luego de diez años de duro bregar y con
el incluyente y exitoso desarrollo de ambas empresas.
Las minas de California y su impacto en el universo marcaron,
igualmente, en nuestro país, varios años después,
un giro favorable en los intentos separatistas de los panameños,
porque demostraron que podíamos ser un país
de tránsito y servicio,
La tierra de Panamá fue dividida para unir al mundo,
pensamiento que luego fuera plasmado en el lema que aparece
en nuestro Escudo Nacional y que lo expresa con las palabras
PRO MUNDI BENEFICIO.
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