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EN TIEMPOS DE LA CALIFORNIA
Con la esperanza de construir un paso que comunicara ambos
océanos, mediante una vía ferrocarrilera, el
gobierno de Nueva Granada suscribió varias concesiones,
empezando con Charles Biddle en 1835, que terminó en
un gran fracaso.
En 1845 fue aprobado otro contrato con igual fin, por la
firma Solomon y Cia,con con una duración de noventa
años, que tuvo un final semejante .
En enero de 1848 se encontraron en California, unos grandes
yacimientos de oro que marcaron un tremendo éxodo de
personas, que por todos los medios de transportación
posibles, trataban de viajar lo más rápido ,
hacia el nuevo El Dorado.
Los ansiosos exploradores marchaban por tierra cruzando de
este a oeste el territorio de los Estados Unidos, acompañados
por sus familias y en grandes caravanas, siguiendo extrañas
y difíciles rutas, donde eran muy frecuentes los ataques
hostiles de los indios.
También se empleaba la vía marítima,
que por ese entonces, los barcos tenían que dar la
vuelta por el Estrecho de Magallanes, lo cual significaba
muchas millas añadidas a un largo viaje.
De New York a San Francisco siguiendo esta ruta, significaba
alrededor de 13.000, en cambio, cruzando el istmo de Panamá,
aunque se tratara de infernales caminos con innumerables peligros
y enfermedades, había un recorrido de solo 5000 millas,
con un claro ahorro de 8000 millas.
La vía cruzando Panamá, no había estado
muy frecuentada, cuando sucedió el naufragio del pequeño
navío Falcon y el desembarco en Colón de 200
viajeros, quienes no tuvieron otra alternativa que marchar
hacia Panamá, subiendo en canoas por el Río
Chagres, luego vadeando a pié o en mulas por el Camino
de Cruces y finalmente arribar a la capital.
Aunque sufrieron toda clase de incomodidades y padecimientos,
este grupo tuvo un éxito total en su travesía
y de inmediato, la ruta se impuso por el ahorro de tiempo.
Nuevamente, se hizo notorio en nuestra historia, la gran
influencia que ejerció un hecho acaecido a miles de
millas de nuestras fronteras y que tuvo enormes repercusiones
en
la apacible y tranquila vida de los panameños.
Para llegar a la California, la ruta de Panamá se
iba imponiendo sobre las otras y observando esta realidad,
floreció la idea de construir un ferrocarril transoceánico
en los norteamericanos John L. Stevens, William Aspinwall
y George W. Totten y tratar de acaparar todo el mercado de
viajeros que deseaban trasladarse hacia el dorado lugar.
Los trabajos del ferrocarril no llevaban el avance suficiente
y empezaba a reinar el desconcierto entre los dirigentes,
cuando otro hecho fortuito, vino a presentarse como una bendición
y decretar la salvación de la empresa.
Debido al mal tiempo reinante, en una ocasión, unos
barcos no pudieron atracar en el puerto de Chagres y los pasajeros
debieron descender en Manzanillo, y desde allí, abordar
unos vagones del ferrocarril ( en construcción ), para
llegar hasta Gatún, determinando así, un nuevo
punto de desembarque, que hizo más fácil y expedito,
el traslado de los pasajeros.
El 28 de enero de 1855, el viaje inaugural del tren fue realizado
con un gran éxito. Vinieron muchas celebraciones con
vino, champagne y bailes.
La gran obra costó cerca de 8.000.000 de dólares
y un gran número de muertos, que una leyenda infundada,
exagerada, de color negro y que irresponsablemente se repite,
estima en uno fallecido por cada durmiente de la vía.
Un personaje ávido por los números, estimó
que había 75.000 de estos durmientes y era muy obvio
que tal cantidad de defunciones jamás pudo ocurrir.
Algunos cálculos mencionan aproximadamente cerca de
8000 difuntos.
El costo del pasaje era de $ 25.00, una vía, más
10 centavos por libra de equipaje. Con estos altos cobros,
la Compañía del Ferrocarril de Panamá,
se convirtió en el más próspero negocio
de esos tiempos, cuyas acciones se llegaron a cotizar muy
alto en la Bolsa de Valores de New York.
Los tiempos de La California, fueron recordados con mucho
cariño en Panamá, pues se vivió una bonanza
y gran auge económico, resultado de nuestra privilegiada
posición geográfica, que una vez más,
trazó nuestro destino de un país de tránsito.
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