| KONG WONG YEE, EL CHINO
OLVIDADO DEL 3 DE NOVIEMBRE
La guerra de Los Mil Días con su enorme secuela de
muertes, sobretodo en la batalla final del Puente de Calidonia,
vino a ser un elemento, muy determinante, para acelerar los
planes secesionistas de los patriotas panameños; aunque
es innegable, que fue el rechazo del Tratado Herrán-Hay
por el Senado Colombiano, el 12 de agosto de 1903, de forma
unánime, el factor catalítico de mayor importancia.
Como se puede observar por las fechas, los istmeños
solo tuvieron 81 días para organizar y llevar a cabo,
el movimiento de secesión ( 12 de agosto a 3 de noviembre
)
El presidente de Colombia, Dr. José M. Marroquín,
había recibido muchas recomendaciones, donde le hacían
saber, que el rechazo del mencionado Tratado por el Senado,
tendría funestas consecuencias para el país.
Sobre este punto, fueron muy claras y contundentes, las opiniones
vertidas por los Embajadores de Colombia ante los Estados
Unidos, Concha y Herrán, además por el distinguido
diplomático Martínez Silva, el doctor en Leyes
Enrique Cortés y el Gobernador del Departamento de
Panamá Facundo Mutis Durán, todos ellos, personajes
de muy altas posiciones y dueños de la mayor credibilidad,
a través de sus vidas.
Bunau-Varilla, además de haber advertido al gobierno
colombiano, sobre el mismo tema, publica en el periódico
parisino Le Matin, el 2 de septiembre de 1903, un extenso
artículo donde mantenía la tesis de que esta
repulsa, equivaldría a una carta en blanco para que
los Estados Unidos, actuando en forma directa y sin consultar
con nadie, iniciarían los trabajos de excavación
del Canal, después de firmar un Tratado, ya no con
Colombia, sino con una independiente Panamá.
La potencia norteña., contrario a su política
exterior de siempre, enviaron el citado Tratado Herrán-Hay
a Bogotá, habiendo el Senado norteamericano otorgado
su aprobación , el 23 de enero de 1903, sin la previa
aceptación por parte de Colombia.
El Senado de Colombia, después de varios días
de tormentosas sesiones, terminó por rechazarlo, en
forma unánime, el 20 de agosto de 1903.
Un tremendo bofetón diplomático que no sería
fácilmente olvidado y que nunca más llegarían
a cometerlo.
El 29 de agosto del mismo año, el embajador Tomás
Herrán se dirige al presidente José Manuel Marroquín,
expresándole que el rechazo del Tratado, había
tenido un efecto tremendamente negativo, en la opinión
pública norteamericana y sobre todo en el presidente
Theodore Roosevelt, quien sentía que había sido
tomado por un tonto y además burlado.
El 4 de septiembre, Herrán insiste ante su gobierno,
señalándole que los istmeños adelantan
gestiones para separar a Panamá de Colombia y entonces
firmar un Tratado para la construcción del Canal, directamente
con los Estados Unidos.
Cuatro días más tarde, el mismo diplomático,
envía una nota a William Cromwell, abogado norteamericano
de la Compañía del Ferrocarril de Panamá,
donde le reprocha sus acciones a favor de los grupos secesionistas
istmeños.
Para esta época, era un secreto a voces, la acción
que tomarían los panameños, posterior al rechazo
del Tratado Herrán- Hay.
El ya mencionado Cromwell, de la reconocida firma Sullivan
y
Cromwell, también añade su grano de arena en
estas premoniciones, al dirigirle un mensaje al presidente
Roosevelt, el 15 de octubre de 1903, donde le indicaba “
si usted deja pasar la oportunidad de hacer el Canal de Panamá,
posiblemente se pierda para siempre, la mejor opción
que se nos ha presentado, hasta la fecha, para realizar esta
obra”.
Con la llegada de Amador Guerrero a Panamá, ( octubre
27 ) procedente de New York, los pasos hacia un levantamiento
en Panamá, se aceleraron y el apresamiento de los generales
colombianos Tobar y Amaya, apoyados por el general Esteban
Huertas, fueron el detonante para iniciar el movimiento revolucionario
del 3 de noviembre.
El Coronel Jorge Martínez, quien en realidad era un
Comisario-Pagador, quedó por circunstancias del destino,
al mando de la cañonera Bogotá, surta en la
Bahía de Panamá, había intimidado con
bombardear la ciudad, si los apresados generales no eran puestos
en libertad y como no sucedió así, inició
su amenaza ,que se tradujo en seis cañonazos que produjeron
mucho pánico en la población y mataron a un
ciudadano chino y a un burro.
Este cañoneo fue contestado desde la muralla de las
Bóvedas, por el capitán Juan B. Chevalier y
la Bogotá viró su rumbo y desapareció
de vista.
También estaban anclados en la Bahía el “
21 de noviembre “ y el “ Chucuito “ que
no participaron en la acción .
El nombre del asiático ha estado, durante varios años,
casi totalmente ignorado, en artículos y en libros
de texto de Historia, relativos a la causa secesionista panameña.
Algunos autores, después de diversas investigaciones
mencionan que se llamaba WONG KONG YEE.
El proyectil que lo mató, mientras dormía placidamente
una siesta en su cuarto de Salsipuedes, fue recuperado por
el General Nicolás de Obarrio y posteriormente entregado
a Herbert Prescott, Jefe de Correos y Telégrafos de
la Compañía del Ferrocarril de Panamá,
en reconocimiento a su eficiente y extraordinaria ayuda durante
la saga separatista.
El misterio se desvanece, aunque solo importe para la exactitud
de la Historia.
Desde ahora en adelante, se mencionará que los cañonazos
de la Bogotá mataron a un ciudadano chino llamado Wong
Kong Yee y a un burro.
Por fortuna, esa fue la totalidad de la sangre humana que
se derramó en el movimiento secesionista de Panamá
de Colombia, por lo demás incruento.
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