| LOS
PRIMEROS CINES PARLANTES EN PANAMA
El pueblo
panameño siempre ha tenido una muy aceptable afición
por las películas de cine, interpretándolas
como una forma agradable y amena de entretenimiento.
A pesar
de la crisis económica existente en esta nación
hacia fines de la década de los años veinte,
que solo era un reflejo de la situación mundial, las
salas de cinematografía aparecían como una válvula
de escape para los problemas cotidianos y los teatros registraban
buenas concurrencias.
En la
República de Panamá, el presidente Florencio
Harmodio Arosemena, había tomado unas restrictivas
medidas para sortear el agudo momento, reduciendo su propio
salario, para dar el ejemplo, que fue seguido por todos los
altos funcionarios, extendiendo estas regulaciones hasta los
empleados públicos, incluyendo a maestros y profesores.
No obstante
lo anteriormente expuesto, la misma industria del celuloide
en nuestro medio, seguía con paso firme y los Teatros
Amador, Cecilia, Variedades, El Dorado en esta ciudad y el
América y Strand en Colón, mostraban satisfactorios
balances.
El séptimo
arte había evolucionado de aquellos cortometrajes,
basados en la mímica, para seguir hacia películas
mudas con grandes estrellas como Mary Pickford, Greta Garbo,
Bebe Daniels, Clara Bow, el extraordinario Charles Chaplin
y vaqueros como Hoot Gibson, Bob Steele, Richard Dix y Tom
Mix.
Las carteleras
igualmente incluían, entre otras, a destacadas luminarias
como Vilma Banky, Ronald Colman, Lon Chaney, (El Hombre de
las Mil Caras), Emil Jennings, la familia Barrymores, Irene
Rich, Lillian Gish y la novel Joan Bennet.
Con el
objeto de atraer mayores concurrencias, ofrecían unos
intermedios musicales, que superaban al precio de la entrada,
por la calidad de las presentaciones.
El Variedades
anunciaba a una orquesta reforzada, que tocaría las
tardes y las noches. El Amador en la primera semana de enero
de 1929, ofrecía el último danzón que
producía Ricardo Fábrega.
En el
Strand de Colón, la famosa princesa hindú Madiah
Kelly actuaría en los intermedios de la película
“Give and Take” con Jean Hersholt.
En el
Teatro Cecilia se anunciaban las presentaciones del novel
artista Lucho Azcárraga, para deleitar a los asistentes
con su inimitable estilo en el piano.
Más
tarde, Azcárraga se iría a tomar unos cursos
con Lee White, el famoso organista del Teatro Roxy de New
York.
Aparentemente
todo marchaba muy normal, hasta que la empresa Wilcox Saenger
Co., que administraba los teatros Cecilia y Strand, en Panamá
y Colón respectivamente, decidió dar un tremendo
paso hacia adelante y anunció las exhibiciones de películas
parlantes, con la instalación de un novedoso sistema
de Vitaphone.
Hollywood,
la meca del cine, años antes había marcado esta
pauta. Entre los artistas de renombre, existía el gran
temor de no poder adaptarse a la nueva tecnología,
que en forma decisiva, se iba imponiendo rápidamente.
Así
como varios hicieron la transición sin ningún
tipo de traumatismos (Charlie Chaplin con las películas
Monsieur Verdoux, El Gran Dictador y Candilejas), Greta Garbo,
Adolphe Menjou, Richard Dix, Ronald Colman, la trilogía
de los Barrymores y muchos otros), también la voz de
algunos, no fue lo suficientemente diáfana y clara,
para ser reproducida y tuvieron que resignarse a un final
de sus carreras.
Se perfilaba
como algo increíble, el escuchar directamente todo
lo que acontecía en la pantalla, pero sobre todo deleitarse
con las canciones, los extraordinarios arreglos musicales
y números bailables que aparecían.
La inauguración
del cine sonoro en el país, se hizo simultáneamente
en los teatros Cecilia y Strand, de Panamá y Colón,
obteniéndose un éxito sin precedentes y enormes
concurrencias de aficionados que demostraban un incalculable
interés por el nuevo sistema.
El Cecilia
proyectó la famosa película de Al Jonson, titulada
“The Singing Fool” el día 26 de abril de
1929.
Las canciones
principales de ese film como ¨”Sonny Boy”,
“I’m singing at the top of the world” y
“Smiling at troubles”, pronto fueron aprendidas
por el público y de las magníficas coreografías
que se observaron, se derivaron muchas ideas para ser aplicadas
en nuestro medio.
En la
ciudad del lado atlántico, la iniciación del
sonido en el Teatro Strand, comenzó el mismo día
26, con la proyección de la cinta “The Hometowners”
con Richard Bennett y Doris Kenyon. El sonido fue nítido,
sin problemas y recibido con grandes aplausos por los espectadores
que no dejaban de expresar su aceptación por lo presenciado
y escuchado.
Los habitantes
de ambas ciudades terminales y de la Zona del Canal ofrecían
un masivo respaldo con su asistencia y pagando entradas de
0.75, 0.50 y 0.25, mientras que en la capital, se cobraba
1.00, 0.75 y 0.50.
Después
se continuaron intercambiando en ambas carteleras, las películas
sonoras “Weary River” con Betty Compton y Richard
Barthelmess, “My Man” con Fanny Brice, “The
Barker” con Milton Sills y Dorothy McKiell, “Jazz
Age” con John Mac Brown y Jeannette Loff, “Show
People” con Marion Davis y William Haines, “Queen
of the night clubs” con Lila Lee, John Miljan y Eddy
Foy Jr.
Considerando
la gran afluencia de público que se presentaba a ver
estas exhibiciones, que marcaban un señalado avance
en la cinematografía, las funciones se iniciaban a
las 11:00 a.m. para terminar a las 11:00 p.m.
El Strand
de Colón, en una ocasión exhibió la película
“El Crimen Perfecto” con Clive Brooks e Irene
Rich, combinado con una actuación personal de Giovanni
Martinelli, un tenor a quien se nombraba como sucesor de Caruso,
además de la orquesta de Roger Wolfe Kahn.
De forma
muy clara, estos dos teatros habían asumido la delantera
en esta carrera y del mismo modo, las ciudades de Panamá
y Colón, se unían a las grandes urbes del mundo,
donde las películas sonoras estaban en todo su apogeo.
Inclusive,
los teatros que operaban en la Zona del Canal, en los clubhouses
de Balboa, Gamboa, Cristóbal y La Boca, al igual que
en los fuertes Amador, Clayton, France Field, Sherman, Randolph,
Gatún y Quarry Heights, aún permanecían
dentro de la época del cine mudo.
Como
no llegaban a Panamá, en esos momentos, películas
parlantes en suficiente cantidad, también se proyectaban
del tipo mudo, como Guantes de Cabritilla con Conrad Niegel,
The hole in the wall, con Claudette Colbert y E. G. Robinson,
The Wolf of Wall Street, con George Brancoft.
El 1
de julio se anunció Sonny Boy, con Al Jolson y Betty
Brown, mientras que en el Strand figuraba Hillary Trail con
Beatrice Joy y Betty Brown, dentro del género hablado
y la serie de éxitos continuó su largo camino.
En febrero
11 de 1931, el Teatro Variedades, bajo la dinámica
gerencia del Coronel Gabriel Barrios, inauguró su sistema
de cine sonoro, con el estreno de la película “Sevilla
de mis amores” dirigida y actuada por Ramón Novarro,
con Conchita Montenegro.
Es de
notar aquí la gran voluntad y fe del Coronel Barrios
en lanzarse a esta aventura, cuando el país todavía
no se acababa de reponer de su primera revolución,
en la era republicana, que tuvo lugar el 2 de enero de 1931,
dirigida por el grupo patriótico llamado Acción
Comunal.
Con motivo
de las reformas llevadas a cabo y que significaban una renovación
completa en el sistema de proyección y sonido, el mencionado
teatro estableció los precios de 0.20 y 0.40 en la
tarde y 0.25 y 0.60 en la noche.
Ese mismo
día se ofrecían en el Cecilia, la Fuerza del
Bluff con Glenn Taylor, Amador: Muñeca Celestial con
Laura La Plante, ElDorado: Sombras de la ley con William Powell,
en el Strand y América de Colón: Amor Audaz
(Adolphe Menjou) y El escudo del Honor (Neil Hamilton), respectivamente.
De una manera similar los otros cinematógrafos de
Panamá, fueron adhiriéndose a la rueda del progreso,
que había transformado en forma total a la industria
del celuloide a nivel mundial.
Los teatros Cecilia y Strand pasaron a la historia panameña
como los pioneros en la historia de la cinematografía
parlante.
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