|
R.I.P. PARA EL TRANVÍA ELÉCTRICO
Desde su inauguración el 27 de septiembre de
1919, el tranvía eléctrico se convirtió en parte integral
de la vida capitalina.
Cumplía definitivamente una muy importante
misión en ofrecer respuestas para solucionar los crecientes problemas
del transporte colectivo en una urbe que empezaba a sentirse importante y a
presentar aires de gran ciudad.
Las rutas que se cubrían (Palacio - Bella
Vista - Sabanas y Balboa, con extensiones posteriores hacia el Hotel
Tívoli y la Normal de Institutoras), eran bien conocidas por toda la
población, que se encontraba perfectamente satisfecha y que en muy
contadas ocasiones había exteriorizado protestas o quejas por el
servicio que era ofrecido.
Los tranvías lucían amplios, muy
limpios, espaciosos y proyectaban una sensación de seguridad al observar
a la enorme mole de hierro y madera, que se desplazaba cómodamente sobre
los rieles, imprimiendo un aspecto muy citadino en su viaje, con el tintineo de
las campanas que anunciaban la marcha, que se estremecían con mayor
fuerza buscando un paso expedito en el tráfico o surgían como
gritos de advertencia hacia las personas o automóviles.
Sin discusión se convertían en los amos
de las calles pues no existía otro transporte que en tamaño y
fuerza se le pudiera oponer.
Siempre resultó un paseo muy agradable, sobre
todo los domingos, cuando por motivos promocionales, se adquiría por una
módica suma, un pase general, que permitía a su poseedor, surcar
libremente por todas las rutas sin ninguna clase de limitaciones en cuanto a
número de viajes o tiempo del recorrido. Una manera muy sana y al
alcance de los escuálidos bolsillos de los estudiantes, que lo usaban
con frecuencia para llevar de paseo a sus noviecitas.
Los tranvías cargados con las estudiantes de
la Escuela Normal eran algo clásico en el acontecer diario de la vida
capitalina, cumpliendo un estricto horario.
El servicio estuvo funcionando en forma casi perfecta
durante 27 años y nadie podía vislumbrar una acción del
Gobierno Nacional, tendiente a solicitar la cancelación del contrato que
había existido por tanto tiempo, pero sobre todo, sin mediar razones
valederas que pudieran respaldar tal actitud.
No obstante, surgieron una variada gama de
especulaciones en esa época, tendientes a buscar esa explicación,
(mucho ruido, calles estrechas, más automóviles, problemas de
tránsito, entre otras) paro conducir a el epílogo de la
abrogación del citado documento entre la Compañía
Eléctrica Nacional, subsidiaria de la Compañía
Panameña de Fuerza y Luz y el Gobierno Nacional.
Un acuerdo de tal naturaleza se firmó entre el
señor Herbert L. Starborn, por la Compañía y el Ing.
Manuel V. Patiño, Ministro de Obras Públicas, en
representación del Gobierno Nacional.
Ante el Notario Público, Rogelio ávila
Presidente., se protocolizó la escritura pública No. 734 del 31
de mayo de 1941 donde se establecían los siguientes puntos:
- Suspensión del
servicio de transporte colectivo prestado por los tranvías a partir del
1 de junio del mismo año.
- Pasaban a la
Nación todos los terrenos y estructuras donde estaban localizados los
talleres y depósitos de los tranvías, además de una noria
o gran cisterna de agua, que se encontraba adyacente a esos talleres.
- La
Compañía se hacía responsable de remover todos los rieles
que no se encontraran dentro de pavimento o de cemento.
- Eliminar dentro de un
período de seis meses todos los postes, alambres y demás
instalaciones.
- Los rieles en
pavimento, es decir aquellos que se encontraban desde la estación del
Casino hasta el comienzo de la Avenida Central y hasta el Chorrillo,
deberían ser eliminados por el Gobierno Nacional.
- La Nación
entregaría a la Compañía, la suma de B/ 15.000.00 como
medida compensatoria por la cancelación del contrato.
- Se permitía a
esta última, usar, tener y usufructuar por 25 años un lote de
terreno adyacente a la planta eléctrica en la Avenida Central.
- Nulificación
de los distintos contratos celebrados con relación al servicio de
tranvías y otros.
- Garantizar a la
Compañía que no sería objeto de ninguna clase de reclamos,
demandas o acciones por parte del Municipio o cualquiera otra entidad, por
razón de este contrato.
- Declarar a la
Compañía exenta de toda responsabilidad con referencia a la
Nación.
La Compañía publicó en los
diarios de la localidad el siguiente anuncio que se explicaba por si solo:
AVISO AL PUBLICO
Se avisa al público que, en virtud del
convenio celebrado en el día de hoy entre el Gobierno Nacional y esta
compañía, el servicio de tranvías eléctricos en la
ciudad de Panamá será suspendido definitivamente a partir de esta
noche del sábado 31 de mayo de 1941.
La empresa de tranvías agradece por este medio
a sus empleados y al público en general, la cooperación que le
han prestado durante los años en que ha estado operando este servicio.
Mayo 31 de 1941. PANAMÁ ELECTRICE COMPANY.
El día 8 de mayo de 1941, un grupo de
jóvenes que pertenecían a una agrupación auto denominada "
Pro bienestar social " realizó un mitin, en tono jocoso, donde trataron
el tema que denominaron " el entierro del señor Tranvía" y al
mismo tiempo las otras cajoneras pancartas, símbolos de los
protestadores crónicos, como " el alto costo de la vida"," de los
alquileres", y "el problema de la vivienda".
Con anterioridad se había distribuido una
invitación pública que tenía el siguiente contenido:
INVITACIÓN
"Se invita a la ciudadanía, en general, al
entierro del que en vida fue el señor Tranvía de Panamá.
La Comisión Organizadora del entierro,
agradecerá la puntual asistencia a este acto piadoso, hoy 8 de mayo de
1941.
Cita: Plaza de Arango a las 4:30 P.M.
Nota: No se aceptan ofrendas florales ".
Hubo una concurrencia regular encabezada por el
Alcalde del Distrito, algunos diputados a la Asamblea y corregidores de
barrios.
Letreros con inscripciones bufas tales como :"
Cascarón amarillo, ya no pasarás más por la Avenida
Central" " Malvado tranvía, hoy te enterramos". "Canalla
cascarón, descansa en paz" eran llevados por los manifestantes.
El desfile fúnebre se dirigió hacia el
Parque de Santa Ana, donde se encontraba un tranvía, allí se
subieron algunos de los manifestantes y Claudio Liverpool, un antiguo motorista
de la compañía, lo condujo en su último recorrido.
Las coronas, lazos negros y cartelones alusivos
fueron colocados en el techo, partes laterales y frontales del tranvía y
la cómica procesión siguió hasta la Plaza 5 de mayo, al
son de la clásica marcha fúnebre de Chopin, acompañados
por un triste repicar de las campanas.
En este lugar se dio marcha hacia atrás, para
terminar frente al edificio de la Fuerza y Luz (situado en la Avenida Central y
cercano al Banco Nacional y Caja de Ahorros, actualmente ocupado por diversos
tipos de almacenes), donde el grupo se disolvió sin pena ni gloria, ya
que por lo avanzado de la hora, no se pudieron lanzar los consabidos discursos
y arengas de protestas políticas. Todo esto fue una preparación
para el paso siguiente que se consumó con la firma del convenio que
terminaba el servicio de tranvías eléctrico, entre la
compañía y el Gobierno Nacional el 31 de mayo.
Los días siguientes a esta suspensión
fueron de verdadero caos en la ciudad, por los enormes inconvenientes que
aparecieron en el transporte colectivo, ya que no se habían tomado las
medidas en forma paralela para atacar lo que obviamente iba a suceder.
Enormes filas de irritados ciudadanos y de
estudiantes se veían en todas las estaciones, esperando en forma
inútil un medio de transporte que les permitiera llegar puntualmente a
sus trabajos y colegios, algo que resultó extremadamente difícil
por varios días.
La ciudad no se acostumbraba todavía a
desprenderse de sus tranvías sino que añoraba el servicio
eficiente que habían prestado por tantos años.
Con el pasar del tiempo, autobuses modernos vinieron
a suplir las rutas dejadas por el antiguo tranvía, cuyo recuerdo
melancólico era difícil de perderse y se continuaba
extrañando el tañer enérgico de sus campanas, el
chisporrotear de los cables eléctricos, los agudos frenazos y sobre todo
el terror que inspiraba ese conductor de gran estatura y firme porte, con sus
grandes y puntiagudos bigotes, que se juntaba al miedo ante la autoridad de los
inspectores de los boletos y sus maquinitas perforadoras de aquellos tiquetes.
Para los que recuerdan: Deme un transbordo, por
favor.
Desaparecía una etapa histórica del
transporte colectivo en Panamá muy llena de anécdotas y
recuerdos, que cumplió una exitosa campaña en nuestra ciudad y
que probablemente nunca regresará. |