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LA ESCUELA NORMAL DE SANTIAGO
El
Presidente de Panamá, Dr. Juan Demóstenes Arosemena, había
sido electo en junio 7 de 1936, en unos comicios que fueron tildados como nada
transparentes. La oposición encabezada por Don Domingo Díaz
Arosemena gritó que hubo fraude electoral. No obstante, el 1 de octubre
del citado año, tomó posesión de la más alta
magistratura del país, con el debido reconocimiento del Gran Jurado
Nacional de Elecciones.
Desde sus inicios la administración Arosemena
fue dando muestras de una dirección firme, progresistas y
patriótica, ya que estaba encabezada por una persona de gran objetividad
en las decisiones, una formación académica de sólidas
bases, con firme carácter y vocación por las grandes obras para
la historia.
Innovador como pocos, se le ocurrió abrir
caminos hacia el interior y así empezó a germinar la idea de
trasladar la Escuela Normal de Institutoras, que se encontraba en el Barrio de
la Exposición de esta ciudad, para Santiago de Veraguas, en el mismo
centro del interior de la patria.
Desde sus inicios, la idea gubernamental
tropezó con fuerte oposición, especialmente por aquellas personas
que se veían de inmediato afectadas por un futuro cambio de residencias,
nuevos hogares y amistades. Los profesores, maestros y administrativos,
incluyendo a estudiantes de la capital, de pronto se veían con la
amenaza de cambiar toda su forma de vivir, con un traslado hacia Santiago de
Veraguas.
La revolucionaria idea fue tomando más calor
entre la ciudadanía, pues demostraba un sentido nuevo en la
educación nacional por llevar el desarrollo hacia otros lugares.
También una mejor compenetración de los estudiantes, futuros
maestros, con los lugares y pueblos donde, precisamente, tendrían que
realizar sus labores docentes y esparcir los conocimientos adquiridos.
El maestro formado en nuevos centros, allegados a su
misma concepción, se identificaría mucho más con el
ambiente y vendría a ser el principal motor en el desarrollo de una
nueva concepción del concepto cambiante de la educación.
Tal vez ésta fue la idea principal y base
fundamental del Presidente Arosemena, además de la clave primordial de
su éxito.
Se planeó una obra física gigantesca
para demostrar toda la pujanza y esfuerzo que el gobierno intentaba plasmar en
esa región.
El ingeniero constructor fue Luis Caselli,
supervisado por una junta de profesionales integrada por el Ing. Leopoldo
Arosemena, secretario de Gobierno y Justicia, el Ing. Ernesto Jaén
Guardia, secretario de Higiene, Beneficencia y Fomento y el Ing. Augusto E.
Arosemena, como jefe de la Sección de Diseños y Construcciones.
Se levantó la edificación en un inmenso
llano, repleto de tradiciones y creencias campesinas, donde predominaba la
leyenda de una luz nocturna que vagaba por el área y que representaba el
alma de los muertos en las guerras entre los liberales y conservadores o en
otra interpretación, como algo indicativo de tesoros escondidos, que
saldrían a la superficie en algún momento.
El periodista Ignacio de J. Valdés, en su
famoso cuento "La Luz del Llano", enmarcado dentro de una poderosa
técnica narrativa, y que se publicó con motivo de las
celebraciones inaugurales, mencionaba que dicha luz vagaba por la eternidad,
pero que ahora se había convertido en la Normal de Santiago y su
peregrinaje eterno había terminado.
El área total del terreno era de 42,500 metros
cuadrados, de los cuales 3921 se destinaron para dormitorios, 4123 para
edificios de enseñanza, 870 para las casas del director y subdirector,
518 dedicados a pasillos.
La capacidad para alumnos era 1200 (12
señoritas venezolanas se iniciaron en este centro, al igual que 10
becarios costeados por el diario El Panamá América y uno por el
Club Miramar de Panamá).
Como núcleo original se nombraron el 25 de
mayo a 30 profesores, al director Agustín Alvarez Villablanca, chileno y
como subdirectora a la señora Inés Fábrega de Prieto,
oriunda de Santiago de Veraguas y destacada educadora nacional.
La matrícula original fue de 864
jóvenes de ambos sexos, de los cuales 536 eran señoritas internas
y 91 varones. Como externos se anotaron 113 mujeres y 124 hombres.
Santiago de Veraguas vivió el 5 de junio de
1938, unos momentos históricos de grata recordación para los
miles de visitantes que acudieron a presenciar tan importante acto. La ciudad
se había vestido con sus mejores y relucientes galas, pero sobre todo
con un contagiante entusiasmo por todos los sectores, que se veían
totalmente engalanados.
El programa oficial fue el siguiente:
- Alma Mater, canto por los alumnos de la Escuela.
- Bendición del plantel por su Excelencia el
Nuncio Apostólico de Panamá, Monseñor Carlos Chiarlo.
- Pieza musical "El Secreto" de Gautier, Banda
Republicana.
- Discurso del Excmo. Sr. Presidente de la
República.
- Pieza musical "Serenata Chiricana" de Rebolledo.
Banda Republicana.
- Discurso del Dr. Julio J. Fábrega, en
representación del Consejo Municipal de Santiago.
- Discurso de la señorita Josefina Aldrete,
en representación de la mujer veragüense.
- Pieza musical "Dos Guitarras" de Herlick. Banda
Republicana.
- Discurso de Don Nicolás Victoria J., en
representación de la Academia Panameña de la Historia.
- Himno Nacional. Banda Republicana.
La ciudad se había convertido en un hervidero
de más de 12,000 personas, con una inmensa cantidad de
automóviles circulando por todas partes.
La naturaleza se presentó muy pródiga,
ya que a pesar de unas pequeñas lloviznas, el tiempo se encontraba
levemente nublado y con una brisa bastante agradable.
Los actos se iniciaron a las 4 de la tarde de ese
domingo 5 de junio de 1938, con la llegada del Presidente Arosemena y su
distinguida comitiva a los balcones de la Gobernación de la provincia.
Un desfile muy imponente y ordenado se dio comienzo
con unidades de la Policía Nacional, ciclistas locales, escuadrones de
caballería, Banda Republicana, Cuerpo de Bombero de Santiago, escuelas
públicas de la ciudad y de la capital, con sus vistosos uniformes,
Comité Organizador, empleados públicos, concejales, Colonia china
y delegaciones de los corregimientos.
Terminada esta parte y bajo arcos de triunfo, el
Presidente Arosemena, se dirigió hacia el Aula Máxima de la
Escuela Normal.
En la gran extensión de terrenos para los
futuros jardines, se encontraba la estatua de Urraca, símbolo de la
rebeldía nacional.
El primer mandatario en su magnífico discurso
manifestó que este "plantel a la vez que constituye testimonio de mi
gratitud a la provincia de Veraguas, es brújula que marca uno de los
derroteros que con más empeño he procurado imprimir a mi
gobierno: la vuelta al interior de la república y su
incorporación a la vida moderna y al progreso. La obra trascendental que
hoy iniciamos, señores, es la que pudiéramos llamar la
liberación del interior".
Dirigiéndose a los alumnos les
manifestó: "os toca el privilegio de ser los primeros iniciados en este
templo del saber y a la cultura. Sobre vosotros pues, recae la responsabilidad
de prestigiarlo y darle brillo y hacer que cumpla los elevados fines para que
ha sido creado. En el interior está la redención del país:
toca a vosotros realizarla".
Una brillante pieza oratoria del Presidente J. D.
Arosemena, que fue recibida por nutridos aplausos de más de doce mil
personas que se regocijaban por la terminación de una de las obras
más trascendentales de su gobierno.
Como un recordatorio especial se hizo una
emisión de estampillas conmemorativas, que se pusieron a la venta a las
9:00 a.m. y que para las 3:00 p.m. se habían agotado totalmente.
La historia se ha encargado de demostrar, con su
fallo inexorable, lo acertado que resultó esta medida. Un verdadero faro
de luz y esperanza en la educación nacional.
Como dijera un informe periodístico de la
época: "la inauguración de la Escuela Normal de Santiago de
Veraguas, quedará como uno de los fastos más significativos de la
vida republicana de Panamá. Es la dignificación del interior de
la República. Y ha sido un Presidente nacido en la capital el que la ha
iniciado. No es posible olvidarlo". |