|
NAUFRAGIO DEL VAPOR TABOGA
Al carecer la capital panameña en la
década de los años 10, de medios aceptables para la
comunicación terrestre con el interior de la república y la
transportación aérea en nuestro país, todavía
distaba mucho de convertirse en una realidad, quedaba solo el mar como la
única forma para acercarse a las provincias distantes.
Inicialmente esta actividad se llevó a cabo
por medio de pequeños botes que realizaban cortas travesías,
hasta que la necesidad misma forzó hacia la fundación de una
Compañía de Navegación Nacional, propiedad de los hermanos
Pedro y Próspero Pinel.
Cubría unos itinerarios bien confeccionados,
pero sobre todo bien puntuales, uniendo a Panamá, Búcaro, Puerto
Mutis, Soná, Pedregal, Remedios, Puerto Obaldía, Mensabé,
Guararé, Puerto Posada, La Palma, Chepigana, El Real, Taboga,
Chitré, Aguadulce y San Carlos.
Los vapores llevaban pasajeros, ganado, cerdos,
caballos y carga, además de un recién inaugurado servicio de
correos, que agilizaría todos los movimientos económicos de la
nación.
El público se iba acostumbrando y confiando en
este tipo de transporte, porque observaba el desarrollo y crecimiento de la
empresa, provenientes de la seguridad y sólida reputación que
rápidamente conquistaba.
Todo este programa de cursar los anchos
océanos era ya algo completamente normal y dentro de la rutina diaria,
hasta que la nación entera se vio sacudida en la mañana del 24 de
mayo de 1911, con la noticia del naufragio del vapor Taboga ocurrido la noche
anterior, en la punta Guánico, en las costas de Los Santos.
Las primeras noticias del siniestro, vinieron en la
forma de un telegrama enviado por el alcalde de las Tablas, Higinio de
León, especificando que un mensajero venido del lugar de los hechos
informaba haber encontrado 40 personas vivas en Guánico y otras seis en
Búcaro, resultado del hundimiento del vapor Taboga.
También por medio de informes de
corresponsales de los diarios capitalinos, tales como el siguiente:
Las Tablas, 25 de mayo de 1911
Prensa. Panamá
"Desde Tonosí, comunícame Agente
Compañía Navegación Nacional, haber naufragado vapor
Taboga con ciento cuarenta tripulantes. Muchos de ellos pertenecientes a
familias de la Capital, lo mismo que crecido número de estudiantes
procedentes de la Provincia de Chiriquí y de los pueblos de Santiago y
Soná. Solo se han salvado 40 hasta ahora."
( Fdo ) ALEJANDRO FERRER Agente.
La nave, había chocado contra unas rocas,
aproximadamente a las 7:50 p.m. del martes 23, a unas tres millas de la costa y
en medio de una inmensa oscuridad de la noche.
El naufragio fue rápido, tomando menos de 10
minutos para ser total, lo cual ofrecía una indicación de los
momentos de pánico, zozobra y temor que intensamente se vivieron, sobre
los cuales se destacaron actos de verdadero heroísmo por miembros de la
tripulación y de algunos pasajeros.
El secretario de Relaciones Exteriores de
Panamá, señor Federico Boyd, solicitó la
cooperación de las autoridades de la Zona del Canal, para que se enviara
a la cañonera YORKTOWN de la marina norteamericana, con el objeto de
ayudar a los náufragos y traer a los sobrevivientes. Esta ayuda fue
concedida con gran celeridad.
También se dirigió al mismo lugar del
suceso el vapor David, donde viajó el Sr. Pablo Pinel, condueño
de la Compañía de Navegación Nacional, propietaria de la
nave siniestrada y otros caballeros, con el objeto de realizar investigaciones
sobre las causas del desastre.
Informes del señor Próspero Pinel, otro
de los copropietarios y coincidentemente uno de los pasajeros en el fatal
viaje, indicaron que perecieron 23 personas, nueve de Santiago de Veraguas, 5
de Chiriquí y 9 miembros de la tripulación.
Los fallecidos pertenecían a distinguidas
familias de Chiriquí y Veraguas, muriendo algunas señoritas que
se dirigían a la capital a proseguir sus estudios secundarios.
Al momento del choque, el capitán Campbell se
encontraba jugando cartas en el salón principal con varios pasajeros,
mientras que la nave estaba bajo el mando del piloto Mathews.
Dos personas con amplia experiencia en asuntos
marinos ( Pinel y Mendizábal ) quienes estaban cerca del puente de mando
en el aciago momento, advirtieron al timonel de la nave, sobre el grave peligro
que se presentaría, de proseguirse con el rumbo que se marcaba, tan
cerca de las rocas.
El piloto fue a advertir al capitán sobre este
hecho, quien le preguntó si ya se había pasado la punta Morro de
Puercos y ante la respuesta positiva , ordenó continuar con el rumbo
trazado.
Minutos más tarde, el Taboga chocaba contra
las rocas, a unas tres millas de la costa.
Al principio el mismo capitán no le dio la
importancia inmediata a lo sucedido y pensó que la estructura del vapor
pudiera resistir el peligro y salir adelante, pero al ver como la
presión del agua prácticamente rompía la puerta de
contención No. 1, se percató de la gravedad de la
situación dedicándose a ayudar a los pasajeros y finalizados sus
deberes, se tiró al agua para nadar hacia la costa.
Los momentos de pánico y terror que de
inmediato se presentaron, en medio de gritos de desesperación e
histeria, marcaron la pauta que fue vivida con gran intensidad por los
pasajeros.
Por más esfuerzos que se realizaron,
reinó la confusión y desorden propio de tales acontecimientos.
Los que pudieron bajaron en botes repletos de
personas, otros se lanzaban al agua, se asían a tablas flotantes,
nadaban con todas sus fuerzas hacia la orilla, que aparecía muy distante
en la negra noche. Otros se aferraban al ganado que nadaba hacia la costa.
Los vecinos del lugar se presentaron a la playa de
Cambutal para auxiliar en todas formas a los náufragos que habían
alcanzado tierra y compartieron con los mismos sus alimentos, agua y ropas.
La búsqueda de los cadáveres se
llevó a cabo por varios días, tanto por la nave Yorktown como por
el vapor David, hasta que se dio la cifra oficial de los fallecidos ( 23 ),
tragedia que conmovió en todas sus raíces a la ciudadanía
panameña, llevando luto a numerosas familias.
Destacable por su valentía fue la
acción de Andrés B. de Ponsignon, hermano del Encargado de
Negocios de Francia en Panamá, quien estuvo en el mar asido a un
salvavidas, por más de 11 horas, hasta que fue rescatado por Sotero
Díaz, morador del lugar, persona que prestó incalculable
colaboración y se prodigó en grandes esfuerzos en todo momento.
Posteriormente y como un reconocimiento a sus
innumerables servicios llevados a cabo en esta trágica situación,
el gobierno francés, condecoró a Díaz como Caballero de la
Legión de Honor.
Al regresar el barco Yorktown al muelle en
Panamá se dieron escenas de gran alegría por los familiares de
los sobrevivientes, así como de tristeza y llanto por los fallecidos.
El presidente de la Companía, don
Próspero Pinel, pasajero de la nave como ya se ha mencionado,
rindió un informe al Inspector del Puerto, Jefe del Resguardo Nacional
de la siguiente forma:
" Es de pública notoriedad la
catástrofe que produjo el rápido hundimiento del vapor Taboga,
perteneciente a la Companía de Navegación Nacional y la muerte de
algunos pasajeros y tripulantes, que a su bordo venían de las provincias
de Chiriquí y Veraguas, hecho ocurrido minutos antes de la ocho de la
noche del martes 23 del corriente mes, frente a la Ensenada de Cambutal,
jurisdicción de la Provincia de los Santos.
En mi calidad de Presidente de la Companía
nombrada, como pasajero de la nave perdida, le pido a usted respetuosamente que
inicie minuciosa y concienzuda investigación del luctuoso suceso que me
ocupa, a fin de que caiga sobre los responsables del desastre, si es que los
hay, toda la sanción de la ley. Estoy dispuesto a rendir
declaración jurada de lo que me consta al respecto"
Panamá, 29 de mayo de 1911 Prospero Pinel.
Esta solicitud del señor Pinel se hizo en
vista de los argumentos poderosos que se esgrimían por todas partes
contra la companía, planteando que no estaba ofreciendo las debidas
garantías para la seguridad de los pasajeros.
El Capitán Campbell y el piloto Mathews fueron
apresados al bajar en el desembarcadero del Mercado Público y protegidos
por un destacamento de policías que los condujo al Cuartel Central, pues
seriamente se temía que fueran atacados por parientes de las
víctimas.
Dos semanas después, el Inspector de Puerto,
Don Carlos Berguido y el Juez Superior de la República, Dr. Juan
Demóstenes Arosemena, dieron inicio a las investigaciones que contempla
la ley, para deslindar las responsabilidades correspondientes.
El gobierno panameño, a través de la
Secretaría de Relaciones Exteriores, dictó la Resolución
No.1535 del 31 de mayo de 1911, donde "es grato hacerle saber a usted, y por su
digno medio al Comandante y Oficiales del crucero americano Yorktown, que el
Gobierno y pueblo panameños agradecen los valiosos y desinteresados
servicios prestados por dicha nave con motivo del reciente naufragio del vapor
Taboga. Pero lo que más obliga la gratitud nacional es la buena
voluntad, el desinterés y abnegación de que ha dado ejemplo el
Comandante y los oficiales del Yorktown en la humanitaria labor que han
realizado".
Tanto el capitán Campbell como el piloto
Mathews, de origen inglés, habían tenido a lo largo de sus
carreras un historial sin mancha y poseían licencia de la
compañía Lloyd of London.
El 3 de junio del mismo año, fueron puestos en
libertad mediante fianza concedida por el funcionario instructor del caso, el
Juez Superior de la República.
Se lanzó la idea por Federico Escobar de una
subscripción popular para levantar un Monumento de la Caridad a la
Humanidad. " Los navegantes, al pasar por el frente de aquella inmensa Tumba,
deben aferrar las velas, echar anclas y de rodillas, sobre la cubierta, entonar
el Rogatorio por las Animas Benditas de todos los Navegantes Náufragos".
El hundimiento del Taboga fue un hecho trágico
de enormes proporciones para una nación de apenas ocho años de
vida independiente, que nunca había experimentado nada semejante,
sacudiendo a la sociedad hasta sus más profundas raíces, que sin
embargo reaccionó al unísono, con vivas muestras de solidaridad
humana, ante el tañir de las campanas de dolor que se escucharon en esos
días. |