| EL
CAMINO LAS CRUCES
En 1519
los españoles terminaron de construir una vía
de comunicación que uniera el Atlántico con
el Pacífico, a través de un camino estrecho,
pero hecho de piedras de diferentes tamaños, que se
encontraban enclavadas en la tierra, dando una solidez y firmeza
que desafió los siglos.
La mano
de obra inicial provino de los indios nativos, pero muy poco
tiempo después, se introdujeron al país, esclavos
negros del Africa, a quienes se les dio un trato cruel e inhumano,
empleándose cadenas para mantenerlos unidos en sus
horas de trabajo, donde abundaban los latigazos, por cualquier
tipo de descuidos.
El mismo
camino era bastante transitable, pero sumamente estrecho,
aproximadamente 1 ½ metros, con innumerables precipicios
y peligrosas curvas, construido de piedras con diferentes
tamaños, pero firmemente enclavadas en la tierra.
Desde
el poblado de Chagres, en la desembocadura de ese río,
se viajaba río arriba, en cayucos o bongos, bajo potentes
remeros negros de muy fuerte contextura física, luchando
contra la corriente y llegar al poblado de Gorgona, en ocasiones,
o hasta Las Cruces, para tomar el camino empedrado, cruzar
las montañas y llegar a Panamá, una distancia
total de 60 millas.
Uniendo
la parte acuática sobre el Río Chagres, con
la ruta montañosa de las Cruces hacia Panamá,
se convertía en la primera ruta intercontinental, de
Atlántico a Pacífico, en América.
Tuvo una
increíble época de prosperidad, al servir como
paso para los tesoros provenientes de Sur América,
especialmente del Perú y otros países, para
llevarlos al Atlántico, y ser trasladados a galeones
que se dirigían hacia España.
El Camino
de Cruces presentaba enormes peligros, aparte de las posibilidades
de ataques por malhechores, robos y asesinatos, a que se exponían
estos desesperados viajeros.
El cruce
era tan peligroso y horrible, que un viajero de Massachussets,
escribió “ pero al decirlo, y exteriorizo el
sentimiento unánime de los pasajeros, a quienes he
oído expresarse y es, diciéndolo con temor a
Dios y por el amor del Hombre, a unos y a todos, que bajo
ninguna circunstancia, vengan por esta ruta. No tengo que
decir nada sobre las otras, pero no vengan por esta”.
Los ladrones
muy pronto se enteraron del tránsito de oro, plata
y joyas preciosas, que se enviaban a España y se dedicaron
a atacar a los viajeros que trataban de llegar al lado Atlántico.
Al decaer
el poderío español, esta vía fue perdiendo
su uso y prácticamente desapareció, por los
avances del tiempo, clima y el poder de la selva, que todo
lo invadía.
Los acontecimientos
que sucedían en California, con el descubrimiento de
yacimientos de oro, en California ( 1848 ), determinaron un
resurgimiento para el transporte intercontinental de la inmensa
cantidad de pasajeros deseosos de trasladarse al nuevo paraíso.
Los botes
y sus fornidos remeros, hacían un enorme negocio, al
cobrar hasta $ 40.00 por persona por transporte hasta Cruces
( en el invierno) o hasta Gorgona en el verano,
unas 37 y media millas o 20 millas hasta Panamá.
El viaje río arriba por medio de cayuco tomaba de 3
a 3 y medio días, mientras que por un barco, duraba
de 8 a 24 horas.
Desde
Las Cruces hacia Panamá, era un día de viaje,
por medio de las mulas.
cada una de ellas se alquilaba a razón de $ 15 por
día, sin incluir el equipaje.
Por los
continuos robos de oro y piedras preciosas, llevadas a cabo
por los asaltantes, se constituyó una especie de milicia
privada, bajo la dirección de un antiguo militar, llamado
Ran Runnels, quien integró un cuerpo bien entrenado,
que procedía a linchar a cualquier ladrón, sin
mayores contemplaciones. Esta forma agresiva de lidiar con
los malhechores, terminó con la ola de asaltos a los
viajeros.
La misma
Compañía del Ferrocarril de Panamá, subvencionaba
a este cuerpo de milicia, que tan rápidos resultados
tuvo.
Cuando se inauguró el Ferrocarril de Panamá,
en enero 28 de 1855, vino el total abandono del Camino de
Cruces, cuyo memoria todavía está presente,
por la gran importancia que tuvo en el desarrollo de Panamá,
por más de tres siglos, recordando que el pirata Henry
Morgan, empleó esta ruta para cruzar el Istmo y atacar
a Panamá.
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