| ALGUNAS
CAUSAS EN LA DEBACLE DEL CANAL FRANCES
Los trabajos
del canal francés fueron inaugurados técnicamente
en febrero 1,1881, cuando el ingeniero Armand Reclus, ingeniero
jefe de la Compagnie Universelle du Canal de Panamá,
envió un lacónico cable al Conde de Lesseps
en Paris, donde especificaba "Travail commencé",
"trabajos comenzados".
Sin embargo,
simbólicamente el 1 de enero de 1880, la primea palada
de tierra, fue dada por la niña Fernanda de Lesseps,
que acompañaba a su padre en un viaje a Panamá,y
que tenía propósito de demostrar al mundo y
sobre todo a los accionistas franceses, que no había
ningún peligro en Panamá.
En enero
de 1881, habían arribado al Istmo, varios trabajadores
calificados y que fueron dirigidos por Gaston Blanchet, para
todos los proyectos del campO, además de la masa laboral
de negros e indios, que reclutaron inicialmente en las ciudades
de Panamá y Colón.
La Compañía
adquirió el edificio donde se encontraba el Grand Hotel
y que fue reacondicionado a todo lujo, para allí instalar
sus oficinas centrales. Este local, todavía en pié,
sirvió por muchísimos años para el Servicio
de Correos y Telégrafos, lo mismo que para dependencias
del Ministerio de Educación.
Desde
un principio todo reflejaba una gran y febril actividad en
la parte organizativa, sin embargo, la ciudad de Panamá,
a decir del mismo Reclus, era un conglomerado cosmopolita,
resultado de cruces de blancos, negros, indios y chinos.
Reclus
se encargaba de mantener a la sede central en Francia, debidamente
enterada de todos los pormenores que se presentaban en el
frente panameño.
Contrario
a lo que se piensa en términos generales, los franceses
si tuvieron grandes inversiones de dinero en la parte curativa
de la salud.
Construyeron
un gran centro hospitalario de 500 camas, el Hospital Central
de Panamá, con muy buenos profesionales de la medicina
para la atención de los enfermos, levantado a un costo
de 5.600.000 dólares, localizado en las faldas del
Cerro Ancón, otro en la ciudad de Colón de 1.400.000
dólares, ambas sumas exorbitantes para la época,
y muchas clínicas a lo largo de la línea del
ferrocarril, para las urgencias. También fueron un
poco más allá y edificaron un centro para convalecientes,
con capacidad para 50 pacientes, en la acogedora isla de Taboga,
con sol, aire y playas, para acelerar la recuperación
de los enfermos.
Excelentes
en el aspecto curativo de la salud, no así en la parte
preventiva, sin dudas, por no conocerse todavía la
forma como se propagaban las terribles fiebre amarilla y
malaria.
El Hospital
Central ( después conocido como Ancón, durante
la época norteamericana) y luego en marzo de 1928,denominado
Gorgas, mediante una resolución del Congreso de los
Estados Unidos, en honor del gran médico que saneó
totalmente a las ciudades de Panamá y Colón.
Este centro hospitalario fue ampliado y magníficamente
equipado con los adelantos mas recientes de métodos
de diagnóstico y laboratorio, sin escatimarse fondos
hacia este objetivo. El resultado fue un hospital que por
muchos años tuvo un incalculable brillo en la prestación
de servicios médicos.
También
construyeron suntuosas mansiones como la residencia del ingeniero
jefe Jules Dingler y la edificada, en la nueva barriada Cristóbal,
para que el conde de Lesseps, usara durante su corta estadía
en Colón, en 1881.
Otra alta
erogación que tuvo la Compañía fue la
adquisición de la empresa del ferrocarril de Panamá,
que prestaba extraordinarios servicios desde enero de 1855.
Es relevante anotar aquí, que se trataba del sexto
ferrocarril transcontinental que se construía en el
mundo.(precedido únicamente por Inglaterra, Francia,
Rusia, Dinamarca y los Estados Unidos).
Después
de intensas negociaciones, que siempre chocaban con una línea
dura que asumían los dueños del ferrocarril,
se convino en un pago de veinte millones de dólares
( $20.000.000.00) y este alto precio vino a representar una
ganancia sustanciosa para los accionistas, o sea que una acción
de $100.00 fue vendida en $292.00, además de haber
recibido por varios años, extraordinarios dividendos.
Con una
alta mortalidad y morbilidad entre la masa laboral y dirigentes,
debido a las fiebres amarilla y malaria, pulmonías,
disenterías, diarreas, tuberculosis, dispepsia y reumatismo,
además de los accidentes laborales, la Compañía
tenia que mantener altas erogaciones para controlar esta situación,
además de tratar de frenar el desbande de los trabajadores.
La excavación
verdadera del Canal se inició el 20 de enero de 1882,
más de un año después del famoso cablegrama
de Reclus a de Lesseps en enero de 1881, y dos años
posteriores a la famosa primera palada de la niña Fernanda
de Lesseps.
Se festinó
mucho igualmente con compras excesivas de equipos, algunas
veces disparatadas, como la adquisición de diez mil
palas para la nieve, aunque después se llegó
a comprobar que esto era una sola invención para desacreditar
a la Compañía, ya que la factura indicó
que fueron solo 100 y que se pudieron adaptar para recoger
cenizas.
Había grandes salarios y reduplicación de los
mismos, gastos excesivos en el confort habitacional de los
altos dirigentes y en sus medios de transporte por el ferrocarril,
derroche de fondos sin mucho control por todas partes.
Si todo
este desorden y falta de control, fuera poco y responsable
de llevar a la quiebra a cualquiera compañía,
en septiembre de 1882 se presentó un fuerte terremoto
que dañó severamente las instalaciones del canal,
los edificios, al ferrocarril, con un total de 5 muertos e
innumerables heridos, además de la destrucción
de viviendas y parte de la obra que se estaba realizando.
Además
del daño en vidas y en instalaciones que se podía
apreciar, existía el temor psicológico de los
inversionistas para apoyar la compra de las acciones, ya fueran
pasados o de los nuevos que se necesitaban para adquisición
de fondos frescos.
En 1885
sucedió la revolución liberal en Colombia, con
su reflejo en las actividades del Canal y el incendio de la
ciudad de Colón. Si bien es cierto, que no afectó
directamente a las obras, si las retrasó y muchos trabajadores,
ante este peligro, decidieron abandonar sus puestos de trabajo.
Al principio
el Conde de Lesseps pensó que solo su gran fama derivada
del éxito en la construcción del Canal de Suez,
era un talismán suficiente para que todo andará
sobre ruedas, sin embargo, posteriormente se convenció
que debía tener a una prensa incuestionablemente a
su favor y tuvo que invertir altas sumas de dinero, que no
se habían programado, en otorgar grandes sueldos a
muchos periodistas de esa época.
Había que mantener la fe del pueblo francés
y que no aparecieran estadísticas de enfermos y muertos,
de las grandes dificultades que se oponían a un rápido
progreso de la obra, y que los tres grandes enemigos (Río
Chagres, Corte de Culebra y las enfermedades), podían
ser conquistados.
Corrupción
en todos los ámbitos y en manejo del pago de las cuentas,
como por ejemplo, los barcos carboneros que al llegar al puerto
solo desembarcaban la mitad de la carga y cobraban por el
total, para regresar después y cobrar nuevamente. Esto
repetido un sinnúmero de veces, y en todos los niveles,
podría llevar a la ruina a la más sólida
empresa.
El tremendo
problema de los derrumbes en el Corte de Culebra, con toda
la secuela de enorme costos en su reparación, el tiempo
perdido y la sensación de impotencia y frustración
que se experimentaba ante la magnitud de los hechos, fueron
situaciones que marcaron un derrotismo sin paralelo en todos
los frentes.
Duplicaciones
y reduplicaciones de contratos para hacer el mismo trabajo
de excavación, llevaron muchas veces a formidables
enredos en el cumplimiento de las tareas encomendadas y a
una falla de los acuerdos firmados en relación al tiempo
necesario para efectuarlo, que de otra manera se pagaban íntegramente.
Los contratistas
dependían de la compañía que debía
proporcionarles la mano de obra humana y el equipo mecánico
necesario. Ellos solo estaban obligados a pagar el salario
de los trabajadores y una hospitalización de un franco
por día. Si faltaba equipo y hombres para continuar
con una obra, simplemente ese no era el problema de los contratistas,
pero no obstante, la obligación se continuaba pagando.
Para agosto
de 1885, la situación económica de la Compañía
reflejaba una continua baja en el precio de sus acciones y
ya para mayo de 1886, se tuvo que hablar de un proyecto de
venta de bonos que llevaban boletos numerados y que se debían
posteriormente sortear.
Una lotería
de bonos.
En abril
de 1888, finalmente se llegó a la aprobación
de dicho sorteo, por parte de la Cámara de Diputados
de Francia, llegándose a mencionar que este asentimiento
no fue espontáneo, sino el producto de muchos sobornos.
Es incuestionable
que se deben analizar varios otros aspectos en el desastre
y ruina de la Compagnie Universelle du Canal de Panamá,
hasta el momento del 4 de febrero de 1889, cuando fue oficialmente
liquidada.
Millones de franceses habían perdido, no solo todos
sus ahorros, sino algo peor, tenían ahora una gran
herida en su orgullo como nación, que no fue capaz
de realizar ese gran proyecto y les resultaba sumamente penoso
el aceptar la debacle que estaba apareciendo ante el mundo,
con la destrucción del gran sueño francés.
La formación
de la Nouvelle Compagnie du Canal de Panamá, que desde
sus inicios se sabía que no podría llevar a
cabo la terminación de las obras canaleras, no vino
a ser sino un intento por salvar, a través de negociaciones
y componendas,
parte de los fondos ya casi perdidos.
Así
su resultado final al vender en febrero de 1904, por la suma
de $40.000.000 de dólares, todos sus derechos y propiedades
al gobierno de los Estados Unidos de América, (incluyendo
al ferrocarril de Panamá que fue avaluado en $9.644.320.00
- recuerdese que la Compañía Universal del Canal,
había pagado en junio de 1881 por esta misma obra la
suma de $20.000.000-00 y obsérvese la cuantiosa pérdida
en esta sola operación financiera- fue salvar lo que
se pudiera de la catástrofe.
Los Estados
Unidos, con su capacidad y tecnología, convirtió
en realidad el sueño de unir los dos mares, al efectuarse
el cruce oficial del Canal de Panamá, por el vapor
Ancón, el día 15 de agosto de 1914, después
de diez largos años de constante lucha.
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