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PLAGA BUBÓNICA EN EL CANAL
La situación en los trabajos del Canal de Panamá,
para junio de 1908, todavía se encontraba en estado
caótico y de pánico.
Había empezado a mejorar algo, desde principios de
1907, por las medidas de control y saneamiento ambiental,
implantadas por Gorgas y su grupo, que se proyectaban como
muy exitosas.
En diversas ocasiones fueron aplicadas por medio de la fuerza,
debido a la oposición de varias familias, por considerarlas
como una invasión a su privacidad.
Posteriormente y en vista de los positivos resultados que
se observaron, se obtuvo una gran cooperación.
El 23 de diciembre de 1906, durante la autopsia de un paciente
fallecido de fiebre amarilla, Gorgas pronosticó, que
sería el último caso de la enfermedad en Panamá.
Las cifras estadísticas siempre demostraban que malaria
era mucho más predominante, pero la otra fiebre, por
su alta mortalidad, estaba envuelta con el manto del terror,
pánico y desmoralización.
Algo parecido sucedía con la plaga bubónica,
enfermedad que arrastraba un tétrico pasado, después
de haber casi destruido al mundo en la
Edad Media.
La noticia de un caso fatal ocurrido el 20 de junio de 1908
en el Hospital Ancón, fue mantenida en secreto, durante
un tiempo prudente, por Gorgas y su equipo de Sanidad.
Se deseaba primordialmente, organizar de forma inmediata,
las medidas de precaución, necesarias para el establecimiento
de cordones sanitarios en los lugares, posiblemente contaminados
por un barco proveniente de Guayaquil, Ecuador.
El muelle de la Boca ( después llamado Balboa ), fue
colocado dentro de un impenetrable aislamiento.
Cientos de trampas para ratas se pusieron por los desembarcaderos
y lugares adyacentes. En los barcos se colocaron en las sogas
de amarre al puerto, dispositivos especiales para evitar que
animales infectados subieran al interior de las embarcaciones.
En consecuencia, todos los buques provenientes de lugares,
supuestamente contaminados, se sometían a cuarentena,
además de fumigarse con azufre y mercurio.
De forma similar, se evitaba el transporte de alimentos que
se conocían como favoritos para las ratas, tales como
arroz, papas, granos en general, etc.
El 3 de julio de 1908, se conoció del fallecimiento
en el Hospital Ancón, de un ciudadano de Barbados,
estibador de barcos, que fue ingresado el 20 de junio, con
una sintomatología compatible con plaga bubónica,
que luego fue confirmado por medio de la autopsia.
Como medida de doble protección, el buque fue fumigado
una segunda vez, con un aumento en la concentración
de los químicos.
Se ofreció una compensación de $ 0.02 por cada
rata muerta que fuera entregada en el Departamento de Sanidad
de la Zona del Canal, recibiéndose un increíble
número de ellas, mayor que el más optimista
de los pronósticos.
La plaga es un padecimiento que estaba presente en varios
puertos de Sur América, primordialmente en Antofagasta,
Arica, Chiclayo, Guayaquil, y Paita, transmitida por medio
de ratas infectadas.
La incubación es de 6 a 7 días, o sea, el lapso
necesario para la aparición de síntomas. Barcos
que procedían de estos destinos, eran fumigados en
su lugar de origen, para luego, al llegar a puerto, recibir
un tratamiento similar.
Para 1908, en medio de los problemas de la construcción
del Canal de Panamá por los norteamericanos, cuando
apenas se había terminado con la fiebre amarilla, hubiera
sido un golpe muy devastador para la moral de la fuerza laboral
y el resto de los habitantes de la Zona, de presentarse una
epidemia de plaga bubónica.
Las rápidas y muy estrictas medidas sanitarias impuestas
desde los momentos iniciales, lo mismo que mantener en secreto,
por un corto tiempo, la divulgación de lo sucedido,
fueron pasos bien acertados.
Es muy fácil imaginarse el terror y espanto , en todos
los trabajadores , ante una noticia de tanta importancia y
suma trascendencia, pues las imágenes de la Edad Media
y la gran mortalidad que hubo en el mundo, eran aprensiones
que estaban muy latentes en la mente de todos.
De haberse producido una epidemia de plaga bubónica
en Panamá, las consecuencias sobre el éxito
de la construcción del Canal, podrían haber
sido impredecibles y muy devastadoras.
Otro galardón para el equipo de Sanidad del Canal,
tan científico y dedicado a sus labores.
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