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TABOGA EN LA HISTORIA DEL CANAL DE PANAMA
Desde la época francesa del Canal, la isla de
Taboga, inició una íntima relación con las obras de la
construcción de la monumental obra de ingeniería de los inicios
del siglo XX.
A pesar del pequeño esfuerzo en medicina
preventiva que desarrollaron los hijos de Francia, en cambio, se
desempeñaron muy bien en la fase curativa y recuperativa de las
enfermedades.
Dentro de la primera fase, construyeron dos soberbios
centros hospitalarios, uno en la ciudad de Colón, de 250 camas, y otro
en Panamá de 500 camas. Relacionado con el aspecto recuperativo,
levantaron un magnífico sanatorio para convalecientes, de 25 camas, en
una de las colinas de la isla con una espléndida vista hacia el mar.
El pueblo de Taboga, fundado alrededor de 1549 y con
una población de esclavos libertos por el Rey de España, quienes
en ningún momento llegaron a demostrar una seria dedicación por
el trabajo, ni aún referente al cultivo de la piña, que resultaba
de una magnífica calidad.
Historiadores se han preguntado en repetidas
ocasiones, porque los chinos que controlaban el negocio de víveres al
por menor en la isla y que sentían ran afición por hacer
jardines, no se interesaron en involucrarse en la Agricultura, con referencia a
un cultivo científico de la fruta.
La vida plácida y sedentaria de los Taboganos,
principalmente dedicados a la pesca, se transforma cuando se trata del aspecto
religioso, sobre todo cuando se trata de la Semana Santa.
La pequeña iglesia de la isla, localizada
frente a una plaza, tiene una torre cuadrada en su parte lateral, con un
campanario, y una estrecha escalera en forma de espiral, estrecha y tortuosa.
La Semana Santa se lleva a cabo con una profundidad y
creencia religiosa muy encomiables, participando todos los habitantes.
Taboga desde 1885 empezó a beneficiarse de los
beneficios económicos que se derivaban de la construcción del
canal francés, ya que desde inicios del año mencionado, se
construyó un Dispensario para Convalecientes, con una capacidad para 25
pacientes, en una colina con excelente vista hacia el mar.
Se menciona que una de los pacientes más
distinguidos fue el famoso pintor francés Paul Gaugain, quien estuvo por
varias semanas, recuperándose de una malaria. Después
prosiguió viaje a las islas del Pacífico Sur, donde llegó
a pintar muchas de sus mejores obras.
Durante la época de los norteamericanos se
adoptó esta idea y se ampliaron y modernizaron sus facilidades hasta
recibir 50 pacientes.
Los empleados tenían derecho a 42 días
de vacaciones pagas y a unos 30 días por enfermedad, y era seguro que
todos hacían lo imposible por conseguir certificados médicos para
esos días adicionales.
No se permitía a los trabajadores permanecer
en la Zona del Canal durante su período de descanso. Muchos se
dirigían a los Estados Unidos, aprovechando la favorable rebaja en los
pasajes de los barcos de $75.00 a $30.00).
Los nativos de las islas antillanas siempre se
dirigían a sus hogares en las vacaciones.
Para el resto era el sanatorio el lugar favorito
seleccionado, lo cual contribuía a un mayor capital circulante en la
isla.
Por supuesto que la pesca siempre ha sido la
industria favorita de estos habitantes, que se han visto bendecidos por la
abundante y pródiga naturaleza del mar.
Hacia 1913 había cercano a la isla un asilo
para leprosos, con unos 75 pacientes, la mayoría panameños y
algunos negros. Estos pacientes eran visitados por sus parientes, contribuyendo
también hacia el mejoramiento de la economía.
Estos leprosos, posteriormente fueron trasladados a
un moderno leprosorio, construido cerca de la entrada del Canal en el lado
Pacífico, en un lugar bien aislado, conocido como Palo Seco. Estas
instalaciones fueron inauguradas el 10 de abril de 1907 y con capacidad para 30
pacientes.
La isla de Taboga siempre fue lugar para recreo,
descanso y vacaciones por excelencia, sobre todo para los habitantes de la
ciudad de Panamá.
En los primeros años de la época
norteamericana, Taboga tuvo un buen hotel llamado White House, que
resultó muy concurrido en esos tiempos.
Hacia el final de los trabajos del Canal, el
Sanatorio fue transformado en un hotel llamado Aspinwall, administrado por el
Gobierno norteamericano y denominado así, en honor del Ingeniero W.H.
Aspinwall, destacado profesional que se había cubierto de gloria y fama,
durante la construcción del Ferrocarril de Panamá en 1855. El
gobierno de los Estados Unidos decide otorgar la administración del
Hotel a manos privadas, en las personas de James Malloy y su esposa Tilly,
(agosto de 1921) quienes hicieron de este lugar, el mejor hotel de
Panamá, con una gran afluencia de clientes, y así nuevamente,
aprovechó la isla este resurgimiento.
Por muchos años también existió
el Hotel Chú, propiedad por generaciones y administrada por la muy
trabajadora y honesta familia de ese nombre, siendo fuente de atracción
de turistas y visitantes a Taboga.
El gobierno panameño hacia la época de
1940, construyó y administró, el Hotel Nacional en la bella playa
de la Restinga, que todavía mantiene su Vigencia.
Taboga ha siempre conservado su aire colonial, con su
inalterable parque y las casas privadas que se han multiplicado, manteniendo
ese natural encanto que le imprime la isla a sus habitantes y visitantes.
El embrujo Tabogano envolvió al pirata Morgan
(más tarde Sir Henry Morgan), mientras trajo sus bucaneros y galeones a
un descanso en la isla, pero mientas se dedicaron a tomarse todo el vino del
lugar, nunca pensó en saquearla ni hacerle daño a sus habitantes.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la siempre
tranquila Taboga, tuvo una base militar del ejército de los Estados
Unidos, localizada en la cima del Cerro de la Cruz, que representó un
gran impulso económico, por el número de soldados y oficiales
estacionados allí.
Taboga, isla de las flores, como cantara el gran
compositor panameño Ricardo Fábrega, ha pasado los siglos oyendo
el murmullo tranquilo de las olas que vienen y van, imitada siempre por la
tranquila pasividad de sus habitantes y floreados alrededores, que induce a
desear una larga permanencia en esas privilegiadas tierras.
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