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LOS CUATRO VIAJES DE LA ESTATUA DE CRISTÓBAL
COLÓN
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La emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo,
decidió hacer un regalo al pueblo istmeño, a través de su
amigo el expresidente de Colombia, el general Cipriano Mosquera, de una estatua
a tamaño natural del descubridor de América, el almirante
Cristóbal Colón.
A tal efecto, se confeccionó en bronce un
bello monumento donde aparecía el Gran Almirante, con su mano derecha
extendida y señalando hacia el mar. Con su otro brazo sostenía
por la cintura a una joven y bella india, simbolizando a la América.
La figura fue embarcada desde Europa a comienzos del
mes de abril de 1870, (primer viaje), acompañada por el comisionado
especial de la Emperatriz, el Capitán de Navío Monsieur E.
Ferres, para hacer la entrega oficial de la misma. El 29 de dicho mes, llega a
la ciudad de Colón en el barco L'Emperatrice Eugenie.
El congreso de Colombia expidió un decreto el
7 de junio de 1870, donde establecía el sitio para colocar dicho
monumento, escogiendo el patio del ferrocarril de Panamá. La respectiva
ceremonia se llevó a cabo el 1 de mayo de 1870, con un elaborado
programa, cursando invitaciones para la inauguración del monumento, al
cuerpo consular y a destacadas personalidades del Istmo.
Ante una inmensa concurrencia en el patio del
Ferrocarril de Panamá, el enviado especial de la Emperatriz, leyó
un discurso donde manifestó: "permitidme señor, antes de
concluir, manifestar la viva satisfacción que siento por haber sido
encargado de una misión tan grata como honrosa para mí, pues que
me proporciona conocer esta ciudad que aunque naciente, es ya célebre, y
sus habitantes así como los dignos magistrados que rigen sus destinos".
Habló después el General Buenaventura
Correoso y expresó "Ni es de extrañarse que la mano de la
Emperatriz de los franceses haya llevado su cortesanía hasta obsequiar a
Colombia con el más digno monumento que estimarse puede en este Nuevo
Mundo. Llena ella de nobles sentimientos e inspirada siempre por los más
sacrosantos deseos, ha querido traer aquendo estos lados, el reconocimiento y
la gratitud que sus numerosos actos de beneficencia han engendrado en todo
aquel antiguo y civilizado mundo".
Terminó su elocuente discurso expresando "En
fin, Señor, decid a Vuestra virtuosa Soberana, que doy las gracias a
nombre de mi Gobierno y que el monumento que se levanta a la memoria de
Colón será el altar donde todos imploremos por la felicidad de
ella y el buen nombre de Francia".
Durante los próximos diez años, el
descubridor del nuevo continente y la aborigen, estuvieron tranquilos,
observando calladamente el ir y venir de los trenes y pasajeros que marcaban
importantes hechos en la historia política y comercial del istmo
panameño.
Con el arribo de la Compagnie Universel du Canal
Interoceanique para hacerse cargo de la construcción del Canal, el Conde
de Lesseps, en una visita a Colón en diciembre de 1879, encontró
que la estatua estaba en un estado deplorable y pidió permiso para
trasladarla a la entrada de un nuevo barrio, que posteriormente se
llamaría Cristóbal. Allí fue colocada frente a la casa que
le sirvió como residencia durante su muy corta estadía en esa
ciudad. (segundo viaje).
En junio de 1904, al celebrarse un convenio con el
fin de establecer los límites entre la Zona del Canal y la
República de Panamá, dentro del marco de los tratados Hay-Buneau
Varilla, la estatua de Colón, ya situada en el área de
Cristóbal, quedaba bajo la jurisdicción norteamericana.
Debido a esta cuestión puramente accidental de
tipo geográfico, se da inicio desde ese momento, por las autoridades
panameñas, a un dilatado proceso de negociaciones diplomáticas
con el objeto de traerla hacia territorio panameño, pero en todo momento
la Comisión del Canal de Panamá, apoyada por el Departamento de
Estado en Washington, mantenía la tesis que dentro de esos
límites se incluían todos los bienes allí presentes (la
estatua, por ejemplo), mientras que Panamá adversaba totalmente esa
posición.
Como el conflicto diplomático
languidecía en un plano insoluble y el tiempo transcurría, el
gobierno americano sugirió que se ubicase en la línea divisoria
limítrofe, tratando de llegar a un arreglo amistoso, proposición
que no fue aprobada por Panamá.
En el barrio de Cristóbal, el monumento se
quedó hasta enero de 1916, cuando el gobierno panameño
aceptó, como un paso provisional, que fuese colocada en el patio del
Hotel Washington (tercer viaje), donde por largos años engalanó
la belleza arquitectónica del renombrado centro hotelero.
La llegada a Panamá de Roy Tasco Davis, como
Ministro de los Estados Unidos ante nuestro país, vino a significar un
importante punto en esta lucha, ya que el distinguido diplomático,
tomó un especial interés en la finalización de la
controversia y tras diversos arreglos en Washington, pudo enviar una nota el 31
de mayo de 1930 al Secretario de Relaciones Exteriores de Panamá, Dr.
Juan Demóstenes Arosemena, donde expresaba: "desde luego que parece ser
dicho monumento propiedad de Panamá, el Gobierno de los Estados Unidos,
conviene en su inmediata remoción del sitio en que se encuentra y su
traslado a cualquier punto que sea satisfactorio para el Gobierno de Vuestra
Excelencia".
Terminada satisfactoriamente esta situación,
se decidió transportar la estatua (cuarto viaje)hacia una sección
del paseo Centenario, entre las calles 2 y 3 de la ciudad de Colón,
sobre un bellísimo pedestal diseñado por el ingeniero Genaro
Ruggieri, muy conocido en Panamá, por haber construído muchas
obras de importancia (Teatro Nacional, Palacio de Gobierno, Palacio Municipal,
etc.).
La inauguración oficial se llevó a cabo
el 21 de diciembre de 1930, con la asistencia de distinguida concurrencia que
acompañó al presidente de la república, el ingeniero
Florencio Harmodio Arosemena, al señor Carlos M. Guevara, presidente de
la Asamblea Nacional y al Dr. Manuel Herrera G., presidente de la Corta Suprema
de Justicia, a develar la hermosa obra de arte, al tirar en forma
simultánea de tres cuerdas.
Colón, con su frente hacia adelante y quilla
al mar, sorteó todos los obstáculos y producto de su buena
voluntad, llegó a coronar con un triunfo su aventurado primer viaje, en
nombre de Castilla y de León.
Nada más justo que ese reconocimiento que
efectuó la Emperatriz Eugenia, al regalar la bella estatua del
Descubridor.
Igualmente justa la decisión del gobierno
colombiano de esa época, designando con el nombre del genovés, a
la ciudad que fuera la custodio de tan importante obsequio.
Curiosidades de la historia: Cuatro viajes hizo el
Almirante Colón hacia las tierras del Nuevo Mundo y su estatua
igualmente realizó tal número de movimientos.
Parece finalmente que el Paseo Juan Demóstenes
Arosemena (antes Centenario ) será el final de tan largo peregrinaje,
pues ya tiene el monumento 62 años de no ser movido a ningún otro
lado.
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