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LA MANO DE OBRA CHINA
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A partir de mayo de 1904, cuando los norteamericanos
se encargaron de la construcción del Canal de Panamá, se
pensó que la inventiva y genio de ese pueblo determinarían un
éxito de inmediato. Sin embargo, casi dos años después, la
situación se presentaba en un estado caótico, muy próximo
a convertirse en una tremenda derrota.
Recién nombrado Ingeniero Jefe, John Stevens
comprendió muy bien la idea de Gorgas: Sanear primero, excavar
después y le dio su total apoyo, contra la opinión y gestiones de
varios grupos influyentes.
Aunque los casos de fiebre amarilla
disminuían, la malaria, pulmonía, tuberculosis y la
disentería, seguían diezmando a la fuerza laboral, especialmente
a los negros de Barbados.
Para diciembre de 1905 la terrible fiebre amarilla
había sido totalmente erradicada de Panamá, un hecho que
decididamente tuvo un marcado efecto psicológico en todo el mundo.
El presidente Theodore Roosevelt se podía
sentir muy complacido pues tomó la decisión correcta, ya que le
tocaba la última palabra para no reemplazar a Gorgas.
El ímpetu de la construcción se
aceleró muchísimo y en forma paralela el número de
trabajadores, que se estimó en 24,000 para fines de 1906.
De este gran total, donde se encontraban
representados casi todos los países del mundo, los negros de Barbados
formaban una gran mayoría y no los oriundos de Jamaica como popularmente
se estima, ya que el gobierno de ese país, después del colapso
francés, estableció un impuesto para todo trabajador que viniese
al canal de Panamá.
Sin embargo, como el rendimiento de esta fuerza
laboral era relativamente bajo, las deserciones eran muy elevadas, el Ingeniero
Jefe Stevens pensó en la contratación de chinos, ya que
había tenido muy buena experiencia con ellos, en los trabajos de
construcción de un ferrocarril en el Noroeste de los Estados Unidos.
Como se trataba de una urgencia, inmediatamente se
publicaron en los periódicos anuncios en agosto de 1906 donde se
planteaban las respectivas solicitudes.
Para comenzar una compañía
ofreció 2500 chinos y de acuerdo a su rendimiento, llegar hasta 25000
trabajadores.
La Comisión del Canal sabía de varias
personas que se mostraban interesadas en obtener ese contrato, sin embargo, al
momento de la licitación, sólo cuatro proponentes se presentaron.
Uno de ellos ofreció contratar trabajadores no
calificados a diez centavos por hora, otro a 12 1/2 y otro a 13. La cuarta
propuesta fue más elaborada, ofreciendo a 11 centavos por hora los
primeros 2500, reduciéndose parcialmente por cada millar adicional hasta
llegar a un total de 11000. Luego se rebajaría a 9 centavos por hora
hasta totalizar los 15000.
Esta comercialización de seres humanos
levantó una tremenda ola de protesta en Estados Unidos, Panamá y
China. Aparte de los aspectos morales que presentaba una contratación de
este tipo, se mencionó también el severo aspecto
climatológico sobre un gran número de extranjeros que
vendrían a Panamá, totalmente faltos de una preparación
física y con hábitos de vida muy diferentes a los de esta
región, que sólo llevaría a resultados desastrosos.
Cuando se piensa en transplantar a grandes masas de
hombres de un país situado a miles de millas, con alimentación
muy diferente y a sufrir los rigores de la alta humedad relativa y el sofocante
calor imperante, solo se puede estar invitando a grandes problemas.
La mortalidad y morbilidad se consideraba que
serían muy altas y el factor económico que pagar, sería
mucho más alto que cualquier ahorro producido en los bajos salarios que
se pagarían por hora de trabajo.
Una población extranjera que llegara
contratada para laborar en el Canal y a la cual se ofreciera unos sueldos
más bajos en comparación con otros grupos, sólo
podría fomentar resentimientos y posibilidades de conflictos internos.
Los chinos que por lo general se dedican a labores de
jardinería, lavandería o comercio al por menor, muy pronto
estarían abandonando estos pagos de 9 centavos por hora, donde
tendrían que rendir al máximo de su capacidad física.
Se presagiaban deserciones en masa y se visualizaba a
la policía en un nuevo rol de pesquisar por toda la república, a
los numerosos chinos que abandonar con los contratos establecidos.
También se planteaba el problema legal de
prohibiciones, tanto en Estados Unidos como en Panamá, a la
inmigración de nacionales de China.
El mismo gobierno de China, veía con malos
ojos, cualquier ciudadano que viniera a trabajar a Panamá, pues este
nombre, les recordaba los casos de suicidios masivos de chinos durante la
construcción del ferrocarril en 1856. Siempre se atribuyó a un
factor emocional depresivo que los impulsó a tomar esta decisión
en la población de Matachín a orillas del canal. El nombre es
puramente coincidental, pues ya existía antes del suicidio y no se
derivó posterior al hecho ocurrido.
Además de estos argumentos, los propios chinos
ya residentes en Panamá le enviaron un cable al gobierno imperial donde
consignaban una airada protesta contra la posibilidad del viaje de estos
trabajadores al Istmo de Panamá. Informaban de las pobres condiciones de
trabajo que existían en el Canal que impondrían una muerte segura
en estas playas. Temían más que nada a la posible competencia de
sus coterráneos en el aspecto comercial y que ellos dominaban en
Panamá, Colón, David y Bocas del Toro.
Una muy sólida opinión en contra del
proyecto, fue emitida también por el Gobernador de la Zona, Charles E.
Magoon al referirse al acto de las excavaciones, ya que él opinaba que
los chinos no servirían para estas labores, por sus pobres condiciones
físicas y además por su natural tendencia a nunca permanecer en
el trabajo más allá de tener suficiente dinero ahorrado, para
establecer un pequeño negocio como puente para convertirse en grandes
comerciantes.
Stevens ante la montaña de evidencias en su
contra, tuvo que abandonar la idea de contratar a chinos para trabajar en
Panamá. No podía comprender el gran problema que se había
levantado en varias partes al mismo tiempo, cuando él estaba convencido
de la superioridad de los orientales en el trabajo.
Stevens, a quien muchos consideran el héroe
olvidado del Canal de Panamá, no pudo conseguir esta mano de obra que
necesitaba a gritos y todos los esfuerzos volvieron a dirigirse hacia Barbados,
Guadalupe, Martinique y Jamaica.
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