| LA COMPAÑÍA
DE OPERA BRACALE EN EL TEATRO NACIONAL (NOV. 1927)
La actividad artística en Panamá se venía
desarrollando con mucho éxito desde los albores de
la independencia. Solo basta recordar la inauguración
del espléndido Teatro Nacional el 22 de octubre de
1908, que realizara la Compañía de Opera Lombardi,
de gran prestigio internacional, con la obra AIDA del genial
compositor italiano Guiseppe Verdi. .
Cabe anotar en estos momentos, que el Teatro Nacional fue
usado por primera vez el 1 de octubre de 1908, para la toma
de posesión del segundo presidente constitucional de
Panamá, el Dr. José Domingo de Obaldía.
Por su posición geográfica, nuestra nación
se vio favorecida en la presentación de diversos espectáculos,
que eran privativos para otras naciones pequeñas por
los altos precios que se debían pagar.
En este sentido, la República panameña tuvo
dos factores de importancia en la promoción de estos
actos. Primero se trató del Ferrocarril de Panamá
y luego del Canal, que permitían a diferentes compañías
artísticas actuar en nuestra capital y después
proseguir su viaje hacia otros destinos. En consecuencia,
éramos los beneficiarios de conciertos, óperas,
recitales de música y poesía, dramas y danzas,
que de otra forma, no se podrían haber cubierto sus
gastos.
De esta forma, la Compañía de Opera Bracali,
de alto renombre mundial vino al Teatro Nacional para presentar
una serie de espectáculos, en un ambiente cultural
que se encontraba ávido de muchas esperanzas por observar
a artistas de tan reconocida clase.
El 18 de noviembre de 1927 presentan la ópera MADAME
BUTTERFLY de Puccini, ante un lleno absoluto y con personas
de pié por no conseguir los boletos necesarios.
La historia del teniente Pinkerton de la Marina de los Estados
Unidos y sus amores con la japonecita Cho Cho San, es un tema
muy conocido y famoso en el mundo entero.
El tenor Hipólito Lazaro se desempeñó
con gran éxito en el rol principal, demostrando una
gran habilidad en la parte escénica, ya que su voz
sobrepasaba todo elemento de elogio.
Loretta Balducci, le dio vida al papel de Cho Cho San, con
su bello registro de soprano lírica.
Esta ópera se repitió una vez más, pero
en esta ocasión Guido Volpi realizó el papel
del teniente Pinkerton, igualmente señalando grandes
habilidades en el bel canto.
La parte de Sharpless, fue encargada a Luigi Dimitri y su
voz de barítono, fue recibida en muchas ocasiones con
ovaciones.
Tina Marucci tuvo la parte de Suzuki que se destacó
en el bellísimo dueto del segundo acto con Cho Cho
San, arrancando muy nutridos aplausos de la concurrencia y
varias solicitudes de encore.
Al día siguiente la compañía puso en
escena la ópera AIDA de Verdi y nuevamente ante un
teatro totalmente lleno.
Nadia Svilanova tuvo el rol de Aida, la bella hija del rey
Amonastro de Etiopía, que había sido capturada
por los egipcios y retenida como esclava en la corte de Memphis,
donde se enamora del soldado Radames.
El tenor Lazaro tuvo a su cargo este papel, que lo desempeñó
con un extraordinario éxito.
La TRAVIATA de Verdi fue la siguiente presentación,
como reemplazo de la programada EL BARBERO DE SEVILLA, debido
a la repentina enfermedad de la soprano Elena Chembirini.
Loretta Balducci volvió a destacarse como Violetta,
en donde hace patente su actuación como la sacrificada
muchacha que pretende regresar a su vida anterior en las calles,
para que su amado Alfred pueda acceder a los deseos de su
padre y casarse con la escogida.
Guido Volpi interpretó este papel y fue largamente
aplaudido.
Luigi Borgonoco, como el padre de la novia, fue muy destacado
y alabado por sus magníficas dotes de barítono.
La obra, una adaptación de "LA DAMA DE LAS CAMELIAS"
de Dumas, tuvo toda la inspiración de Verdi para hacer
bien completa la trama romántica de la novela.
El Maestro Oscar Leone dirigió la orquesta y recibió
muchos aplausos a la conclusión de la velada.
La temporada de la Compañía Bracale, se clausuró
en la ciudad capital con la ópera TOSCA, donde otra
vez las cualidades extraordinarias del tenor Hipólito
Lazaro brillaron y cerraron así una temporada en la
ciudad capital, que tuvo un enorme respaldo del público.
Posteriormente decidieron marchar a Colón y presentar
en el Teatro América, dos espectáculos con las
obras AIDA Y TOSCA. La sorpresa general fue el gran apoyo
que brindó el público de esa ciudad al bel canto,
a pesar de encontrarse por esa época dando funciones,
el reconocido circo Dunbar, que atraía, todas las noches,
a gran parte de los habitantes.
En Panamá, la Compañía Bracale, también
tuvo en su contra, unas presentaciones de un conjunto español
de flamenco que estaba actuando en el Teatro Metropole, con
muchísimo éxito, especialmente debido a la gran
calidad de la estrella principal, Granito de Sol. Sin embargo,
como ya se mencionó el culto público de la capital,
demostró su gran inclinación hacia estos eventos
operáticos.
Es curioso observar, como en 1927, con la población
existente en esa época, el público sabía
aprovechar y respaldar con su asistencia al ofrecimiento de
espectáculos de alta categoría y permitir que
compañías internacionales como la Bracale, llevara
en su historial, presentaciones exitosas en nuestro suelo.
Resulta también irónico observar como en los
principios de nuestra vida republicana, el Estado se preocupó
tanto por la Cultura y las Bellas Artes, dando como principal
ejemplo la construcción del Teatro Nacional, el Palacio
de Gobierno, de Relaciones Exteriores y el Municipal, para
luego decaer en este tipo de ayudas.
Panamá y la Zona del Canal siempre ofrecieron un buen
mercado para las presentaciones de tipo cultural que se pusieron
en escena durante los primeros 25 años de nuestra independencia.
La inquietud por la cultura marcó un punto firme en
la colectividad de esos tiempos, contando con un gran respaldo
por parte de los diferentes gobiernos.
La Compañía de Opera Bracale demostró,
una vez más, la gran avidez de los ciudadanos por todas
las manifestaciones de la cultura y dejó muy buenos
recuerdos a su paso por esta nación.
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